La fantasía del arte Por Antonio Pardines Frente a la pared en blanco se empieza a dibujar una figura que no logro reconocer. Alguien invisible está pintando, pero sus líneas nada me dicen. ¿Qué sucede? Hay desconexión entre el sujeto activo (el pintor invisible) y el paciente (el observador). Así, tras un instante de silencio para contemplar el resultado, me digo que cae de cajón que el gusto no obedece al arte ni al espectáculo, ni a quienes pretenden crearlo e imponerlo o vender un show que de artístico solo tenga la presunción. Cualquier gusto, más o menos refinado y educado, responde a la sensibilidad, a la educación artística y a la interpretación subjetiva que el consumidor posea y se haga de lo artístico, o de la escenificación que observa. Lo dicho es una de las ideas más obvias sobre la reacción de cualquier individuo frente a la obra en cuestión. Y que una mano invisible pinte un muro no es tan extraño, si uno tiene en cuenta que nunca ve las distintas fases de la creación, ...