El cortometraje es un espléndido campo para el aprendizaje de Agnès Varda (y de cualquier otro cineasta). Aunque ya había realizado su primer largometraje, los tres cortos realizados entre La Pointe Courte (1954) y Cleo de 5 à 7 (1961) le permiten sintetizar, experimentar y expresarse con la imagen y la palabra. Nacida de un encargo de la Oficina Nacional de Turismo, Oh estaciones, oh castillos (Ô saisons, Ô châteaux, 1957), su segunda película, realizada después de regresar de China e inicialmente sin estar convencida, es un buen ejemplo de su original personalidad audiovisual. En ella, Varda emplea el color y la voz de una narradora (Danièle Delorme) por primera vez en la pantalla. También es su primer documental —aunque parte de su ópera prima ya lo sea—, género cinematográfico que es un mundo en sí mismo y que, desde ese momento, formaría parte de su vida profesional. Su experiencia como fotógrafa y su intuición cinematográfica, demostrada con creces en La Pointe Courte , se com...