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Mostrando las entradas etiquetadas como agnès varda

Oh estaciones, Oh castillos (1957)

El cortometraje es un espléndido campo para el aprendizaje de Agnès Varda (y de cualquier otro cineasta). Aunque ya había realizado su primer largometraje, los tres cortos realizados entre La Pointe Courte (1954) y Cleo de 5 à 7 (1961) le permiten sintetizar, experimentar y expresarse con la imagen y la palabra. Nacida de un encargo de la Oficina Nacional de Turismo, Oh estaciones, oh castillos (Ô saisons, Ô châteaux, 1957), su segunda película, realizada después de regresar de China e inicialmente sin estar convencida, es un buen ejemplo de su original personalidad audiovisual. En ella, Varda emplea el color y la voz de una narradora (Danièle Delorme) por primera vez en la pantalla. También es su primer documental —aunque parte de su ópera prima ya lo sea—, género cinematográfico que es un mundo en sí mismo y que, desde ese momento, formaría parte de su vida profesional. Su experiencia como fotógrafa y su intuición cinematográfica, demostrada con creces en La Pointe Courte , se com...

Las playas de Agnès (2008)

Es un documental autobiográfico, pero es más que eso; Agnès Varda lo deja claro en la presentación de su film, cuando juega con los espejos en la playa belga de su infancia. Agnès pasea sobre la arena y nos dice, antes de mostrar en ese arenal parte de su desbordante inventiva visual, que representa <<el papel de una ancianita, gorda y habladora, que cuenta su vida. Y sin embargo son los otros a quien quiero filmar. Los otros, que me intrigan, me motivan, me hacen cuestionarme, me desconciertan, me apasionan. Ahora, por hablar de mí, pensaba: si se abriera a la gente, se encontrarían paisajes. Si se me abriera a mí, se encontrarían playas>>. Esas playas reales y simbólicas son retratadas en Las playas de Agnès ( Las plages de Agnès , 2008), son los espacios vitales, geográficos, íntimos y profesionales de una mujer que nunca dejó de ser fotógrafa, ni de mirar el mundo con ojos sorprendidos, ni de ser retratista de personas y de sí misma. Sin duda, fue una artista diferen...

Una canta, otra no (1976)

La vida no es maravillosa, ni bella, ni horrible, ni justa ni injusta. Es vida, así de sencillo. Si lo dudan, vayan y pregúntenle a una rana, a una cucaracha o a un roble, y verán que viven y que no adjetivan sus respuestas, ni dicen que la vida es tal o cual... Su existencia es un instante más o menos efímero según el caso, condicionado por sus naturalezas vivas y por las condiciones del medio con el que se comunican y en el que son. Todo lo demás, no deja de ser circunstancias y estímulos de los momentos en los que se es. Pero si le preguntan a humanos, es probable que acompañen “vida” con adjetivos que dependerán de la percepción de quién y cómo los experimente, los disfrute o los sufra en tiempos determinados y a partir de condiciones e impresiones de vida. De modo que de poco vale la cantinela la vida es bella, si alguien no la siente bella, o tampoco sirve “es un infierno” para alguien que no sufra miseria, dolor, esclavitud, rechazo... La vida, como vida, está desnuda y desprovi...

Le Bonheur (1964)

La felicidad permanente, sin altibajos, es una mezcla de autoengaño y engaño, de dormir sin miedo al desvelo, sin conflicto, sin pesadillas, sin reconocer las diversas mentiras que sostienen la ilusión de que la dicha permanecerá inalterable, infinita. Los girasoles viven felices en su fugaz comunión con la luz y sol. Sea real o figurada, hay felicidad en ellos. Posiblemente,  Van Gogh  la sentía cuando pintó los suyos en Arlés. Fue su época de amarillos, verdes, rojos vivos, del colorido que Agnès Varda  hace suyo y prioriza en las ropas, en los objetos o en los fundidos de Le Bonheur (1964). La fotografía de su primer largometraje en color, de influencias impresionistas, desprende vitalidad estival y luminosa. La capta en campos y flores que contagian su plenitud a un matrimonio que...

Caras y lugares (2017)

En el cine, en su intimidad, hay dos miradas: la de quien filma y la de quien interpreta lo filmado. Ambas presentan variantes, según quién, qué y cómo mire. La mirada cinematográfica de  Agnès Varda  se reconoce al instante, no trata de imponerse ni se queda en la superficie de lo contemplado. Busca, e intenta encontrar y encontrarse. Como consecuencia, sus películas son humanas y curiosas, cuestionan y cobran forma de experiencias, ella las llamó propuestas, más que de documentos o ficciones cinematográficas. En el cine de Varda no hay artificio, no lo contempla como una posibilidad, como tampoco abraza los juicios absolutos, sino que recoge las posibilidades que se abren ante su cámara. Son las formas vistas por una cineasta honesta que mira, recuerda, descubre, capta, refleja e invita a mirar y a interpretar lo obse...

Sin techo ni ley (1985)

En un mismo espacio geográfico y temporal pueden coincidir y coexistir varios mundos: los desconocidos o ignorados, los adaptados y acomodados, los fantaseados o los supuestos, el de bienestar de unos y el de estar de otros, pero también existe el a contracorriente que Agnès Varda apunta en Sin techo ni ley ( Sans toit ni loi , 1985). Este avanza contrario a otras realidades humanas que la cineasta descubre durante el errar de Mona ( Sandrine Bonnaire ). Son situaciones y vidas que distan del vagabundeo que  Varda observa con su cámara, el cual introduce después de descubrir el cadáver de la joven protagonista en una zanja cualquiera de un lugar sin ubicar, más allá de que se trata de una zona rural francesa. Nada se sabe de Mona, salvo que ha muerto de causas naturales, posiblemente como consecuencia del frío al que estuvo expuesta. Los primeros minutos de Sin techo ni ley tra...

Los espigadores y la espigadora (2000)

El adjetivo cinéfilo es una etiqueta más entre tantas que generalizan. Nada me dice, salvo que facilita una referencia, la de ser aficionado al cine, pero tiende a limitar y a homogeneizar en un solo término diferentes gustos, sensibilidades y conocimientos cinematográficos. Tampoco tengo muy claro el por qué de la necesidad de encontrar palabras que reduzcan o engloben diversidad de motivos, razones, gustos, estados de ánimo o de cualquier otra cuestión no apta para su etiquetado. Solo sé que siento indiferencia por el término y, por tanto, lo dejo para quienes gusten o disgusten de él. Me considero alguien que, entre otras actividades, ve películas y comenta las que le interesan. Escribo sobre ellas, igual que puedo hacerlo sobre un libro, sobre mi entorno o sobre un personaje inventado. Hablo de lo que interpreto, de lo que intuyo, y, como cantaron Paul Anka , Elvis o Sinatra , lo hago a mi manera, aunque en ocasiones busco ayuda en las palabras de los autores y de sus personaje...

Cleo de 5 a 7 (1961)

Mi simpatía hacia  Agnès Varda  es tanto por la cineasta cuya obra estimo como por la persona que tomó las riendas de su vida en su adolescencia, una mujer que superó trabas, se convirtió en una excelente fotógrafa y posteriormente en la aventurera cinematográfica que, sin apenas conocimientos del medio, tuvo la osadía de asumir la independencia creativa que ya nunca abandonaría. Así pues, el debut de Varda  en la realización no parece filmado por una directora inexperta, que no había tenido contacto con el celuloide, sino por alguien consciente de dar un paso adelante, hacia lo desconocido, en su mezcla de documental y ficción; sin embargo la espléndida  La Pointe Courte (1954) pasó desapercibida. Pocos comprendieron la innovación, la independencia y la ruptura propuesta por una debutante cuya inexperiencia cinematográfica no fue un lastre, más bien fue un acierto lleno de la frescura y la novedad de una entusiasta precursora de la nueva ola francesa. Pero tuvie...

Las películas de mi vida (2016)

Documento y ejercicio nostálgico sobre el cine francés sonoro, sobre aquellas películas y protagonistas que llamaron su atención, Las películas de mi vida ( Voyage à travers le cinéma français , 2016) nos propone un recorrido cinematográfico desde la mirada de un enamorado del cine, de un creador de grandes películas y de un cinéfilo al tiempo entusiasta y reflexivo. Los tres son uno y ese uno es Bertrand Tavernier , que a lo largo de ciento noventa minutos nos invita a acompañarlo en su viaje por sus recuerdos cinematográficos. Para quien esté familiarizado con el realismo poético, con el cine francés de posguerra, con el polar y con la nouvelle vague no le sorprenderán los nombres de los directores, actrices, actores, compositores, guionistas o directores artísticos aludidos por el cineasta nacido en Lyon, pero sí les posibilitará recuperar instantes de títulos imprescindibles y detenerse en aspectos que quizá hayan pasado por alto o quizá no. Para quien ignore los grandes films q...

La Pointe Courte (1954)

<<El cine viene de la vida y es por eso por lo que todo mi cine viene de mi vida como mujer, pero también como ciudadana, como madre o abuela. Todo lo que está en la vida se puede transformar y más en este mundo que es un caos y un horror. Yo no busco éxitos comerciales, ni dinero con mi cine, lo que quiero crear como artista son vínculos y sentimientos de fraternidad y ternura entre la gente>> Agnès Varda  (1) La evolución cinematográfica llevada a cabo por los miembros de la Nouvelle Vague no fue un proceso espontáneo, ni único en su momento. Fue fruto de ideas y de necesidades personales y cinematográficas, entre estas la de renovar un cine que quizá se repetía y necesitase nuevos bríos y vías de desarrollo apenas transitadas. Pero antes de producirse lo que no supuso una revolución, pero sí un cambio de rumbo, y de que los  Chabrol , Rohmer , Truffaut o Godard realizasen su primera película, ya existían signos de transformación y realizadores diferentes —d...