Desde sus inicios en la dirección, Josep Maria Forn mostró una intención creativa que lo distanciaba del gusto oficial. Esto era atípico, que no exclusivo, y salirse de la norma solía conllevar más de un encontronazo con la censura, como descubriría en más de una ocasión. Su intención de ir por libre se observa en su transitar por el cine negro — Muerte al amanecer (1959), ¿Pena de muerte? (1961) y Los culpables (1962)—, pero su obra más personal y, en la actualidad, la más reconocida es La piel quemada (1966), retrato de la inmigración y de las diferencias económicas y sociales de la España del desarrollismo; una España dividida en dos: la desarrollada y la subdesarrollada. El tema de la inmigración había sido uno de los ejes de Surcos ( José Antonio Nieves Conde , 1951), aunque el realismo de Nieves Conde obedece más a una cuestión estética, que recoge influencias del neorrealismo , que a la necesidad ética de Forn de confrontar las dos realidades socio-económica...