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Mostrando las entradas etiquetadas como tommy lee jones

Las cosas que nunca mueren (1991)

¿Qué cosas que importan? Por Antonio Pardines Debido a problemas económicos de la productora Orion Pictures, la que sería la última película dirigida por el británico Tony Richardson, Las cosas que nunca mueren ( Blue Sky , 1991), se estrenaría con tres años de retraso respecto a su rodaje. Finalmente, pudo proyectarse en las salas comerciales en 1994 y esto supuso que su protagonista femenina, Jessica Lange, fuese premiada con el Oscar a la mejor actriz del año, cuando, en realidad, lo habría sido de tres atrás. Pero aun dejándonos llevar por el engaño del tiempo, que siempre juega con nuestra percepción e ilusiones, y a veces en complicidad de la cirugía estética y de las empresas cosméticas, si lo fue o no, ya saben cómo son los premios, incapaces de una valoración real que establezca mejores y peores. Pero hablando de realidad, la interpretación de Lange clava a una mujer que sueña con las estrellas, no en plan Tycho, Copérnico o Galileo, sino en plan consumidora voraz del star sy...

El cliente (1994)

El ámbito legal que asoma en las películas basadas en novelas de John Grisham se encuentra repleto de zonas oscuras, de turbiedad, de sombras, sin cabida para la justicia y la verdad que solo triunfan gracias a sus héroes y heroínas. Allí, en esa opacidad, se impone la manipulación y la mentira, el dinero, los intereses ocultos… Forman parte del paisaje que Grisham emplea en sus superventas , que toman como excusa la abogacía o los tribunales para introducir héroes y heroínas, intrigas sin excesivo trasfondo y cuentos infantiles como este en el que Mark (Brad Renfro), un niño de once años, inicialmente asustado y enfadado, siempre inteligente y marginal, es el héroe de una función en la que Reggie Love (Susan Sarandon), dama andante, ex alcohólica, generosa y de recursos, le ayuda desinteresadamente en su lucha contra los gigantes que lo amenazan tras ser testigo del suicidio de un abogado de la mafia. En el cine basado en las novelas de Grisham se enfrentan David y Goliat —Tom Cruise ...

El fugitivo (1993)

Primero la televisión bebió del cine y después este lo hizo de aquella, cuando acudió a las series para inspirarse y jugar (lo que las productoras suponían) una apuesta segura, al menos a priori, puesto que se trataba de adaptar seriales cuya popularidad atrajera a las salas a su público, a menudo nostálgico —y el de la nostalgia es un buen negocio—, y a otro tipo de espectadores. Valgan de ejemplo  Star Trek (Robert Wise, 1979), La familia Addams ( The Addams Family , Barry Sonnenfeld, 1991), Maverick (Richard Donner, 1994), Misión imposible ( Mission Imposible , Brian de Palma, 1996), Corrupción en Miami ( Miami Vice , Michael Mann, 2006) o El equipo A ( The A-Team , Joe Carnahan, 2010). Salvo excepciones, los resultados no deparan películas que se alejen de la mediocridad imperante en los medios de expresión más populares: cine, cómic, música o narrativa. Tal vez por gusto, más que por una mirada objetiva, diría que  Misión imposible y Traffic (Steven Soderbergh, 20...

Asesinos natos (1994)

No hay romanticismo en Asesinos natos ( Natural Born Killers , 1994), aunque haya un romance a flor de piel, ni justificación para la violencia de sus protagonistas más allá de los abusos sufridos en sus infancias traumáticas y de la explotación comercial de la violencia por parte de los medios. No es que la televisión los transforme en psicópatas, sino que los convierte en estrellas mediáticas, en figuras que festejar y en material que vender. Son fruto de una sociedad “enferma” que ha hecho de la violencia, de los criminales y los “superpolis”, productos de consumo de alta demanda y de no menor beneficio económico, aunque ¿cuándo una sociedad ha estado sana, libre de brutalidad, de vampiros, de asesinos, incluso de asesinos de masas como algunos de los líderes políticos que asoman por la historia humana? La de Mickey Knox (Woody Harrelson) y de Mallory Wilson (Juliette Lewis) parte del guion de Quentin Tarantino, que no participó en el de Oliver Stone, David Veloz y Richard Rutowski...

Men in Black (1997)

El cine hecho en Hollywood ha sido, de largo, uno de los medios de difusión de conformismo para sedación y tranquilidad de la clase media; cierto que hay excepciones, tales como Charles Chaplin, Preston Sturges, Orson Welles, tres expulsados del paraíso porque comieron del árbol prohibido de la independencia creativa, John Ford, indiferente a los mandamases, Billy Wilder, cuya ironía le llevó a burlarse del sistema desde dentro, y los nombres que se les ocurran, pero son los menos… Por norma no escrita, aunque sí asumida y fomentada desde la era de los estudios, Hollywood fabrica un producto que pretende llegar al mayor número posible de consumidores; lo cual, a priori, es generoso, pero, en realidad, no le impulsa la generosidad, de la que carece, sino la posibilidad de un buen negocio. De modo que la “orden” es no exigirle un pensamiento crítico, solo complacerlo sin obligarle a un ejercicio de mínima reflexión que podría espantarlo o hacerle pensar. Ya no se trata de dar al público ...

Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005)

Texas y el western mantienen una relación cinematográfica envidiable en películas que transitan el espacio texano, reconocible en la pantalla, donde tantos cineastas han desarrollado las características formales del género. De hecho, salvo míticas excepciones naturales como el Monument Valley (Utah-Arizona), al que fue asiduo el western de John Ford , se suele considerar el texano el espacio recurrente del género, aunque a veces no sea la auténtica Texas la que asome en la pantalla —no sin razón, King Vidor  decía que en el cine “un árbol es un árbol”—, incluso fuera de la coordenadas temporales habituales (siglo XIX), que ya no lo limitan. No fue el primero, ni el último, pero Tommy Lee Jones también transgrede el marco temporal clásico y ubica la acción de su segundo debut en la dirección de largometrajes —diez años antes había dirigido para televisión  Viejos muchachos  ( The Good Old Boys , 1995)— a inicios del siglo XXI. De ese modo, viste Los tres entierros de Mel...

Ad Astra (2019)

La primera opción de James Gray para protagonizar Z, la ciudad perdida ( The Lost City of Z , 2016) había sido Brad Pitt , pero, debido a compromisos profesionales del actor, este solo pudo participar en aquel film como productor ejecutivo a través de su productora Plan B Entertainment , función que también ejerce en Ad Astra (2019), en la que, aparte de ser uno de los productores, ya sí asume el protagonismo. En esta intimista e introspección ciencia-ficción, Gray vuelve a hablarnos de las relaciones paterno-filiales y de la búsqueda humana. Lo hace en un viaje espacial al corazón de las tinieblas en el que concede voz interior a Roy ( Brad Pitt ) para que hable del vacío, del dolor, de la pérdida, de la soledad y la pequeñez del uno en el universo infinito, y de la búsqueda de respuestas para preguntas como quién soy, qué tengo, hacia dónde vamos, para qué seguir, entre otras cuestiones que no son ficción, sino que forman parte de la realidad psicológica, metafísica y emocional h...

Deuda de honor (2014)

El itinerario físico propuesto por Tommy Lee Jones en Deuda de honor ( The Hoseman , 2014) no es el único que vemos en la pantalla, pues las imágenes hacen evidente el viaje a almas y mentes rotas que transitan el dolor, el desarraigo, la desesperación. Primero fue el trayecto que recorrieron en busca de un lugar y un hogar, sin saber que ese recorrido les depararía la negación de la existencia que se descubre en el arranque del film, cuando se comprende que Mary Bee Cuddy ( Hilary Swank ), al igual que las tres mujeres que han perdido el juicio, debido a la dureza del entorno, también es un alma herida, condenada. Aunque lo haga en silencio, quizá en ese instante es la que más sufre, puesto que aún mantiene su lucidez y el contacto con la realidad hiriente, un contacto que las mujeres que asume trasladar a Ohio han perdido. Ella todavía sufre la realidad y en la realidad. Es consciente de que cada día que pasa se encuentra más lejos de hacer real su necesidad, su deseo, posiblem...

J.F.K. caso abierto (1991)

La década de 1960 fue un periodo convulso, marcado por las protestas civiles, la guerra fría, la de Vietnam, el breve deshielo y la posterior congelación soviética, el mayo de 1968 y otros enfrentamientos entre fuerzas opuestas, la mayoría desarrollados en la sombra. Pero, quizá por lo mediático de los sucesos, el país que vivió mayor agitación fue Estados Unidos. Tres décadas después, en la de 1990, algunos cineastas estadounidenses, que en los años sesenta eran jóvenes, adolescentes o niños, volvieron su mirada hacia ese pasado sombrío que dejaba muchas cuestiones sin aclarar. Oliver Stone  era uno de aquellos jóvenes y ya asentada su carrera cinematográfica quiso encontrar respuestas, más bien, plantear preguntas y lo hizo en este thriller en el que mezcló realidad e hipótesis —la que involucraba a los grandes organismos de seguridad y poder— para arrojar luz sobre el asesina...