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Sueños de engaño (presentación)

A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
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Cuando cae el otoño (2024)

La caída de la hoja Por Antonio Pardines Cuando Michelle (Hélène Vincent) le da las setas a su hija Valérie (Ludivine Sagnier), me viene a la mente la idea de que don Anselmo, el superhéroe motorizado de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), envenena a su familia para poder acariciar la felicidad y libertad que se le negaba. Lo hizo para romper su aislamiento, para poder sentir que aún estaba vivo en un entorno familiar, social y político de muertos vivientes. Pero su momento eran los primeros años de la década de 1960, cuando el núcleo familiar era distinto al que domina en la actualidad, que incluso puede ser unidad, como la que forma Michelle consigo misma en su pueblo cerca de Auxerre. Allí, de vez en cuando, recibe la visita de su hija y de su nieto (Garlan Erlos). Con la primera apenas tiene más relación que escuchar su desprecio y pedirle dinero; y con el segundo, la que la libera de una soledad mayor, una que no es aislamiento absoluto gracias a su amistad con Marie-Claude (Josi...

Fragmentos de nada: apropiación de conciencias

Fragmentos de nada: apropiación de conciencias Por Antonio Pardines Sin conciencia propia, la Inteligencia Artificial es la suma de pensamientos y datos ya expuestos por algunos humanos a lo largo de la historia. Digo algunos porque son una minoría los que dejan una originalidad que pasa a formar parte de los logros de la especie —sin olvidar que también suelen ser unos pocos quienes empujan al resto a malograrla—. Por lo que una charla con el procesador de datos no puede pasar del límite de lo conocido, aunque este conocimiento sea ignorado por las personas que consultan sin más curiosidad que obtener los datos que les reafirmen o les saquen de dudas concretas; es decir, aquellas que son en la inmediatez y no obligan a mayor esfuerzo que la consulta. De ahí que la conversación entre los dos extremos de la (in)comunicación que se está dando acerquen el espejismo de establecerse entre dos interlocutores. Lo cual no deja de ser un reflejo o una alucinación virtual entre una mente orgánic...

La portuguesa (2018)

Estática y estética Por Antonio Pardines Valoro la quietud como uno de los mayores tesoros que pueda poseer. La busco, la habito, mas no la que me dan hecha, la que pretenden imponerme. Eso no lo siento como quietud: lo interpreto como simulacro. La verdadera quietud me posibilita salir de la ruta asfaltada y aventurarme por sendas no marcadas, caminos envueltos en la bruma y salpicados de lugares donde, perdiéndome y anclándome en un tiempo humano propio, me encuentro o sueño encontrarme. La quietud es un tema recurrente a lo largo de la historia: la contemplación, la apariencia de que el tiempo no sucede, lo cual bien puede ser porque el tiempo existe en nosotros de diferente modo, según sintamos el momento, condicionados por lo que llevamos dentro y lo que encontramos fuera. Pero lo dibujado por Rita Azevedo Gomes en La portuguesa ( A Portuguesa , 2018) no es quietud; es su presunción: la pose de quietud. Las imágenes poseen una textura artificiosa ricamente elaborada, pero incapaz...

¿Qué es Kolimá?

¿Qué es Kolimá? Por Antonio Pardines Las normas y los valores cambian, el ser humano se transforma. Las condiciones de los campos, esas islas fuera del mundo aún en él, matan la interioridad que se creía conocer. Ahora, nada tiene sentido, salvo sobrevivir a la jornada. Mañana llegará o no, apenas importa tras dieciséis horas de trabajos forzados en las minas de oro a cielo abierto o en la taiga que nunca podrán vencer. Pensaban que después de la prisión, de las torturas físicas y psicológicas durante la instrucción de sus casos inventados, ya nada peor podría abatirlos. Se equivocaron: el tren donde les hacinaban como reses se adentraba en la fría y blanca extensión que les conducía a Vladivostok y de ahí, en barco, a Magadán, la antesala de Kolymá. La región de Kolymá es un espacio físico, pero también existe como el lugar emocional del que no se regresa, pues, de sobrevivirlo, ya son otros. Independientemente de quién, Kolymá penetra en las entrañas y ya nunca las abandona. Inexiste...

Tres colores: Azul (1993)

La imposibilidad de borrar el dolor Por Antonio Pardines Llamamos accidente a aquello que, sin esperarlo, nos sucede y nos descoloca. Algunos son leves y pasajeros, otros de gravedad que sacude nuestras existencias hasta el extremo de situarnos en lo que podría parecer otra vida. No nos explicamos por qué, aunque exista una explicación lógica para que se haya producido y para el golpe emocional que implica la sacudida y la pérdida que los más graves conllevan. Pero, una vez que nos sobreviene, ¿cómo encontrar sentido a lo que sigue, sobre todo si se trata de aceptar que has sobrevivido a un accidente físico, mortal para tus seres queridos? De un instante a otro, sin sospecharlo, sin pensar que la posibilidad accidental y que la muerte nos acompañan desde siempre, la protagonista de Tres colores: Azul ( Trois couleurs: Bleu , 1993) se despierta en un hospital donde le informan de que ha sufrido un siniestro en el que su marido y su hija han muerto. Su cuerpo se recupera, pero su mente ...

Fragmentos de nada: ecos da incomprensión lectora

Fragmentos de nada: ecos da incomprensión lectora Por Antonio Pardines Que lembre, poucas veces vin ou lin opinións e traballos que me fixeran pensar que a xente tivese capacidade para analizar textos complexos máis aló dunhas liñas e, aínda así, tampouco daban atopado a idea central. Estou a pensar na EXB, mitificada pola nostalxia, que cursei de 1980 a 1988. E o conto non cambiou no instituto nin na universidade, onde nos mandaron analizar unha película e poucos, case ninguén, fixo unha crítica máis ou menos aceptable, agás quen copiou unha da revista Imaxes de Actualidade  que o profesor deu por boa e feita polo alumno. Que quero dicir con isto? Que o docente, duns cincuenta anos, tampouco tiña nin idea do que falaba? Tíñalle cara de Fotogramas ? Non era capaz de distinguir entre o texto profesional e o dun mozo? Pretendo quitarlle ferro ás estatísticas? Non, pois non considero que os seres humanos estemos delimitados por elas, senón pola nosa falla de curiosidade e inquedanzas....

Donde cielo e infierno se citan en ti

Donde cielo e infierno se citan en ti  Por Antonio Pardines «—¿Te acuerdas de Raskólnikov? Ivanof le sonrió irónicamente. —Era de esperar que fueras a parar a eso más pronto o más tarde. Crimen y castigo ... En verdad, te vuelves senil o infantil. —Un momento, un momento —dijo Rubachof yendo y viniendo con aire agitado—. Hasta ahora no ha habido más que palabras, pero ahora nos acercamos al meollo de la cuestión. Si recuerdo bien, el problema es saber si el estudiante Raskólnikov tiene el derecho de matar a la vieja usurera. Él es joven y bien dotado; ella, vieja y absolutamente inútil en el mundo. Pero la ecuación se desquicia. Primero las circunstancias le obligan a asesinar a otra persona; tal vez es la consecuencia imprevisible e ilógica de un acto tan simple y lógico en apariencia. En segundo lugar, la ecuación no funciona, porque Raskólnikov se da cuenta de que dos y dos no son cuatro cuando las unidades matemáticas son seres humanos...» Arthur Koestler: El cero y...