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Mostrando las entradas etiquetadas como rené clément

El día y la hora (1962)

Clément dentro de las heterogéneas líneas ocupadas Por Antonio Pardines Con la industria cinematográfica destruida como consecuencia de la guerra y de la Ocupación, los cineastas que permanecieron en Francia vieron sus opciones profesionales reducidas a dos: el paro o trabajar para las productoras aceptadas por el régimen nazi y las creadas por el de Vichy. Así, cineastas como René Clément se vieron rodando para el enemigo, aunque su trabajo se limitó a la filmación de cortometrajes documentales técnicos, como Ceux du rail (1942) o Chefs de demain (1944), sin la propaganda de otras películas que no documentaban la época, sino la idea de las mismas adaptada a las necesidades e intenciones de los dos totalitarismos que dominaban aquella Francia que el propio Clément retrataría en ficciones posteriores y, se supone y así me lo parece, más cercanas a la verdad humana del momento. Estuvo allí, en el momento y el lugar de la ocupación, y tras la liberación asumió, a petición del Comité Nac...

La bella y la bestia (1946)

Poeta, cineasta, pintor, dramaturgo, <<Nada era en él orgullo ni fingimiento. El horror ante los carteles de la Coca Cola , no era teatro, ni anécdota preparada. Madame Weyssveller, me aseguraba que todas las mañanas en el duermevela del despertar, Cocteau lloraba por nuestra civilización. Lloraba físicamente. Porque físicamente le dolía, Europa, el verso, el entusiasmo, el cristal de Venecia, la cerámica de Sajonia, las sinfonías de Mozart, y la liturgia católica.>> (1) Pero los rostros de Cocteau eran más que el del europeísta, el admirador de los clásicos, el cuentista o el del artista y del creador estético de obras cinematográficas inclasificables como Orfeo (Orphée, 1950) y tan bellas como esta ilusión cinematográfica realizada en la inmediata posguerra, una ilusión que, como tal, se fuga de la realidad para establecerse en la fantasía que, en manos de Cocteau, se desarrolla onírica y poética… Inspirándose en el cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, el cineast...

Los malditos (1947)

El artículo sobre René Clément  que José María Latorre escribió para el monográfico que la revista Nosferatu dedicó al cine francés, de entre 1945 y 1958, se inicia con las declaraciones de cineastas que revindican la figura del responsable de Juegos prohibidos ( Jeux interdits , 1952) y de otros realizadores ninguneados por la crítica cahierista , que minusvaloraba a la mayoría de directores galos de posguerra con críticas condicionadas por intereses y gustos personales. Había opiniones, ideas, desplantes y quizá criterios que el publico podía apreciar, entender, discutir y/o rechazar. Atendiendo al pasado, vemos que la crítica forma su historia de aciertos y errores, e incluso de injusticias todavía ignoradas o ya reconocidas. Algunos cahieristas  como Claude Chabrol asumieron el error que supuso apuntar defectos y olvidarse de las virtude...

La batalla del raíl (1945)

Las primeras proyecciones del cinematógrafo de los hermanos Lumière fueron capturas de realidad. No había narrativa, solo la curiosidad y la intención de captar instantes cotidianos como la salida de los obreros de la fábrica o la llegada del tren. En esas imágenes se encuentra el origen del documento cinematográfico y, por supuesto, del cine. En realidad, los Lumière no sospechaban las posibilidades de su invento, pero abrían el camino que, tiempo después, se bifurcó en narrativo y documental; incluso abrían una tercera vía, mezcla de ambas perspectivas . Pero todo eso llegaría más adelante, surgiría de la inventiva, del desarrollo tecnológico y también de las distintas necesidades de cada momento, como apunta el origen del neorrealismo italiano de posguerra, que aunaba intenciones documentales y narrativas para mediar entre la realidad y el público. En 1945, el mismo año en el que Roberto Rossellini prestaba su atención a la resistencia italiana...

¡Qué alegría vivir! (1961)

La picaresca literaria y, por tanto, la figura del antihéroe con aspiración de mejora tuvieron su origen en la España del llamado siglo de Oro, aunque pícaros reales los hubo y los hay en cualquier época y en cualquier lugar del globo. Tampoco el pícaro es exclusiva de la literatura, en otras artes, como el cine, también aparece para mostrar precariedades, miserias o descontentos sociales. El vagabundo creado por  Charles Chaplin es su mejor ejemplo, aunque hubo otros que, como los de Mario Monicelli , también se vieron en la obligación de ingeniárselas para sobrevivir en un entorno hostil que les obliga a buscarse la vida o a escapar de la que les ahoga. Las comedias de Monicelli , con o sin Steno , presentan en su mayoría a antihéroes ignorados por la sociedad que los margina. Son individuos que no logran alejarse de su condición marginal ni de la miseria en la que viven. Ellos son protagonistas de lo mejor de la comedia italiana pos neorrealista y, de ellos, aunque con visibles...

¿Arde París? (1966)

El éxito comercial de  El día más largo ( The Longest Day , 1962) animó a realizar otras superproducciones bélicas que pretendía realismo y veracidad a la hora de narrar hechos puntuales acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Dentro de esta tendencia se encuentran películas como   ¿Arde París? ( Paris brule-t-il? , 1966),   La batalla de Inglaterra ( Battle of Britain , 1969) o  Un puente lejano ( A Bride Too Far , 1976) . En todas se descubre la característica común de contar con  un elenco plagado de rostros y nombres conocidos, que funcionaban como reclamo para atraer al público a las salas, aunque tanta presencia no oculta las carencias narrativas, quizás las acentúe. Pero en ¿Arde París? no sucede así, puesto que la presencia de los Jean-Paul Belmondo , Charles Boyer , Leslie Caron , Jean-Pierre Cassel , Alain Delon , Yves Montand , Simone Signoret o Jean-Louis Trintignant , por parte francesa, o de los estadounidenses  Kirk...

A pleno sol (1959)

Los personajes de A pleno sol ( Plein soleil , 1959) poco o nada tienen que ver con las personalidades que se descubren en los protagonistas de la novela de Patricia Highsmith en la que se inspira ( El talento de Mr. Ripley ). En la película de René Clément , Tom Ripley ( Alain Delon ) no muestra el desequilibrio contradictorio siempre presente en el Tom literario, un individuo ambiguo en cuanto a sus sentimientos hacia Dickie, personaje que en la película se conoce como Philippe Greenleaf ( Maurice Ronet ), quien, a diferencia de su alter ego narrativo, descubre desde el primer momento sus emociones hacia Marge ( Marie Laforêt ). Estas diferencias confieren personalidad propia a  A pleno sol , que arranca con Tom y Philippe disfrutando de un día de juerga en Roma. A primera vista parece que su amistad es una realidad gestada tiempo atrás, sin embargo, cuando, por casualidad, se encuentran con Freddie ( Bill Kearns ), se descubre que Philippe sigue la corriente a Tom porque ...

Juegos prohibidos (1951)

En la que posiblemente sea la película bandera de su filmografía, René Clément , a través de los ojos de los dos pequeños protagonistas, no abandona el realismo de anteriores trabajos. Lo llena con poesía, pureza, ignorancia y humor negro. El cineasta no es sensiblero al acercarnos el enfrentamiento entre el mundo adulto y el infantil. Es sensible, pero implacable en su retrato de la inocencia, de la guerra, de supersticiones, rivalidades y rencillas, de un mundo que permanece al margen del conflicto bélico, pero que presenta sus propios conflictos. El entorno es al tiempo humano e inhumano, insolidario, violento, amenazador, y novedoso para Paulette ( Brigitte Fossey ), una niña de cinco años que lo ha perdido todo, aunque todavía no es consciente de ello. La pérdida le llega sin avisar, de un modo brutal y desgarrador. Es consecuencia de la guerra que  Juegos prohibidos ( Jeux interdit...