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Mostrando las entradas etiquetadas como george stevens

Ardid femenino (1938)

Ardid femenino; y ojo con los suegros Por Antonio Pardines La estrella femenina de la RKO durante los años treinta y principios de los cuarenta fue Ginger Rogers; poca duda tengo al respecto, salvo que apareciese Katharine Hepburn , aunque por aquellos años treinta a la protagonista de La fiera de mi niña ( Bringing Up Baby , Howard Hawks , 1938) le iba creciendo su fama de «veneno para la taquilla». Rogers brillaba en pantalla desde sus musicales junto a Fred Astaire y alcanzaría su cima popular en el melodramón   Espejismo de amor ( Kitty Foyle , Sam Wood, 1940). Entonces fue cuando la Academia la galardonó con el Oscar a la mejor actriz, aunque personalmente su imagen me radia mayor intensidad en los musicales dirigidos por Mark Sandrich o en comedias como El mayor y la menor ( The Major and the Minor , Billy Wilder , 1942); o esta « comedia alocada » dirigida y producida por George Stevens, bajo la supervisión del productor del estudio Pandro S. Berman. En Ardid femenino ( ...

Un lugar en el sol (1951)

Ni pasado ni presente ni futuro son tiempos mejores unos que otros, solo distintos, salvo por el hecho de que se igualan en la circunstancia de ser el presente de quienes les corresponde vivir el momento. Por otra parte, si miramos el ayer, hay cuestiones que se han mejorado respecto al tiempo pretérito; y otras quizá no tanto, incluso las hay que han empeorado. Pero en cuestión de moralidad, de verse atrapado en la represión y sumisión a la que se somete al individuo que la sufre, existe en la actualidad, al menos en apariencia, cierta liberación respecto a la época en la que Theodore Dreiser escribió Una tragedia americana , publicada en 1925, o cuando George Stevens realizó Un lugar en el sol (A Place in the Sun, 1951) basándose en la novela citada y en la obra teatral que Patrick Kearney escribió a partir de la misma. Pero lo que indudablemente parece no haber cambiado son las emociones y ambiciones humanas, las contradicciones y los conflictos que se desatan entre el individuo y ...

Campos de concentración nazis (1945)

Un instante puede ser inesperado, debido a la ausencia de indicios que lo adviertan. Llamaré a esto espontáneo, y no espontáneo a la serie de hechos sabidos que desencadenan otros posibles, y apuntados por los previos. Por tanto, la guerra no es espontánea y, en consecuencia, quienes la pretenden tienen la posibilidad de frenarla antes de que la agresión se desate. Si lo escrito hasta ahora tiene alguna validez, entonces, ¿por qué no evitarla? La pregunta presenta complejidades que inevitablemente llevan a más interrogantes. Así que simplificaré la respuesta, la manipularé para llegar a donde quiero, a decir que a veces hay quien no desea evitar las agresiones, grita sus intenciones a los cuatro vientos o las escribe, y no deja de ofrecer indicios de ello hasta que, si se dan las circunstancias, finalmente los convierte en actos. Tanto la preparación como la ejecución nos sitúan en terrero de lo premeditado, y la premeditación conlleva la posibilidad, cuando no la voluntad de hacerlo....

El amor llamó dos veces (1943)

La última película rodada por  George Stevens  antes de partir hacia el Norte de África fue una comedia de enredo de notable éxito comercial, que expone entre otras cuestiones la inmediatez bélica de uno de sus protagonistas. Esta circunstancia señala directamente al cineasta, pues Stevens no tardaría en partir hacia el frente africano, de donde <<puede que no regrese nunca>>. La frase, puesta en boca de Joe Carter ( Joel McCrea ), encajaría dentro del pensamiento de un realizador consciente de que, concluido el rodaje de El amor llamó dos veces ( The More the Merrier , 1943), vestiría el uniforme y se adentraría en el conflicto sin saber qué le depararía. Pero esta era su prioridad, la de entrar en acción para dejar constancia de los hechos y del avance de la guerra, y la dejó en una serie de documentos cinematográficos de incuestionable valor histórico. Sin embargo, cuando  Stevens  se presentó voluntario, aún debía una película a la Columbia ...

El asunto del día (1942)

Existe un antes y un después en la filmografía de George Stevens , un punto de inflexión que coincide con su participación en la Segunda Guerra Mundial. Hasta su contacto con la contienda bélica, el realizador había asumido su trabajo como parte del sistema de estudios: primero como cámara en el periodo mudo, posteriormente filmando cortometrajes cómicos para Hal Roach y finalmente asumiendo la dirección de largometrajes producidos por  RKO y Columbia Pictures , estudios para los cuales realizó peores y mejores películas, algunas excelentes. Entre estas últimas encontramos  El asunto del día ( The Talk of the Town , 1942), el penúltimo filme que produjo y dirigió antes de formar parte del ejército y ser enviado al frente, donde entre otras imágenes filmaría el desembarco de Normandía y el campo de exterminio de Dachau, imágenes estas últimas que fueron proyectadas durante el juicio de Nuremberg como pruebas del holocausto perpetrado por los nazis. Aquella experiencia cam...

Gigante (1956)

En una de las versiones en DVD de Gigante ( Giant ),  George Stevens, Jr.  presenta el film y, en determinado momento, afirma que la película rodada por su padre ha pasado con creces la prueba del paso del tiempo, y para ello aduce que cuarenta años después de su estreno continúa siendo vista por el público. Sus palabras no mienten, pero tampoco prueban que se trate de una obra maestra con mayúsculas, que es lo que se deduce al escuchar su comentario. En la actualidad también se ve La vuelta al mundo en ochenta días , inexplicable ganadora del Oscar a la mejor película de aquel año, y a nadie se le pasa por la cabeza decir que sea una obra cumbre del cine sino una cuestión de la popularidad alcanzada. En 1956, además de las dos citadas, se estrenaron en los Estados Unidos  Escrito sobre el viento , Atraco perfecto , La invasión de los ladrones de cuerpos , Marcado por el odio , Umberto D , La Strada , Los siete samuráis , Más dura será la caída o Mientras Nueva York d...

La mujer del año (1942)

La relación profesional entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy , nueve películas en común, se inició con La mujer del año ( Woman of the Year , 1942), una comedia romántica en la que se enfrentan la sencillez y tradición que se observan en le comportamiento del periodista deportivo Sam Craig ( Spencer Tracy ) y el glamour e hiperactividad que desprende Tess Harding ( Katharine Hepburn ), periodista, activista femenina, cruzada pro causas justas y mujer del año, entregada en cuerpo y alma a esa intensa vida profesional y social que le aparta de ser una mujer convencional para su época. Como suele decirse, los opuestos se atraen y, en este caso en particular, se unen en una relación amorosa condicionada por las personalidades de los amantes y por su manera de entender una relación que se reafirma mediante el vínculo matrimonial. Pero la vida marital no resulta como Sam Había imaginado, sobre todo cuando descubre que su flamante esposa no le presta la atención deseada, lo cual provoca ...

El diario de Ana Frank (1959)

Durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán ocupó la práctica totalidad del continente europeo, imponiendo las directrices de una ideología irracional, el terror y la persecución de los judíos europeos. El suelo holandés fue uno de esos territorios ocupados militarmente, hecho que conllevó detenciones injustas, huidas u ocultaciones de muchas familias, a la espera del fin de semejante sinsentido. Tras su liberación del campo de concentración donde se hallaba retenido, Otto Frank ( Joseph Schildkrant ) regresa al escondrijo donde habría permanecido con su familia durante más de dos años. Cuando regresa a Holanda, lo hace solo, ya que ningún miembro de su familia ha sobrevivido, pero él nunca podrá olvidar a su esposa ( Gusti Huber ), ni a su hija Magot ( Diane Baker ) ni a su pequeña Ana ( Millie Perkins ), de quien siempre le quedarán los pensamientos que ésta plasmó en su diario, escrito entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, día que serían ...

Gunga Din (1939)

Vemos las películas del ayer en el ahora, y las juzgamos como si fuesen hechas hoy. Lo primero es inevitable, lo segundo algo a evitar, y que exige prescindir de lecturas revisionistas, de lo que hoy se considera correcto e incorrecto, de reducirlo todo a una cuestión de tecnología o de “viejo” y “nuevo”. El cine nació como experiencia y documento, pero encontró su camino en la fabulación y la imaginación. Conquistó y triunfó visualizando cuentos, historias, bromas, fantasías, golpes y porrazos. El cine de Hollywood tomó ese camino y en la década de 1930, con el cine sonoro, sus aventuras seguían siendo juego y cuento. Pongamos que esto fue así hasta la Segunda Guerra Mundial. Aquel Hollywood de la época dorada, el del sistema de estudios, no pretendió ser realista, ¿para qué, si sabían que el cine no era la realidad, sino una mezcla de imágenes y sonidos (ya en el sonoro) que debían producir risas, lágrimas, dinero, arte y fiesta? ¿En qué proporción? Todavía no lo tengo claro. El ...

Raíces profundas (1953)

Hasta 1953, de las películas realizadas por  George Stevens , solo  Anne Oakley  (1935) podría inscribirse dentro del western, aunque en realidad se trata de un drama biográfico, por eso sorprende la maestría del realizador a la hora de abordar su único western, más si cabe si resulta tan complejo y poético como  Raíces profundas  ( Shane , 1953). Este título no tardó en convertirse en un clásico incontestable, en un paso evolutivo de un género que permite abordar temáticas más allá de su apariencia temporal y geográfica y en un espejo para  películas como  El jinete pálido  de  Clint Eastwood , cuyo argumento contiene evidentes similitudes con esta obra maestra de  Stevens , un film donde se expone la lucha interna, el deber, la amistad, el amor y un destino inevitable que Shane ( Alan Ladd ), su protagonista, debe aceptar porque no puede escoger. Para él ya no hay elección, aunque sí puede y debe haberla para Joey Starret...