A lo largo de varias décadas he visto nueve películas de Abel Ferrara, las que van desde El rey de Nueva York (King of New York, 1989) hasta Un cuento de Navidad (‘R Xmas, 2001), número que considero suficiente como para sentir y asegurar que no conecto con su cine. Dicho de otra manera, su modo de contar no me atrae lo más mínimo; y de lo que cuenta, nada va conmigo. Respecto a esto, poco ha cambiado mi pensamiento desde que en la década de 1990 vi por primera vez El rey de Nueva York, que fue la primera de las suyas a la que me enfrenté y de la que salí un tanto hastiado. La he vuelto a ver hace unos días “por si…”, más la sensación que me produjo vendría a ser la misma de entonces. Todavía me cuesta centrarme en ella. No me engancha ni siquiera en instantes puntuales, ya no digo en conjunto; pero tampoco me preocupa que no exista comunión con una película que, como cualquier otra, puede o no gustarme. Ante todo, el cine de ficción es entretenimiento que a veces no logra entretener. ...