La única desgracia que se siente real, es la que vive uno mismo, pues afecta en cuerpo y mente y trastoca la vida de manera drástica. La ajena, hasta que no sea también propia, suena en la distancia. No se padece, aunque el pensamiento pueda hacer ideas de la misma, gracias a la compasión y a la compresión. En todo caso, presumir de empatía queda bonito cara la galería, pero la realidad del otro no la podemos experimentar. Nos llega en la distancia que impide conocerlas en plenitud emocional, cual eco de las situaciones exteriores e interiores que afectan a quien sí las padece. Este es el caso de Howard Prince ( Woody Allen ) respecto a su amigo de la infancia Alfred Miller ( Michael Murphy ), un guionista de televisión que ha sido incluido en la lista negra. Su primera conversación lo deja claro: aunque afirme lo contrario, Howard ignora el alcance de las palabras de su amigo, cuando este le dice que ya no puede trabajar, que está en la lista negra. Entonces ¿cómo saber que hacer...