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Mostrando las entradas etiquetadas como akira kurosawa

Living (2022)

La humanidad de Takashi Shimura en Vivir (Ikiru, Akira Kurosawa , 1952) la hereda Bill Naghy en Living (Oliver Hermanus, 2022), aunque el actor británico no alcanza a exteriorizar su pesar y su transformación a través del cuerpo y del rostro tal como lo hace aquel funcionario japonés atrapado entre la burocracia y la proximidad de su muerte. Son dos tipos de interpretación distintas, igual de válidas, pero la de Shimura me hace olvidar que actúa. Simbólicamente, traspasa la frontera de la representación y me aproxima de tal modo su no vivir inicial, su dolor y su pesar posterior, su ilusión revivida tras los primeros azotes de la tempestad interior que sigue al dictamen médico que confirma su desahucio de la vida, que la compasión (si así puedo llamar a lo que siento), el acompañarle y el sentirlo en su recorrido vital, resultan más allá de la contemplación cinematográfica; son reales aunque sepa que estoy ante una ficción. Logra generar en mí sensaciones y emociones veraces, a fuego...

El último hombre (1996)

Apostar por un película que “revisa” dos films tan exitosos como Yojimbo ( Yôjinbô , Akira Kurosawa , 1961) y Por un puñado de dólares ( Per un pugno di dollari , Sergio Leone , 1964) resulta osado y arriesgado, sobre todo cuando se trata de hacer una obra que tenga personalidad propia, a imagen de su director, guionista y productor, y lograr evitar las comparaciones o, al menos, no salir mal parado, si llegan a compararse. Evitar la comparativa resulta casi un imposible; de modo que convendría ver o mirar El último hombre ( Last Man Standing , 1996) con ojos que no se desvíen hacia los largometrajes de Kurosawa y Leone ; los cuales precedieron e inspiraron este de Walter Hill . En mi caso, fracasé en su día y he vuelto a fracasar una y dos veces más. De modo que siempre elijo y me decanto sin el menor titubeo por Yojimbo , quizá porque se trate de la original, pero seguro porque tiene la narrativa cinematográfica más afín a mis gustos particulares; aunque soy consciente de no caer...

Dodes’ka-den (1970)

El varapalo y el desengaño sufridos al verse apartado del proyecto Tora! Tora! Tora! (1970), precipitaron que Akira Kurosawa centrase su atención y sus esperanzas artísticas y profesionales en su asociación con Kon Ichikawa , Keisuke Kinoshita y Masaki Kobayashi , con quienes, en 1969, había fundado  Yonki no kai ( El club de los cuatro caballeros ), la compañía con la que pretendían producir sus proyectos e intentar devolver el nivel y la esencia perdida al cine japonés, que malamente sobrevivía a la competencia de la televisión y a los estrenos hollywoodienses. El film que iba a inaugurar la aventura de los cuatro iba a ser colectivo, cada uno se encargaría de una historia, pero el alto coste de producción descartó tal idea y se decidió que Kurosawa abriese el camino con Dodes’ka-den (1970), que lograron financiar tras conseguir un préstamo bancario. Por diferentes motivos, el resultado cinematográfico luce como un punto y aparte dentro de la filmografía del autor de Rashom...

El retrato de Midori (1948)

Lo primero que llama la atención de El retrato de Midori ( Shozo , 1948) es que Keisuke Kinoshita  no rueda un guion propio, sino que adapta a la pantalla uno de Akira Kurosawa , pero la historia y los personajes encajan mejor en su imaginario, con presencia mayoritaria femenina, que en el del autor de Vivir ( Ikiru , 1952), cuyo universo cinematográfico es esencialmente masculino. Esto por una parte, por otra,  hay dos retratos en el film: el que funciona como excusa argumental para que la historia avance y el que importa al realizador. El primero no se ve en ningún momento del metraje, y es el pintado por el señor Namura  ( Ichiro Sugai ); el segundo es el realizado por  Kinoshita , quien, sensible y emotivo, va detallando el suyo a lo largo de las imágenes del film, pero no solo pinta el retrato de su personaje principal, también da pinceladas de la familia Namura. Tras la introducción, donde dos especuladores deciden comprar y vender la casa habitada por los Na...

Kurosawa y los profesores

<<Quien no estima a su maestro, y no ama ser útil, se halla confuso en su saber>> Lao-Tsé (filósofo chino, siglo VI a. C.): Tao Te King La figura del maestro era de suma importancia en la cultura japonesa tradicional. En la novela que ambienté en Japón en el siglo XII quise reflejarlo en un personaje que guía a sus pupilos hacia el equilibrio al que aspira el samurái ( Munen ). Los  acompaña durante parte del camino a la perfección, un camino que sospecho que implica caminar y seguir caminando una senda que no concluye, que exige seguir evolucionando. Quizá lo hice condicionado por las películas de aprendizaje, quizá por lecturas y fantasías u otras intimidades y cuestiones sobre las que ahora no pretendo reflexionar. Se trata de un maestro-guía, aquel que no se impone ni pretende ser el protagonista de algo que no es de su exclusiva. Para el maestro, sus alumnos son sujetos de un proceso que nunca concluye —él también es ...

El idiota (1951)

Frente a cualquiera que pretenda trasladar a la pantalla las novelas de Dostoievski se eleva un muro que no está construido de historias ni de personajes. Su material de construcción se compone de estados de ánimo, de acción interna en la que el exterior solo forma parte del decorado, de interioridades complejas y contradictorias que viven al borde mismo del abismo donde abrazan su dualidad, que en ellos se debate en eterna lucha, sin que un contrario se imponga sobre el otro. Es el abismo donde habitan aflicción y placer, el bien y el mal, lo divino y lo humano, la vida y la muerte. En definitiva, los personajes del escritor existen entre cielo e infierno como almas en constante ebullición, almas que nos conducen al pensamiento y a las experiencias vitales —su condena a muerte, su confinamiento en Siberia, su epilepsia, las deudas, su exilio europeo, la nostalgia o su desmedida afición al juego— del más grande descriptor literario de la humanidad (de su psicología) que encara su dest...

A. K. (Akira Kurosawa) (1985)

Imprescindible para cualquiera que disfrute de los films de Akira Kurosawa  y de la habilidad audiovisual de Chris Marker , A. K. (1985) no es un "Cómo se hizo..." de  Ran (1985) al uso. No podía serlo, eso estaba claro para quien tuviese una noción mínima de las películas realizadas por  Marker , el responsable al frente de este documental producido por Serge Silberman  que nos descubre algunos aspectos de la superproducción de  Kurosawa , la cotidianidad del rodaje y del propio cineasta. No me cabe la menor duda de que tanto Silberman como el realizador japonés eran conscientes de que  Marker no iba a realizar una película impersonal, que publicitase aquella de la que muestra parte de su rodaje, sino que el autor del prestigioso cortometraje La Jetée (1962) crearía un film propio y personal, con poética propia y que encuentra su eje principal en la figura legendaria  de aquel a quien en un momento puntual compara con el centro de un sistema sola...

Rapsodia en Agosto (1991)

En su última etapa como cineasta, la que abarca Sueños ( Yume , 1990), Rapsodia en Agosto ( Hachigatsu no Rapusodi , 1991) y Madadayo (1993), Akira Kurosawa se mostró más introspectivo, más calmado en cuanto a su exposición de inquietudes propias y aquellas que se agudizan con el paso de los años. En la primavera-verano de 1990, el realizador japonés filmaba  Rapsodia en Agosto  e iban a cumplirse cuarenta y cinco años desde los lanzamientos de las bombas atómicas sobre Hiroshima (el 6 de agosto) y sobre Nagasaki (el 9 de agosto) y del final de una guerra que había devastado la mayoría de los países que se vieron envuelta en ella. En aquel remoto pasado para quienes no lo vivieron, o eran demasiado jóvenes para recordarlo, la irá de los primeros artefactos atómicos, sus secuelas físicas y psicológicas, solo formaban parte de la realidad histórica del país. Para Kurosawa , como para cualquier japonés que vivió aquella época, las explosiones se grabaron en su memoria, t...

Sueños (Los sueños de Akira Kurosawa) (1990)

Nada tenía que demostrarse Akira Kurosawa a los ochenta años de edad, menos aún a la crítica y al público. A esas alturas de su vida y de su carrera cinematográfica, el responsable de Los siete samuráis ( Shichinin no samurai , 1954) era considerado uno de los pocos grandes maestros vivos del cine. Pero más que ese merecido reconocimiento a sus películas y a su incontestable talento, lo importante era que su libertad creativa sí estaba liberada de cualquier tipo de condicionamiento que no fuera el propio realizador o el encontrar la financiación necesaria para materializar un proyecto como Sueños ( Yume , 1990). Así, pues, el primer escollo estaba en el dinero, pero gracias a la intervención de Steven Spielberg y al acuerdo de distribución a nivel mundial con Warner Bros. , el cineasta pudo obtener el crédito para realizar un film que puede verse como una ruptura con su obra anterior y una apertura a la posterior. Sin embargo, Sueños no rompe con el Kurosawa de la etapa previa, y...

Sanjuro (1962)

No entraba dentro de los planes de  Akira Kurosawa  realizar una secuela de su exitosa Yojimbo (1961), pero, ante la insistencia de los directivos de Toho , no le quedó otra que complacer la petición. Pronto se comprende que  Sanjuro  ( Tsubaki Sanjûrô , 1962) asume un tono distinto, caricaturesco, sobre todo en la relación que se produce entre  los nueve jóvenes a quienes toma bajo su protección  y el desaliñado ronin ( Toshiro Mifune ) que, ante la pregunta de cuál es su nombre, mira a su alrededor y se bautiza Tsubaki, por las camelias que acaba de observar, Sanjuro (de treinta años, que sería su edad). Esta relación genera el choque, a menudo cómico, entre la veteranía del maestro y la bisoñería e impaciencia de los alumnos, que una y otra vez interfieren en los planes que aquel pretende llevar a cabo. Aunque en su conjunto no alcanza el nivel exhibido en Yojimbo , quizá porque el humanista de Vivir ( Ikiru , 1952) no tenía especial interés en...

Sendero de nieve (Ginrei no hate) (1947)

En el capítulo  Una larga historia: segunda parte de su libro de memorias  Autobiografía ,  Akira Kurosawa  recordó como  Kajiro Yamamoto  (a quien consideraba su maestro dentro de la Toho ) le aconsejó escribir guiones si pretendía convertirse en director de cine, consejo que el realizador de la magistral  Vivir  ( Ikiru , 1952) aceptó de inmediato. Una vez asentado como realizador, Kurosawa continuó participando en los guiones de sus propias películas y, en ocasiones, de otras ajenas como lo fue  Ginrei no hate , que elaboró al lado de  Senkichi Teniguchi , quien, al igual que él, había iniciado su carrera desempeñando funciones de ayudante de dirección, realizando todo tipo de labores relacionadas con las producciones que se filmaban en la  Toho , lo que supuso un excelente aprendizaje para ambos. Aunque Taniguchi nunca alcanzó el nivel artístico, creativo y autoral mostrado por  Kurosawa , cabe destacar su puesta en e...