La humanidad de Takashi Shimura en Vivir (Ikiru, Akira Kurosawa , 1952) la hereda Bill Naghy en Living (Oliver Hermanus, 2022), aunque el actor británico no alcanza a exteriorizar su pesar y su transformación a través del cuerpo y del rostro tal como lo hace aquel funcionario japonés atrapado entre la burocracia y la proximidad de su muerte. Son dos tipos de interpretación distintas, igual de válidas, pero la de Shimura me hace olvidar que actúa. Simbólicamente, traspasa la frontera de la representación y me aproxima de tal modo su no vivir inicial, su dolor y su pesar posterior, su ilusión revivida tras los primeros azotes de la tempestad interior que sigue al dictamen médico que confirma su desahucio de la vida, que la compasión (si así puedo llamar a lo que siento), el acompañarle y el sentirlo en su recorrido vital, resultan más allá de la contemplación cinematográfica; son reales aunque sepa que estoy ante una ficción. Logra generar en mí sensaciones y emociones veraces, a fuego...