Vilanova de Arousa vio nacer a Julio Camba , pero tampoco vayan a creer que la localidad pontevedresa prestó demasiada atención a su alumbramiento aquel lluvioso martes 16 de diciembre de 1884. Para el pueblo, con su cacique, su maestro, su comadrona, su tonto y su listo, que solían ser el mismo iluso, sus casas, su iglesia, su atrio, su fuente y su mar dormido, que apenas despertaba para susurrar su ir y venir y su volver a caer rendido, aquel nacimiento no difería del de cualquier hijo de vecina y vecino, pues entonces se necesitaba a ambos para convencer a la cigüeña, ni merecía la atención del cura, ocupado como estaba en investigar el cepillo y en preparar la natividad anunciada para la semana siguiente. Si aún fuera de otro pueblo, trajese el tan necesitado pan encima y debajo de una carreta o si su madre no hubiese delatado su llegada barriga en grito, ni su padre presumiese su próxima paternidad al único viento del lugar, conocido como correveidile, la venida al mundo del peque...