No era la primera ni sería la última vez que se desarrollaba en la pantalla el accidente de un submarino militar en tiempos de paz. Dos décadas antes, John Ford lo había hecho con un sumergible estadounidense en Tragedia submarina (Men without Women, 1930); y medio siglo después, Kathryn Bigelow mostraría otra situación extrema similar, inspirada en hechos reales, en K-19: El hacedor de viudas (K-19: The Widowmaker, 2002), en la que una tripulación de un submarino atómico ruso debe vérselas con un reactor nuclear que amenaza saltar por los aires. Como las nombradas, Salida al amanecer (Morning Departure, 1950) trata sobre una situación imprevista que obliga a la tripulación del Trojan, submarino de la Royal Navy, a vivir una situación límite. La guerra ha terminado, la paz la sustituye e implica cierta monotonía en la vida de Marina Real Británica, pero no por ello se dejan de realizar maniobras. El almirantazgo debe mantener la flota a punto y a la marinería y oficialidad entrenado...