Del frío polar a la calidez de la Polinesia. De los quince meses de estancia en la bahía de Hudson, Canadá, a los casi dos años que, junto a su mujer, Frances H. Flaherty , pasó en Samoa para filmar Moana (1926). Ese era Robert J. Flaherty , un cineasta para quien el tiempo de rodaje era lo de menos. Miento, no era lo de menos, sino que era imprescindible, pues <<era bastante capaz de pasarse años haciendo una película, rodando metraje suficiente como para hacer una docena de películas normales.>> (1) Tomarse su tiempo, le resultaba necesario para conocer parajes, costumbres, gentes y recrear la cotidianidad del individuo en sus películas, ya que, más allá de documentar, eso fue lo que hizo. Eso mismo había hecho en su exitosa Nanuk, el esquimal ( Nanook of the North , 1922), y lo repitió en este film que Frances y él rodaron en la isla de Savali. Allí convivieron con los nativos, filmaron sus costumbres y su relación con el medio natural donde viven su cotidi...