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Mostrando las entradas etiquetadas como max ophüls

De Mayerling a Sarajevo (1940)

  El imperio alemán vio nacer a Max Ophüls , pero el cineasta encontró mayor atractivo en la irrealidad espectral de la imperial Austria-Hungría  que en la Alemania de marcialidad prusiana. Ni armas ni desfiles militares interesan en su cine, que se decanta por la elegancia y la armonía de melodramas como De Mayerling a Sarajevo ( De Mayerling à Sarajevo , 1939) o  Carta de una desconocida ( Letter from a Unknown Woman , 1946). La fantasía ophulsiana  del imperio de Austria-Hungría nace en la ensoñación de un director que armoniza imágenes y movimiento en sueños cinematográficos que brillan y se apagan, condenados a desparecer debido a su propia naturaleza onírica —y a la imposibilidad de que el sueño sobreviva en su enfrentamiento a la realidad de la que, por un instante, los protagonistas escapan amando—, pero que perviven en su forma de celuloide. En sus películas, el cineasta atrapa a sus protagonistas en el amor, en su ilusión de amor, y les obliga a sentir e...

La ronda (1950)

La sencillez es elegante y fluida; no desvía la atención de lo que se pretende mostrar, de lo que hay. No se trata de austeridad ni de ser inexpresivo. Se trata de saber qué, cuándo y cómo emplear unos recursos y evitar otros, aquellos engañosos que pueden romper la armonía del conjunto. Partiendo de lo escrito hasta ahora, podría asegurar que Max Ophüls era elegante, que movía o detenía su cámara con fluidez y aparente sencillez, aunque más que ponerla en movimiento, la hacía danzar. Pero no era una danza caprichosa y arrítmica, estaba planificada y obedecía al movimiento de los personajes, a sus características y a las del espacio por donde deambulan o donde se detienen. El plano secuencia que abre La ronda ( La ronde , 1950) lo confirma: sigue a un individuo ( Anton Walbrook ) por un escenario indefinido, que podría ser cinematográfico, teatral y, cuando el conductor lo considere oportuno, vienés de finales del XIX. El desconocido se pregunta y se resp...

Lola Montes (1955)

Entre la lucidez y la paranoia, Henry Miller se preguntaba y preguntaba en Primavera Negra  ( Black Spring , 1936) <<¿qué es lo que permite vivir a los clásicos, si es que realmente viven? ¿Por qué no mueren como nosotros, como todos estamos muriendo? ¿Qué los preserva contra los embates del tiempo, si no es la sal que hay en ellos?>>. Sus preguntas llamaron mi atención, sobre todo la sal aludida, una sustancia que, variando su composición, permite a los clásicos sobrevivir a sus autores, a los caprichos de las impersonales modas y a los ineludibles embates del tiempo. Dicha salinidad los conserva, manteniendo intactas la creatividad y la lucidez que fluyen indestructibles mientras existan mentes inquietas que las reciban, en parte o en todo su esplendor. Pensando en ello, también pensé en los clásicos cinematográficos, entre los cuales se encuentra  Lola Montes  ( Lola Montès , 1955), un film cuyo compuesto salino (elegancia, clasicismo, experimentación...

La conquista de un reino (1947)

Seis años y varios proyectos frustrados después de su llegada a Estados Unidos, entre ellos Vendetta ( Mel Ferrer , 1950),  Max Ophüls  u Opuls , como aparece acreditado en sus largometrajes estadounidenses, pudo dirigir su primer film en Hollywood. Producida por  Douglas Fairbanks, Jr. , La conquista de un reino ( The Exile , 1947) presenta dos caras, aquella que encajaría mejor con el tono aventurero de Fairbanks hijo (y de Fairbanks padre) y la más próxima al cineasta centroeuropeo, que se desarrolla en la parte central del largometraje para alejarse del cine de capa y espada que domina al inicio y en el tramo final. La presentación del héroe nos muestra a un monarca sin corona, alegre y mujeriego, que vive en la pobreza y en el exilio. Charles Stuart deambula por un mercado holandés mientras los "cabezas redondas" lo buscan para darle muerte. Esta circunstancia queda relegada a un plano secundario hasta que se produzca su enfrentamiento con el coronel Ingram ( He...

Atrapados (1949)

Exiliado en Estados Unidos desde 1941 hasta 1950,  Max Ophüls  se encontró en Hollywood con un medio artístico-industrial muy distinto al europeo que había dejado atrás. Y como a otros ilustres cineastas emigrados, no le resultó sencillo adaptarse a un entorno donde las películas solían estar controladas por los distintos estudios cinematográficos que las producían. Esto se tradujo en un problema a la hora de encontrar trabajo, y no sería hasta cinco años después de su llegada a Norteamérica, cuando finalmente inició su primer rodaje americano. Sin embargo, las diferencias con Howard Hughes , productor del filme, provocaron que el cineasta abandonase la filmación de Vendetta ( Mel Ferrer , 1950). Por fortuna, un año después completó su primer largometraje hollywoodiense,  La conquista de un reino ( The Exilie , 1947), e inició su breve pero espléndida etapa estadounidense. Sus intereses le llevaron a decantarse por producciones independientes que le permiti...

El placer (1952)

Como aficionado al buen cine encuentro placentera la elegancia de los movimientos de la cámara de Max Ophüls , sus encuadres, su transgresora modernidad, su sentido rítmico y fílmico en películas como  El placer ( Le plaisir , 1952), uno de sus grandes títulos (que no son pocos) y un regalo sensorial desde sus créditos iniciales hasta su ambiguo final, cuando el recorrido por el placer, el amor, la pureza y la muerte se cierra con la paradójica negación <<la felicidad no tiene por qué ser alegre>>. Con frecuencia se ha dicho y escrito que  Ophüls  es el director por excelencia del melodrama y del cine femenino, quizá por su genialidad a la hora de dar forma a La mujer de todos  ( La signora di tutti , 1934),  Carta de una mujer desconocida ( Letter from a Unknown Woman , 1948), Madame de...  (1953) o Lola Montes  ( Lola Montès , 1955), sin embargo, es algo más, es el creador de un universo cinematográfico subjetivo, repleto de sensaciones...

Almas desnudas (1949)

Durante la década de 1930 y los primeros años de la siguiente se produjo la salida de europeos hacia el continente americano, cuestión que no fue ajena al ámbito cinematográfico. Nombres como  Billy Wilder ,  William Dieterle ,  Fritz Lang ,  Jean Renoir   o  Max Ophüls  cruzaron el charco para poder continuar con sus vidas y sus ideas. La suerte de estos y otros emigrantes fue dispar, ya que algunos, como el caso de  Billy Wilder   o  William Dieterle , lograron adaptarse a su país de acogida, mientras que otros, como  Renoir  u  Ophüls , nunca llegarían a encontrarse cómodos dentro de la industria hollywoodiense, aunque dicha sensación no impidió que ambos realizasen títulos tan destacados como  Memorias de una doncella  ( Diary of a Chambermaid , 1946)  o  El hombre del sur ( The Southerner , 1945)  (ambas de  Jean Renoir ),  Carta de una mujer desconocida  ( Letter from a Unknow...

Carta de una desconocida (1948)

<<He tomado una quinta bujía y la he colocado en la mesa, sobre la cual te escribo. Hago esto porque no puedo estar sola con mi hijo muerto sin gritar lo que pesa sobre mi alma, ¿y a quién podría yo hablar en esta hora terrible sino a ti, que has sido y aún lo eres todo para mí? Quizás no pueda explicarme claramente, quizás no me comprendas; tengo pesada la cabeza, siento un latido en las sienes y me duelen los miembros. Creo que tengo fiebre; tal vez es la gripe que anda ahora de puerta en puerta, y esto último sería lo mejor, pues así me iría con mi hijo sin necesidad de hacer nada contra mí misma. De vez en cuando, algo oscuro se me pone delante de los ojos, y acaso no pueda acabar esta carta; pero quiero reunir todas mis fuerzas para hablar contigo esta sola vez, contigo, mi amor, que no me has conocido nunca.>> Stefan Zweig . Carta de una desconocida La breve narración de Zweig inspiró una de las grandes obras cinematográficas de Max Ophü...

Madame de... (1953)

Los pendientes de madame de... son testigo de un matrimonio que se miente, en el que la apariencia parece importar más que el amor. Esas mismas alhajas serán también testigo de la necesidad que ha obligado a Louise de... ( Danielle Darrieux ) a desprenderse de ellos, como también son testigo de la despedida que se produce entre el general André de... ( Charles Boyer ) y Lola ( Lia Di Leo ), su amante, a quien se los regala tras haberlos recuperado, como recuerdo de una historia de amor que debe finalizar. Lola los lucirá en sus orejas hasta que en Constantinopla debe deshacerse de ellos para pagar las deudas de juego; de ese modo, una vez más, cambian de manos y caen en poder del diplomático italiano Fabrizzo Donati ( Vittorio De Sica ), quien de regreso a Francia no tardará en enamorarse de Madame de...; finalizando un círculo que devuelven las joyas a su dueña original. Un gran  Max Ophüls utilizó los pendientes como herramienta brillante y hermosa para presen...