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Mostrando las entradas etiquetadas como edgar neville

Café de París (1943)

Un paseo por la bohemia Por Antonio Pardines El cine convirtió la bohemia parisina en un tópico; así la mayoría de espectadores lo reconocían ya no por la imagen de la Torre Eiffel o de una terraza donde pasar la tarde. Lo reconocían por las comedias de Ernst Lubitsch , Casablanca ( Michael Curtiz , 1942) o Un americano en París ( An American in Paris , Vincente Minnelli y Gene Kelly, 1951). En esa imagen estereotipada —todo estereotipo suele basarse en realidades que aligeran y repiten la misma idea—, a nadie llama la atención la pobreza en la que puedan vivir el compositor, el pintor o la exiliada rusa que ocupan la buhardilla parisina que sirve de escenario principal para Café de París (1943), una comedia que adelanta su bohemia en ocho años a la expuesta por Minnelli. Su situación no nos duele porque se ha estereotipado, ha perdido vida para ser en la evasión. Entre el melodrama y la comedia romántica, con Conchita Montes a la cabeza de un reparto en el que los secundarios aport...

La muchacha de Moscú (1941)

Al contrario que Frente de Madrid (1939), que aun siendo propagandística es una obra propia, Edgar Neville asume el compromiso italiano y rueda La muchacha de Moscú (1941), tal vez la menos suya de sus películas, para mí la menos. Pero le valió para viajar con Conchita Montes a Italia, que por entonces estaría enfrascada en la guerra y estaría dirigida por Mussolini. La actriz asumió el protagonismo del film, era la segunda de sus muchas interpretaciones para Neville, en el que daba vida a <<la chica atea elevada a la cumbre gracias al amor>>. Con este apunte, entrecomillado, el cineasta español define a su heroína, aunque más suena a que Neville nos desvela un orgasmo fruto de la propaganda fascista y nacionalcatólica. La historia no tiene mucho más que ese discurso afín a los dos regímenes que dominaban España e Italia, que basaban sus ideología pública en Dios, patria y familia; la privada era otro cantar, pero esa música no asoma en la pantalla. Neville, a partir del ...

El baile (1959)

Incapaces de frenar la erosión del tiempo, la mente humana se las apaña para soportarla y minimiza sus estragos de manera inconsciente, empleando engaños de memoria y escudándose en la cotidianidad en la que uno se mira y su reflejo parece ser el de siempre, aferrándose al amor y a la amistad, y aceptando/resignándose a perder los sueños, la juventud y los seres queridos, quienes, aunque desaparecidos, nunca llegan a irse del todo mientras existan en el recuerdo de quienes los piensan y evocan; tal como sucede en el tercer acto de El baile (1959) con Julián ( Rafael Alonso ) y Pedro ( Alberto Closas ), respecto a la ausencia de Adela ( Conchita Montes ). Vista desde su perspectiva temporal, la vida promete, pero incumple, ofrece, pero quita; sin embargo nuestra condición humana se resiste a la derrota y sigue bailando. Tres bailes aludidos; tres personajes en escena, aunque son cuatro protagonistas; tres edades: juventud, madurez, ancianidad; tres unidades clásicas: acción, espacio, t...

Duende y misterio del Flamenco (1952)

Hay didactismo, fantasía, corazón y folclore en las imágenes de Edgar Neville en su primer film el color: una película luminosa, cálida, viva, iluminada por el operador  Enrique Guarner , en la que el cineasta mezcla su pasión por el Flamenco y su talento cinematográfico dando como suma un film único, que transita por los diferentes cantes y bailes en distintas localizaciones andaluzas, y en un instante madrileño, pues ¿qué palabra podría encajar mejor para la combinación Flamenco-Neville-Cine , sino única ? El cante, el baile y Andalucía, también un Madrid de fondo goyesco, cobran el protagonismo absoluto en este documento que lo es más allá del género documental o de la música popular que explica en sus distintas variantes, y que muestra en la pantalla cantadas e interpretadas por profesionales y por aficionados y aficionadas, pero unos y otros igual de entregados a su instante artístico-musical. También es única porque documenta una época y un mundo desaparecidos que Neville f...

Edgar Neville. Humorismo en el cine

Al no haberle conocido en persona, puede que peque de osado al decir que Edgar Neville fue un adulto que nunca dejó de ser niño, pero lo digo en relación a lo que desprende su cine y su obra literaria. En su vida profesional, al igual que el personaje de El marqués de Salamanca (1948), era emprendedor inquieto, aunque lo suyo no fuesen los negocios de la sal, de la banca, los ferroviarios o los urbanísticos. El negocio de Neville fue el cine, el teatro, el periodismo, el humor, la vida. De noble cuna y de bolsa llena, desde su juventud, abrazó la buena vida, alcanzó maestría a la mesa, en las tertulias, en la conversación, disfrutaba Madrid, en tablaos y en plazas de toros. Trabó amistad con otros jóvenes y no tan jóvenes que visitaban la Granja del Henar, intercambió humorismo con Antonio de Lara “ Tono “ y López Rubio , con Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela . Lo hizo en Buen Humor , la revista de Sileno , y en La codorniz , la dirigida por Mihura ; y quiero suponer que tam...

El marqués de Salamanca (1948)

Dudo que la Comisión encargada de celebrar el centenario del primer ferrocarril de España, la línea Barcelona-Mataró inaugurada en 1848  e impulsada por Miquel Biada Bunyol  —atendiendo a la fecha y a la realidad política de Cuba durante la práctica totalidad del siglo XIX, la primera fue la que unió La Habana con Bejucal, en 1837; y se dice que aún hubo una anterior, en Asturias, aunque la máquina que avanzaba sobre los rieles no era de vapor, sino de tracción animal—, encontrase un cineasta mejor que Edgar Neville para llevar a cabo la biografía de José de Salamanca y Mayol , el emprendedor malagueño que hizo posible el trayecto ferroviario entre Madrid y Aranjuez, proyectado en 1845 e inaugurado en 1851. Lo digo por dos razones. La primera, porque considero que en 1948 Neville es el autor con el universo cinematográfico más personal del país; y la segunda, tiene que ver con su origen aristocrático y con su gusto por lo popular. En él, ambos conceptos se aúnan homogéneos, ...

Verbena (1941)

De izquierda a derecha, dos hombres trajeados, y de apariencia sospechosa, transitan y cuchichean antes de ser interrumpidos por el vendedor ( Manuel Dicenta ) de bigotes falsos que les sale al paso y les ofrece sus artículos. La situación y el personaje bigotudo apuntan el humor que dominará el resto de metraje de Verbena (1941), cuya media hora de duración resulta una espléndida oportunidad para descubrir a Edgar Neville en su versión más festiva, de fiesta por una verbena madrileña donde lo popular se mezcla con su humor, que por momentos alcanza el absurdo. Por su ubicación y por la apariencia de sus personajes, Verbena parece influenciada por El palacio de las maravillas ( The Show , 1927) y  La parada de los monstruos ( Freaks , 1931), ambas realizadas por  Tod Browning , pero nada más lejos de la realidad, ya que el palacio de las maravillas de Neville es un lugar para la comedia, no para el drama y la denuncia, aunque también tenga <<fenómenos de la natural...

Frente de Madrid (1939)

<<Y de pronto le dio la risa pensar que dentro de pocos años se harían en Hollywood películas sobre la guerra de España y que aquellos deportistas que en estos días se estaban tostando en la playa de Malibú o jugaban al golf en Bel Air, representarían soldados españoles como él y sus camaradas, y bajarían de sus magníficos coches ante el “bungalow” del estudio, donde les esperaría una camisa azul como la suya, manchada de barro por el director artístico y rota por el mejor sastre del país, para vivir bajo los arcos eléctricos unas horas de aventuras guerreras, probablemente más espectaculares que las que estaba él viviendo en la realidad>>. El narrador del relato  Frente de Madrid o Edgar Neville , su autor, por medio del narrador, describe una idea que pasa por la mente de Javier, su protagonista. No es su intención, pero nos está confirmando la insalvable diferencia entre realidad y representación cinematográfica. Su pensamiento sabe que el cine es la irrealidad o la...

El señor Esteve (1948)

Si hubo un cineasta español durante la posguerra que supo aunar en sus películas lo popular con los gustos personales ese fue  Edgar Neville , cuyo cine se reconoce al instante en su humor irónico, en su costumbrismo, en su moderna mirada hacia el pasado, en personajes tan caricaturizados como entrañables o en la presencia de las calles de Madrid. Sin embargo en la dramática Nada (1947) y en la irónica  El señor Esteve (1948) la acción se desarrolla en Barcelona: la primera en un momento puntual del siglo XX y la segunda a lo largo del XIX. Ambas adaptan a dos autores catalanes, Carmen Laforet y Santiago Rusiñol , y ambas exponen desde sus personajes aspectos de la realidad social del momento que narran. Pero donde Nada prioriza el drama y la crudeza de una época, El señor Esteve apuesta por la comicidad que mana del espléndido grupo de personajes que asoma por la pantalla, la mayoría de los mismos miembros de la familia Esteve. La trama de esta entrañable comedia,...

El presidio (1930)

La estancia de Edgar Neville en Hollywood se saldó con varias amistades, con su participación en las versiones en castellano de tres películas  MGM  y con la intención de dedicarse al cine. Pero, al tratarse de copias de las versiones anglófonas, ninguna de aquellas producciones en las que colaboró presentan características del  Neville  cineasta creativo, castizo e ingenioso de sus películas españolas. En  El presidio (1930), la primera en la que colaboró, asumió labores de director de diálogos y la supervisión de la filmación de  Ward Wing  (presente en el rodaje de la versión original), y nada hay en sus imágenes del  artista cinematográfico que años después filmaría La vida en un hilo (1945). Al tratarse de la versión castellana del filme angloparlante dirigido por  George Hill , El presidio  rodado por  Neville  prácticamente copia cada plano (algunos incluso fueron aprovechados del original), traduce sin cambios sust...

La ironía del dinero (1955)

Mi memoria me dice que la primera película que vi de Edgar Neville fue Domingo de Carnaval  (1945), aunque bien podría estar errada y haber sido otra la que ocupa dicho puesto, pero, diga verdad o mentira, no es momento para contradecirla y dejaré que me guíe durante los primeros compases de estas líneas, y a ver hacia dónde me conduce. A partir de aquel (supuesto) primer y afortunado encuentro intenté ver cuanto pude de un cineasta de buen vivir y manifiesto humor que me atrajo más si cabe con La vida en un hilo  (1945), dicen que su obra maestra, y La torre de los siete jorobados  (1944), para mi memoria la más memorable. También despertó mi entusiasmo con El crimen de la calle de Bordadores  (1946) y sobre todo con las andanzas de Fernando y  El último caballo  (1950). Mas ahí no terminó mi idilio cinematográfico con  Neville , pues, más serio y menos costumbrista, me sorprendió con la biográfica El marqués de Salamanca  (1948) y con el melo...

El crimen de la calle de Bordadores (1946)

En 1888 la sociedad madrileña se vio conmocionada por un asesinato cometido en la calle Fuencarral, el mismo que, más de medio siglo después, inspiraría a  Edgar Neville  para realizar El crimen de la calle de Bordadores . película que, a parte de la intriga y el costumbrismo sainetesco, le permitió mostrar el Madrid de finales del siglo XIX. Costumbres y gentes se observan en la primera imagen, que se ubica en Puerta del Sol, donde la multitud se reúne alrededor del cuenta historias que narra un homicidio que presagia el perpetrado poco después en Bordadores. Entre el gentío se descubre a Lola "la billetera" ( Mary Delgado ), vendedora ambulante, y a Miguel ( Manuel Luna ), cuya estampa chulesca provoca el rechazo tanto de la mujer como del espectador, pues aquél la acosa a pesar de que la joven nada quiere saber de él. El interés de  Neville  abandona a la concurrencia para seguir los pasos del chulapo hasta un bar donde, mediante la conversación que mantiene con...