Un paseo por la bohemia Por Antonio Pardines El cine convirtió la bohemia parisina en un tópico; así la mayoría de espectadores lo reconocían ya no por la imagen de la Torre Eiffel o de una terraza donde pasar la tarde. Lo reconocían por las comedias de Ernst Lubitsch , Casablanca ( Michael Curtiz , 1942) o Un americano en París ( An American in Paris , Vincente Minnelli y Gene Kelly, 1951). En esa imagen estereotipada —todo estereotipo suele basarse en realidades que aligeran y repiten la misma idea—, a nadie llama la atención la pobreza en la que puedan vivir el compositor, el pintor o la exiliada rusa que ocupan la buhardilla parisina que sirve de escenario principal para Café de París (1943), una comedia que adelanta su bohemia en ocho años a la expuesta por Minnelli. Su situación no nos duele porque se ha estereotipado, ha perdido vida para ser en la evasión. Entre el melodrama y la comedia romántica, con Conchita Montes a la cabeza de un reparto en el que los secundarios aport...