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Mostrando las entradas etiquetadas como ciencia-ficción

Verne lee el mundo

Verne lee el mundo   Por Antonio Pardines Dédalo e Ícaro volaron tan alto que el segundo quemó sus alas y cayó al vacío, pero había sembrado la ambición de volar. El mito era y es fantasía, incluso una lección moral sobre la posibilidad, la ambición, la liberación y la mortalidad humana, pues se trataba de una invitación a aspirar a más, a ese más que unos pocos, a menudo calificados de locos por sus contemporáneos, han sentido siempre como motor existencial. Tal empuje vital se descubre en las imágenes documentales que abren El amo del mundo ( Master of the World , William Witney, 1961). Son apenas cinco minutos de slapstick real, de golpes y porrazos de individuos que se echan a volar con los artilugios más extraños o ridículos (vistos hoy), mismamente unas simples alas a lo Ícaro. Pero los nuevos alados no son mitológicos, no son ideas morales. Son pioneros que, vistos fuera de contexto, resultan graciosos o más bien parecen payasos. Esas imágenes son empleadas por William Wit...

Flash Gordon (1980)

Desde que inició su carrera internacional, el productor Dino de Laurentiis siempre fue a la caza del éxito. No es que antes no lo hiciera, pero en su filmografía italiana —en la que brillan sus mejores producciones, tal que  La Gran Guerra ( La Grande Guerra , Mario Monicelli , 1959)—, el mercado se limitaba a su país natal y los presupuestos eran menores. En todo caso, siempre intentó contar con grandes cineastas, guionistas, actores, actrices…, lo cual le deparó algunas películas que son clásicos del cine. Pero, entre sus casi doscientas producciones (acreditadas y sin acreditar), muchas resultaron irregulares; tal vez las menos logradas fuesen las destinadas al mercado internacional, a pesar de que entre estas se encuentren títulos magistrales como Serpico ( Sidney Lumet , 1973), Cara a cara al desnudo ( Ansiktew mot ansikte , Ingmar Bergman , 1976) o Terciopelo azul ( Blue Velvet , David Lynch, 1986), pero las más son de calidad cuestionable. Su búsqueda del éxito en taquil...

Regreso al futuro III (1990)

Hay varios aspectos que se repiten a lo largo de la trilogía Regreso al futuro, desde algunas fechas a las que la historia regresa, la de 1955 y la 1985, hasta el reloj del ayuntamiento, pasando por la inmadurez de Marty, la cual parece decir adiós una vez de vuelta del salvaje oeste en el que se ambienta esta tercera parte, cuando Doc les expresa (a Marty y a Jennifer) una doble sentencia que bien podría considerarse la moraleja de la serie, al menos la más evidente y quizá también la más falsa: <<Vuestro futuro no está escrito, solo depende de vosotros>>. Escuchar esto me genera no pocas dudas, porque una mirada alrededor y al interior parece confirmar que en cada individuo existen factores y actores externos que le condicionan y que condicionarán ese futuro que, según en científico, solo depende de ellos. Pero solo se trata de una frase de película y, tal vez, la moraleja más interesante sea aquella que Zemeckis no expresa, sino que muestra desde el inicio y que cuestion...

Regreso al futuro II (1989)

La primera entrega de la serie dejó abierta la puerta a la segunda, la cual no sería factible sin el enorme éxito de taquilla que cosechó Regreso al futuro ( Back to the Future , 1985) y sus ya icónicos personajes Marty McFly (Michael J. Fox) y “Doc” Brown (Christopher Lloyd). Ambos retoman el hilo temporal en Regreso al futuro II ( Back to the Future Part II , 1989), viajando primero a 2015, cuando Marty ya tiene 47 años, para regresar al presente de 1985, a los 17 de McFly, y después al pasado de 1955, cuando tiene -13, obligado a este nuevo retroceso porque su presente ya no es el que le gusta y pretende devolverlo a la línea temporal que prefiere, aquella cuya forma deparó su primer viaje. Ahí no le importó cambiar el devenir, puesto que mejoraba sus condiciones de vida, las que se observaban al principio. En este aspecto, Marty es un manipulador y un jugador de ventaja que logró en su viaje inicial sacar provecho para él y su familia, convirtiendo el núcleo en descomposición en ...

El chip prodigioso (1987)

Una mirada que recorra su obra fílmica desde el hoy al ayer, lo que suele decirse una retrospectiva, permite ver que el primer largometraje de Joe Dante fue toda una declaración de intenciones y de gustos que vertebrarían el resto de su carrera, pues en Movie Orgy (1968) tomaba de diversas películas de serie B de la década de 1950 para dar forma a una orgía cinematográfica de monstruos y etes que amenazan la Tierra. Esa afición por las películas de bajo presupuesto, que le deleitarían en su infancia y adolescencia —como también lo harían con Steven Spielberg, el productor ejecutivo de varios de sus títulos más populares—, por el humor y la fantasía que desprenden, marcó su rumbo profesional desde sus primeros pasos. Solo hay que ver sus películas para darse cuentan de ello —su segundo largo, Esas locas del cine ( Hollywood Boulevard , 1976) lo ambienta en la industria cinematográfica, en una productora de serie Z, más que B—, y también para disfrutar de un tipo de cine sin prejuicio...

El día en que la Tierra se incendió (1961)

La era atómica y el cine catástrofes se dan la mano en esta producción británica dirigida, producida y escrita (junto con Wolf Mankowitz), por Val Guest, en ocasiones un cineasta brillante y siempre un todoterreno de la dirección que tiene en su haber obras cinematográficas de ciencia-ficción tan populares entre los asiduos al género como las dos primeras entregas del doctor Quatermass: El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1955) y Quatermass 2 (1957). Otra de sus mejores aportaciones a la “fantaciencia” es la más realista El día en que la Tierra se incendió (The Day the Earth Caught Fire, 1961), para quien esto escribe, junto a las bélicas  The Camp on Blood Island (1958) y Ayer enemigos (Yesterday’s Enemy, 1959), la película más contundente de las suyas. Realista por su sobriedad y por el tono de crónica con el que Guest detalla los hechos que suceden noventa días antes del presente que nos descubre un Londres inusual, tórrido más que cálido, asfixian...

Men in Black (1997)

El cine hecho en Hollywood ha sido, de largo, uno de los medios de difusión de conformismo para sedación y tranquilidad de la clase media; cierto que hay excepciones, tales como Charles Chaplin, Preston Sturges, Orson Welles, tres expulsados del paraíso porque comieron del árbol prohibido de la independencia creativa, John Ford, indiferente a los mandamases, Billy Wilder, cuya ironía le llevó a burlarse del sistema desde dentro, y los nombres que se les ocurran, pero son los menos… Por norma no escrita, aunque sí asumida y fomentada desde la era de los estudios, Hollywood fabrica un producto que pretende llegar al mayor número posible de consumidores; lo cual, a priori, es generoso, pero, en realidad, no le impulsa la generosidad, de la que carece, sino la posibilidad de un buen negocio. De modo que la “orden” es no exigirle un pensamiento crítico, solo complacerlo sin obligarle a un ejercicio de mínima reflexión que podría espantarlo o hacerle pensar. Ya no se trata de dar al público ...

Hijos de los hombres (2006)

Aparte de los temas que trata, y que ya habían sido expuestos en la pantalla con anterioridad, (inmigración, neofaccismo, deshumanización, envejecimiento poblacional, peligro de extinción,…), el que llama mi atención se expone en una breve escena, cuando Theo (Clive Owen), el protagonista de Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006), acude a su primo (Danny Huston), cargo importante en el gobierno británico, y descubre que este se desvive por salvar obras de arte en un mundo humano que se consume y camina hacia su extinción. Theo le dice algo así como que no sabe para que se preocupa, si en cien años nadie podrá disfrutar de esas piezas artísticas que Nigel ha rescatado. El mundo humano presentado en la película agoniza, vive su última generación, lo que supone que nadie quedará para ver el  Guernica que luce en la sala donde almuerzan, ni los Velázquez que Nigel dice haber salvado durante la caída de Madrid. Nadie habrá para ser testigo y juez, ni depositario,...

Marte (2015)

Perderse en la inmensidad del desierto o verse atrapado cual Robinson Crusoe en una isla desierta implica el cara a cara con uno mismo, con la soledad, con el medio y la muerte, pero en Marte (The Martian, 2015) no se da tal careo, salvo con el espacio (y esto de modo muy reducido). Ni siquiera parece existir una alteración en la percepción temporal por parte del náufrago, sino que la propuesta de Ridley Scott se centra en el espectáculo de la superación y de la “supervivencia”, así como en el rescate que los profesionales y ejecutivos de la agencia espacial preparan desde la Tierra. Aunque sin detenerse en ella, Scott también exhibe la capacidad de adaptación del “humano marciano” en el entorno inhóspito donde queda aislado tras la tormenta que obliga a sus compañeros de misión a despegar. Lo dan por muerto cuando estalla el estruendo, fruto de los efectos especiales, pero, tras la tempestad, llega la calma y la tripulación viaja en la Hermes de regreso a la tierra. Ignoran que su co...

Viaje a Marte (1918)

En la década de 1910 el cine danés vivió su apogeo, en buena medida gracias a la Nordisk Film, la productora fundada por Ole Olsen y Arnold Richard Nielsen en 1906. Como tantos otros pioneros, Olsen se había dedicado primero a la exhibición de películas y solo cuando vio la necesidad de llenar las pantallas con producción propia, para satisfacer la alta demanda, se decidió a rodar sus films y producir los de otros. Su compañía cinematográfica llegó a contar con cerca de dos mil empleados, entre ellos la popular Asta Nielsen, una de las más grandes estrellas internacionales de la época, Viggo Larsen, Forest Holger-Madsen y Carl Theodor Dreyer. Contaba, asimismo, con distribución internacional y con filiales en el extranjero, en países como Alemania y Estados Unidos. Era una gigante del entretenimiento que en Europa competía con Pathé, pero, hacia 1918, año en el que concluye la Gran Guerra, la nueva realidad —Hollywood se impone definitivamente y el cine alemán se industrializa y la UFA...

¡Han llegado! (1996)

Aparte de lo creíble o poco creíble que Charlie Sheen pueda estar en el papel de científico (o en cualquier otro), con perilla y gafas, pero sin la bata, ¿ ¡Han llegado! (The Arrival, 1996) entretiene más que otras producciones de ciencia-ficción realizadas en la década de 1990 en Hollywood? Lo dudo, es más de lo mismo. Excepciones al margen, la redundancia, la repetición, ha sido la nota predominante desde hace años; apenas importan las ideas o los conflictos, se prima la acción o la intriga y, más allá, el vacío. Décadas atrás, en Hollywood, se habían producido algunos de los grandes títulos del género; sin ir más lejos, Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951) o La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Donald Siegel, 1956), en la que vainas venidas del espacio exterior se metamorfoseaban en seres aparentemente humanos. En el film de Wise el extraterrestre llega para advertir a la humanidad mientras que en el de Siegel...

Viaje cósmico (1935)

<<La Tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede vivir en una cuna para siempre>> Konstantin Eduárdovich Tsiolkovsky: Filosofía cósmica . Desde que, inspirado por Julio Verne y H. G. Wells, Georges Méliès estampó su cohete-bala sobre la cara visible de la Luna han sido muchos los viajes cinematográficos al satélite, pero los cosmonautas del pionero francés, o mismamente los de Fritz Lang en La mujer en la Luna (Frau im Mond, 1928), viajan tal cual quien sale de excursión o de paseo por el campo. No tienen en cuenta las características del viaje ni que las condiciones ambientales lunares difieren de las terrestres, las obvian porque, en ambos casos, se trata de fantasía y no de una representación científica. En estas primeras muestras de ciencia-ficción prima lo segundo, así como la ilusión e ingenuidad que también tienen cabida en Viaje cósmico (Kosmicheskiy reys: Fantasticheskaya novella, 1935), aunque en esta producción soviética ya se tiene en cuenta aspectos f...

Akira (1987)

La expresión “película de culto” suena a que una película gusta a alguien de tal forma que no se plantea el porqué; ya que el rendir culto a algo implica que ese “algo” no se razone, sino que se venere sin más motivo que la propia veneración. A veces, incluso, se trata de una heredada, con lo cual la posibilidad de cuestionar lo idealizado parece disminuir y se asienta en la creencia, de la que ya no se duda. Como en toda expresión artística que se pueda valorar, dentro de cine y, ya individualizando, dentro de las llamadas “películas de culto” sucede que las hay mejores y peores. Hay obras maestras y pifias que suenan a chiste, pero, al final, la valoración se reduce a lo que cada quien prefiere. De modo que el cine, como otros medios de expresión, acaba siendo una cuestión de preferencias para el consumidor, y llegar a un acuerdo en los gustos resulta imposible. Dicha disensión da pie a la discusión, al intercambio de opiniones, a enriquecer una charla, también podría empobrecerla, p...