Desde su aparición, la opinión pública tiene la gracia de ser voluble y la suerte de ser fácilmente manipulable. Esto lo supieron y lo saben los distintos quienes que la han controlado desde los tiempos previos a la aparición del impagable manuscrito y mucho antes de la invención de la revolucionaria imprenta, pero nunca fue tan sencillo manipularla como desde la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Primero, prensa escrita —si algún día pueden, pregunten a Hearst, a Pulitzer o a Torcuato—, más adelante, radio, cine, televisión, internet,… son algunos de los medios que constantemente ofrecen su versión y visión de hechos, situaciones y personajes que a menudo nos llegan diferentes a cómo son en la realidad o solo partes de la misma… Esto es inevitable, inevitabilidad que no significa más que lo de siempre: que existen intereses y poderes que buscan controlar la opinión popular para sus fines. No obstante, en cualquier sociedad libre, está en mano del ámbito educativ...