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Mostrando las entradas etiquetadas como alejandro pérez lugín

Rincones sin esquinas (los troyanos)

Ignoro dónde y cuándo aparece la idea y se origina la inspiración en la vida y en el arte, sobre todo consciente de que ya son tantas las existencias y las obras artísticas que lo original corre el riesgo de perderse en el olvido y que algo posterior asuma serlo sin que lo sea. Pero lo que parece quedar claro es que originariamente somos a partir de lo que otros fueron, vivieron y trasmitieron, ya fuesen nuestros padres y madres, abuelas, algún vecino u otros personajes de nuestras vidas, ficticios o reales. Nos hacemos y somos en el rechazo y en la aceptación o asimilación de lo ya existente. La luz de nuestro pensamiento se hace ahí y solo desde ahí, la base que nos legan e intentan inculcarnos, sin pensar que algún día construyamos un universo mental propio, se puede avanzar, pues sin una superficie sobre la que pisar y dar los primeros pasos se antoja imposible dar los siguientes. De algo de esto escribo en mi libro “Rincones sin esquinas”, por donde asoman hombres y mujeres anónim...

La casa de la Troya (1959)

La cuarta versión cinematográfica de la novela de Alejandro Pérez Lugín fue la primera realizada en color, pero su promesa de colorido no se cumple o se cumple a medias. La fidelidad de Rafael Gil al original literario no sorprende, ya que el cineasta siempre se mostró respetuoso con las obras que adaptó a la pantalla; incluso, habría para quien, mostró “sumisión” a ellas: <<en ocasiones me han echado en cara, esa influencia literaria, diciendo que soy poco creador. Pues a lo mejor es verdad, pero no lo puedo evitar, tengo un peso literario producto de mi formación, y no puedo prescindir de él>>. 1 Este peso literario quizá se note menos en La casa de la Troya , puesto que ya el libro presenta una narración cinematográfica. <<Pienso que Pérez Lugín, si viviera, sería el mayor guionista del cine español. Yo he hecho tres películas de él: “ La casa de la Troya ”, “ Currito de la Cruz ” y “ Camino del Rocío ” y son comerciales, sin discusión, gracias al sentido popula...

La casa de la Troya (1948)

Hubo un tiempo en el que La casa de la Troya (cuya primera edición data de 1915) fue un superventas que traspasó fronteras, cruzó océanos y se tradujo a idiomas como el inglés — The House of Troy (1922)— y, en 2021, vio por primera vez su traducción al gallego, más de cuarenta años después del reconocimiento constitucional de la lengua gallega. Su éxito fue tal, que el cine no fue ajeno a su canto, ni el teatro, ni la zarzuela ni, más recientemente, el cómic. Primero fue el propio Alejandro Pérez Lugín , el autor de la novela, quien, junto a Manuel Noriega , la llevó a la gran pantalla en la película homónima de 1924 y, posteriormente, tres versiones más verían luz; siendo la más curiosa, aunque no la mejor —ese puesto todavía lo conserva la primera versión—, la realizada en México por Carlos Orellana . Este salto de continente provoca que me pregunte por qué no trasladar también la historia de Gerardo Roquer de Paz ( Armando Calvo ) y Carmen Castro Retén ( Rosario Granados ). Sospe...

La Casa de la Troya (1924)

Intento evitar las anécdotas personales cuando escribo sobre películas, pero, como una guarda relación con La casa de la Troya (1925), en este caso no lo haré. Realizada la advertencia, evocó la visita que hice a la pensión popularizada por las páginas de la novela de Alejandro Pérez Lugín y por la adaptación cinematográfica que él mismo realizó junto al no acreditado  Manuel Noriega . Hace algunos años, me acerqué hasta ese céntrico lugar compostelano cuya recepción, a un paso de la entrada-salida de la casa, es de un tamaño que no permite pasar desapercibido. En ese instante, solo éramos tres o cuatro visitantes, de modo que no pude ocultarme entre la multitud y dar esquinazo a la guía, que muy amablemente se presentó ante nosotros. Igual de agradable, nos condujo primero a la antigua cuadra donde, en la época de  Lugín , se encerraba a los animales, y después nos acompañó por las diferentes habitaciones del edificio y nos hizo partícipes de anécdotas creíbles o no t...