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Mostrando las entradas etiquetadas como gary cooper

Deseo (1936)

Se ha hablado de la autoría de Deseo (Desire, 1936), poniendo en duda si se trataba de una película de Frank Borzage , quien aparece acreditado como único director, o de Ernst Lubitsch , por entonces jefe de producción de la Paramount y productor del film. No cabe duda que la película está influenciada por Lubitsch , que supervisó el film y colaboró en el guion —firmado por Edwin Justus Mayer, Waldemar Young y Samuel Hoffenstein, a partir de la comedia de Hans Szekely y R. A. Stemmle—, pero tampoco conviene olvidar que Borzage participó en el desarrollo del mismo ni que fue quien lo filmó, salvo en una única intervención del cineasta berlinés en el plató donde se rodaba esta elegante comedia de la que Dietrich, su actriz principal, no dudó en señalar que <<Borzage fue el único director de Desire >>. (1) Y ya que estamos con la estrella alemana, Deseo volvía a reunirla en la pantalla con Gary Cooper , su compañero en la exitosa Marruecos (Morocco, Josef von Sternberg, 19...

Las calles de la ciudad (1931)

Su procedencia teatral no se dejó notar cuando llegó al cine en tiempos de la transición del silente al sonoro, pues su interés no estaba en los diálogos, sino en el uso de la cámara, en sus movimientos como parte fundamental para narrar, en su combinación con los sonidos. Fue entonces cuando Rouben Mamoulian destacó como uno de los cineastas más innovadores y que mejor partido supo sacar a las imágenes y al sonido en los albores del sonoro. Ejemplar en la combinación audiovisual fue Aplauso (Aplause, 1929), su primer largometraje, también El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931), quizá su obra más arriesgada y lograda, y Las calles de la ciudad (City Streets, 1931), un film gansteril que parte de una historia de Dashiell Hammett, uno de los grandes de la serie negra, en el que Mamoulian introduce y deja oír la voz interior (el pensamiento) por primera vez en la pantalla, cuando Nam (Sylvia Sidney) está en prisión y recuerda algunos de los momentos previos a su ingres...

La gran prueba (1956)

Basada en la novela de Jessamyn West, publicada por primera vez en 1945, y con guion de Michael Wilson —en el que también colaboraron, sin acreditar, Robert Wyler y la propia West—, William Wyler realiza en La gran prueba (Friendly Persuasion, 1956) un drama, con no pocos momentos cómicos, que se decanta desde el primer instante contra la intolerancia que disimula gracias al humor que prevalece en la práctica totalidad del metraje, salvo en la parte que la guerra alcanza a la pacífica comunidad donde se desarrolla la historia. Siguiendo el original literario, Wyler ambienta su film en 1862 y concede el protagonismo a los Birdwell, una familia cuáquera cuya religiosidad no se basa en un credo oficial, sino en censuras y en conductas represivas, como las practicadas por el resto de la comunidad cuáquera del lugar. En público y en privado, se censura el humor, la vanidad, la competición, la violencia, cualquier tipo de excitación está mal vista. Son pacifistas, antiesclavistas, “amigos” ...

Las aventuras de Marco Polo (1938)

  Si la ficción cinematográfica concediese demasiada importancia a la realidad, dejaría de ser ficción y sería otra tipo de cine. En la ficción prevalece la invención o la adulteración de hechos cotidianos o históricos, y lo mismo valdría para los personajes. Por otro lado, da igual que el espacio exista, se invente o se recree, incluso que no nos movamos de los decorados de un estudio. Y es indiferente porque la magia de cine se encarga de trasladarnos a lugares como la Venecia de decorado de Las aventuras de Marco Polo ( The Adventures of Marco Polo , 1938) o a la China de cartón piedra y madera a donde llega el comerciante veneciano. Nos da igual porque las imágenes nos engañan y nosotros aceptamos viajar desde nuestro asiento y acompañar a un Marco Polo ajeno al real. El que vemos es un supuesto aventurero y un héroe que, en apariencia, responde a las características de Gary Cooper , de hecho es más Cooper que Polo. Siempre es a la estrella a quien vemos, pero, en esta ocasi...

Una mujer para dos (1933)

Sin exhibicionismo, sin violencia, solo una sutil bofetada a las mentes biempensantes de parte de Ernst Lubitsch , que prefiere un trío vital a un matrimonio que comprendemos muerto antes de que Max ( Edward Everett Horton ) abandone el inmaculado lecho nupcial que ha compartido con Gilda ( Miriam Hopkins ). La escena a la que tenemos acceso lo dice todo: sale de la habitación, cierra la puerta y, malhumorado, da un puntapié a la maceta con dos tulipanes idénticos que George  ( Gary Cooper ) y Tom ( Fredric March ) enviaron a la novia como regalo de boda. Por eso me gusta Lubitsch , porque es capaz de transgredir con elegancia, y esto le sobra a una comedia del tipo Una mujer para dos ( Desing for Living , 1933). En el cineasta de "dos para una mujer" vence la alegría, el amor y el sexo. Pierden los convencionalismos, la hipocresía y la moral que La liga de la Decencia y el código H...

Adiós a las armas (1932)

En Adiós a las armas , Hemingway va presentando el panorama a medida que lo recuerda-vive su narrador omnisciente, aquel que se ha presentado voluntario al cuerpo de ambulancias del ejército italiano. Se trata de un teniente estadounidense que conoce la guerra desde la retaguardia o cuando las batallas tocan a su fin y acude al frente a recoger heridos, al mando de cuatro ambulancias. La más de las veces comparte su tiempo con Rinaldi, el doctor y amigo con quien se emborracha y busca diversión allí donde pueden, y eso es lo que busca cuando conoce a la enfermera inglesa Catherine Barkley. En definitiva, el protagonista vive el momento, y este apremia. No ha tomado conciencia de la situación, ni pretende mantener una relación amorosa con la chica; y sin embargo nada podrá hacer para evitar lo uno y lo otro. A Hemingway le disgustó la versión que Frank Borzage había realizado de Adiós a las armas , quizá porque <<sin du...

Policía Montada del Canadá (1940)

El carácter conservador de Cecil B. DeMille no solo era ideológico, también era práctico. Lo comprobamos sobre todo en sus películas sonoras, que repiten estructura y la ausencia de imparcialidad del cineasta en las disputas propuestas. Supongo que no se plantearía cambiar algo que funcionaba, que lo importante era triunfar en la taquilla y, para ello, nada mejor que ofrecer espectáculo, simple y repetitivo, jugar sobre seguro y hacer lo que mejor sabía hacer, sin riesgos, sin molestar con complejidades que alejasen de las salas a su numeroso público. De ahí que el cine sonoro DeMille  vuelva una y otra vez sobre constantes formales y temáticas, prescinda de la Historia en los films que se basan en hechos históricos, busque la épica y el drama, el romance y la rivalidad entre antagonistas -por el amor de una mujer-, y la lucha entre el bien y el mal, que representa en el héroe y el villano. Pero lo ofrecido por el realizador no funciona regular en todas sus películas. En alguna...

Gary Cooper, un cowboy de Montana en Hollywood

<<La cámara y el micrófono son dos instrumentos tan sensibles que no es necesario proyectarse hacia ellos, porque penetran en los intérpretes y muestran lo que realmente llevan dentro. En el caso de Cooper, en la sala de proyección se revelaba una personalidad sumamente compleja y fascinante. El poder psicoanalítico de la cámara puede ser beneficioso o perjudicial para un actor. En el caso de Cooper, era lo que le daba vida.>> King Vidor (1) Existe una gran diferencia entre interpretar un personaje y que un personaje se adapte a la personalidad del intérprete. En el primer caso, de mayor capacidad dramática, el actor o la actriz crean múltiples formas y registros y los muestran en su esencia. En el segundo, la personalidad aludida por Vidor se transfiere al ser ficticio, provocando que las películas giren en torno a las características específicas de quienes le dan vida en la pantalla y, cuando recordamos sus actuaciones, la imagen que viene a la memoria popular es la...

El virginiano (1929)

Escrita en 1902, la exitosa novela de Owen Wister dio pie, entre otras, a cinco adaptaciones realizadas en cinco momentos puntuales de la evolución del western: en los albores de Hollywood, en 1914, a cargo de Cecil B. DeMille ; en pleno auge silente, en 1923, Tom Forman la llevó a la pantalla; su paso del silente al sonoro en El virginiano ( The Virginian , Victor Fleming , 1929); durante el periodo de esplendor del género en la versión de Stuart Gilmore realizada en 1946 y la famosa serie de televisión en el “ocaso” genérico en la década de 1960 (en antena entre 1962 y 1971). De todas ellas, la más relevante para el género fue la tercera, tanto por ser uno de los primeros westerns sonoros rodados en exteriores —el honor de ser el primero recae en  En el viejo Arizona ( In the Old Arizona ; Raoul Walsh e Irving Cummings , 1928)— como por sus aportaciones al imaginario popular del far west . Otro aspecto a destacar sería la presencia de Walter Huston  y el protagonismo de...

Marruecos (1930)

Tras su estancia en Alemania, donde rodó  El ángel azul ( Der blaue engel , 1930), la primera película sonora alemana y una obra maestra indiscutible del cine,  Josef von Sternberg regresaba a Estados Unidos acompañado de la interprete que había dado vida a Lola Lola, la vampiresa protagonista del film. Aquella joven desconocida para el público estadounidense, pronto dejaría de serlo. Gracias a sus seis películas en común para Paramount , realizadas entre 1930 y 1935,  Sternberg convirtió a Marlene Dietrich en un icono ambiguo y morboso, imagen fomentada a partir de la escena de Marruecos ( Morocco , 1930) en la que, vestida en un frac, para mayor regocijo del público que observa su erotismo y sensualidad, besa a una de las clientas del local donde actúa. De esta forma,  Dietrich  entraba por la puerta grande en el cine estadounidense , en el seno de uno de los estudios más poderosos del momento y, seguramente, el más liberal, bajo la dirección de su mento...