Como mínimo, a cualquier utópico le quedan las opciones de futuro de convertirse en un intolerante, de vivir en la resistencia, por tanto en la marginalidad y el aislamiento, o de ser un desencantado con o sin encanto. Décadas después de su debut cinematográfico, Nani Moretti no es lo primero, es de los que tienen encanto y un atisbo de esperanza que se niega a perder, y por ello da gusto volver a su cine, el cual tiene la atractiva e inusual necesidad intelectual de observarse a sí mismo y a su alrededor, de mirar sin perder el sentido del humor y plantearse la vida y el propio cine que, como expresión humana, no deja de ser parte de ella. No abandona sus gustos cinéfilos ni su humanismo, tampoco su humorismo y su reflexión sobre el hoy, que es ese momento siempre en fuga y cámbiate que nos toca vivir una y otra vez, en ocasiones, viviéndolo inconscientes de los cambios que se producen en las relaciones y en el paisaje humano, fuera y dentro del individuo. En El sol del futuro (Il so...