<<Durante las últimas semanas de su vida, Hitler, según creí advertir, había perdido aquella rigidez de los años anteriores. Volvía a mostrarse más asequible y, en ocasiones, hasta estaba dispuesto a discutir sobre sus decisiones. Todavía en el invierno de 1944 hubiera sido inconcebible que se avinieran a hablar conmigo sobre las perspectivas de la guerra […] De todos modos, aquella nueva actitud respondía no tanto a un relajamiento interno como a una total claudicación, y solo le mantenía en movimiento la inercia almacenada durante años anteriores. Resultaba, sencillamente, inmaterial. Aunque quizás en esto siempre fue el mismo. Al recordarlo, me pregunto muchas veces si aquella falta de corporeidad, aquella intangibilidad no fue su rastro característico desde su primera juventud hasta el momento de su violenta muerte. Precisamente por ello podía apoderarse de él con mayor fuerza el despotismo, ya que no era contrarrestado por ninguna emoción humana. Nadie consiguió nunca descub...