En Las largas vacaciones del 36 (1976), Jaime Camino miraba la guerra civil concediendo el protagonismo a dos familias de veraneantes en un pequeño pueblo catalán donde la guerra primero se escucha cual eco en la distancia y después se aproxima a la realidad cotidiana. Cada día se hace más y más presente en sus vidas. En todo caso, la lucha armada permanece en la lejanía que Alfonso Ungría rompe en Soldados (1978), cuya acción se introduce hacia final de la guerra, en un pueblo similar al escogido por Camino para desarrollar su historia. Pero hay algo diferente en ese invierno de 1939, cuando el ejército del frente de Cataluña se bate en retirada. Pronto, lo comprobamos. Es un pueblo fantasma. Sus habitantes se han escondido y otros han sido “ajusticiados” por quienes, conscientes de la victoria “nacional”, han dado rienda suelta a su postura, que se decanta hacia el lado del vencedor. El grupo de soldados que alcanza la localidad se encuentra exhausto y desmoralizado tras la batalla...