Que un director de cine realice su primera película sin apenas medios no es infrecuente. A veces, es la única opción real que encuentra para sacar su proyecto adelante. Para ello, se las ingenia y reúne un puñado de dólares y se rodea de un grupo de amigos, algunos sin la menor idea de en qué consisten las reglas básicas del cine y otros con experiencia similar a la del osado que se pone al mando, una que, en ocasiones, no dista de la inexperiencia. El primer largometraje de Jim Jarmusch, Permanent Vacation (1980), es un ejemplo de dicha osadía, la de un tipo que, ajeno al cine comercial, quiere hacer uno propio, pues ya desde el principio indica que lo suyo es ir a contracorriente, ser un outsider del tipo Nicholas Ray, a quien Jarmusch parece rendir homenaje en el cine a donde Allie (Chris Parker) acude, aparte de ser su agradecimiento a quien quizá considerase uno de sus maestros —Ray colaboró con él en la preproducción de este largometraje—. Allí proyectan Los dientes del di...