Al contrario que su amiga Rosalía de Castro, que lloró su temprana muerte en un poema que puede leerse al final de este texto, Aurelio Aguirre, el otro romántico nacido en Santiago de Compostela, cayó en el olvido de sus paisanos poco después de ahogarse en las aguas del Atlántico, en la playa de San Amaro; hay quien dice que por accidente y quien por voluntad propia. En todo caso, se cumplía la “maldición” del poeta romántico: morir joven y dejar una obra poética llena de sentimientos y emociones. La de alguien en quien vida y pasión se funden, en quien lo racional y lo irracional se confunden… <<¡Pobre Aurelio, —se lamenta a Murguía en Los precursores—, de haber vivido, qué de desencantos hubieras experimentado! ¡Ah, más te vale dormir medio olvidado en tu sepulcro, que no ver lo que hemos hemos visto otros menos afortunados, puesto que vivimos y sabemos por experiencia hasta dónde alcanza el agradecimiento de los pueblos! ¿Qué hubieras hecho en el mundo, tú que no conocías más...