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Mostrando las entradas etiquetadas como arthur lubin

Impacto (1948)

Más que por aclarar el significado del sustantivo que da título a la película, sospecho que Arthur Lubin introduce la definición de Impacto (Impact, 1948), antes de que empiece la acción del film y de que sepamos un mínimo sobre su trama, para abrir su historia a lo inesperado, al suspense, y para generar la sospecha de choque, incluso de la “fatalidad” que no se cumple. Dicha “fatalidad” es un abstracto que, cinematográficamente hablando, se asocia al cine negro y trae a la mente la imagen de una pareja arrastrada por el destino, por ejemplo Los amantes de la noche (They Live by Night, Nicholas Ray, 1948), o la de un individuo que, sugestionado y manipulado por la figura de la mujer fatal, pierde el control sobre su existencia e inevitablemente se deja conducir hacia su fin; ejemplares de este tipo de fatalismo son Perdición (Double Indemnity, Billy Wilder, 1944), El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice, Tay Garnett, 1946) y Retorno al pasado (Out of th...

Mi mula Francis (1949)

En las fábulas de Esopo, los animales hablaban, cobraban conciencia de ser. El autor los humanizaba para ofrecer lecciones molares; es decir, les concedía características humanas, tales como la palabra, el pensamiento y principios, y ofrecía un relato que contenía una enseñanza. Era un cuentista y un moralista que inspiró a Walt Disney para sus Silly Symphonies , los cortometrajes animados cuyos protagonistas eran animales. Un año después del primer episodio de la serie animada de Disney, Warner Bros. lanzaba sus Looney Tunes , también con animales en la cabeza de cartel. Eran dibujos y a nadie sorprendía verles hablar. Ya hacia finales de la década de 1940, Arthur Lubin, que no era griego ni se había fogueado en la productora Disney, trabajaba en el estudio Universal de Hollywood, para el que ya había rodado entre otras las comedias de Abboutt y Costello, y se adaptaba a las exigencias de la empresa fundada por Carl Laemmle en la década de 1910. Lubin era consciente del lugar que ocup...

Alí Babá y los cuarenta ladrones (1943)

<<Para pasar el rato distraído>> podría ser el lema de Universal Pictures o de cualquier estudio del Hollywood clásico (también del actual), que no siempre cumplen su promesa de evasión y entretenimiento. A veces caen en el aburrimiento, porque acaban repitiendo el mismo patrón, lo que provoca sensación de ya visto. Hay películas que se repiten, aunque los parajes cambien sus nombres. Las situaciones son similares, igual que la apariencia de los personajes. A grandes rasgos, daría igual que los héroes se llamasen Robin Hood y su lugar de acción estuviese ubicado en Sheerwood y alrededores; El Zorro, en la Baja California; Dardo, en Lombardía; o el Alí de Alí Babá y los cuarenta ladrones (Ali Baba and the Forty Thieves, Arthur Lubin, 1944) en Bagdad. Todos ellos son hijos de un mismo Dios: Hollywood, amén de ser proscritos que luchan contra la injusticia que les proscribe y se enamoran de sus respectivas heroínas, que tampoco distan las unas de las otras. Son estereotipos, ...