El naturalismo miraba la vida de un modo directo, totalmente diferente al romanticismo previo. Lo hacía sin la ilusión de aquel y con una narrativa precisa que apuntaba realidades del momento que, evidentemente, afectaban a los artistas. El Segundo Imperio generó la desilusión, consecuencia de la pérdida de libertades, y una cotidianidad en la que las utopías sociales ya no tenían cabida. Desprendiéndose del idealismo y de juicios morales, algo por otra parte imposible, puesto que su elección ya era moral (también postura política y social), los escritores naturalistas querían detallar aquella realidad, aunque lo expuesto tampoco fuese real, sino su reflejo pictórico o literario. Los inicios del movimiento estuvieron repletos de rechazo y escándalos, por ejemplo, el más sonado: el de Gustave Flaubert y su Madame Bovary . No fue el único, pero gracias al escándalo derivado de su proceso, el público sintió curiosidad. Cuando Jean Renoir filma Nana (1926), tanto Flaubert como...