Ir al contenido principal

La Marsellesa (1937)


El cine, la literatura, la música, la pintura, la publicidad, el imaginario y las creencias populares se unen al paso de los años, décadas y siglos, para generar y mitificar en el colectivo símbolos de un momento histórico, pero, al tiempo, provocan que esos iconos pierdan parte del significado real que tuvieron en su época. El devenir temporal también puede ser responsable de que una película rechazada en su día se mitifique o cobre valor con los años, y que un film mal recibido por la crítica, como fue el caso de 
La Marsellesa (La Marseillaise, 1937), sobreviva a quienes no quisieron o no supieron ver sus aciertos. Quizá no comprendieron que estaban ante un film vivo, por momentos desenfadado consecuencia del aire de camaradería y de libertad que respira, que no recrea hechos, sino que se centra en las personas anónimas que los hacen posibles. Personas que, si olvidamos que en la película son arquetipos, podrían ser cualquiera, pues ni son héroes ni villanos, simplemente son individuos corrientes como los seiscientos marselleses que se presentan voluntarios para marchar sobre París, donde pretenden poner fin a la tiranía del Antiguo Régimen con el que llevan luchando mucho antes del 14 de julio de 1789. Este es un día histórico para los franceses, un día que sirve a Jean Renoir de puerta de entrada a su homenaje al pueblo y a su recorrido revolucionario, el cual inicia con la figura de Luis XVI (Pierre Renoir) tumbado entre las sábanas de su lecho, atendido por uno de sus sirvientes y escuchando al súbdito que le informa de que el pueblo ha tomado la Bastilla. ¿Es una revuelta?, pregunta el monarca, medio dormido o poco espabilado; imagen que cumple la doble función de caricaturizar y humanizarlo. No, es la Revolución, el primer paso de otros muchos que el pueblo dará durante los siguientes minutos de metraje para transformar el reino en nación, y a los vasallos en ciudadanos libres y de pleno derecho.


Planteada la toma de la Bastilla y presentado uno de los protagonistas históricos, el cineasta avanza su relato hasta 1790 y se detiene en una sala donde la injusticia aristocrática condena a galeras a un hombre por matar a la paloma que le iba a llenar su estómago vacío. Pero este individuo, ayudado por otros ciudadanos, logra escapar y se oculta en las montañas donde se produce su encuentro con los dos personajes principales de esta producción histórica que 
Renoir logró financiar tras emitir una suscripción popular. <<Los que compraran acciones tendrían derecho a asistir gratuitamente a la proyección. Aquella idea me permitió la financiación de la película, lo que demuestra que se pueden hacer películas por suscripción, siempre que, evidentemente, no se cuente con ello para hacerse millonario>>*. Arnaud (Andrex) y Bomier (Edmond Ardisson) no pretenden enriquecerse, sueñan con hacer posible la trinidad civil igualdad, fraternidad y libertad. Pero en el momento en el que el realizador de Una partida de campo (Une partie de campagne, 1936) nos los presenta, son dos fugitivos que se ocultan a la espera de regresar a Marsella y alzarse contra la tiranía que agoniza. Allí comparten comida, humor y amistad con el hombre de la paloma y allí comprendemos que Renoir nos habla de <<un momento en el que los franceses creyeron realmente que iban a amarse unos a otros. La gente se sentía conducida por una ola de generosidad>>*, y esa <<ola>> remite a la fraternidad, uno de los tres pilares del eslogan revolucionario. En los voluntarios marselleses se observa la camaradería, la ilusión, el buen humor y como hacen suyo el himno del ejército del Rin, un himno que pasará de unos a otros hasta convertirse en el símbolo musical de su lucha. Pero la libertad cuesta, y la igualdad es una quimera que en el tiempo de exhibición de La Marsellesa aún era un imposible, de ahí que se pongan en boca de la madre de Bomier palabras en apariencia dirigidas a su hijo, antes de que este parta hacia París, pero que podrían ser palabras dirigidas a los habitantes de cualquier época: <<créeme siempre habrá ricos y pobres. No seréis vosotros quienes cambiaréis el mundo>>. Estas palabras confirman la existencia de diferencias sociales y económicas más allá de la Revolución Francesa, que en el film avanza como una <<ola de generosidad>> y de camaradería, pero también de lucha y de liberación, un ejemplo de esto lo encontramos en la figura de la ciudadana cuyo discurso cobra el protagonismo absoluto en la sala de la asamblea de Marsella donde se debate el envío de los voluntarios. Con la llegada de los marselleses y de otros ciudadanos a la capital se produce el asalto a las Tullerías, poniendo fin a la monarquía francesa, el principio del fin del Antiguo Régimen, el cual, a pesar de las palabras de Goethe —<<En este lugar y en este día ha comenzado una nueva época para la historia del mundo>>— que cierran la película, aún resistiría en Europa hasta la Gran Guerra (1914-1918).


*Jean Renoir. Mi vida y mi cine (de la traducción de Rafael del Moral). Akal, Madrid, 2011

Comentarios

  1. No la conocía y me ha despertado interés por verla . Sin duda será interesante . Gracias .

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De nada. Personalmente, me resultó interesante. En mi caso, el cine de Renoir siempre me aporta algo (casi siempre mucho). Espero que la veas, y te guste, y ya nos comentarás tu impresión.

      Saludos

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...