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Mostrando las entradas etiquetadas como robert altman

Nashville (1975)

<<América —especialmente Hollywood— no quiere a Altman: no le quiere por su independencia, por sus entrevistas de mal talante con que responde a la televisión, por un tipo de locura que con todo y tener raíces en el contexto americano extrae ironía y humor negro de la cultura europea, lo que hace de él un artista mestizo.>> Tal mestizaje, raíces, ironía y humor negro, aludido por Vittorio Gassman, (1) asoma en un buen número de producciones de Altman. Su “arte mestizo”, aparte de hacer a sus películas reconocibles, suele darle un plus de calidad y diversión allí donde se hace notar: M. A. S. H. (1970), Nashville (1975), El juego de Hollywood (The Player, 1992) o Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993). Son cuatro espléndidos ejemplos de esa mezcolanza con la que Altman radiografía sin disimulo critico ni vergüenza aspectos de entornos genuinamente estadounidenses, como serían el de la música country, la industria hollywoodiense, el western en Buffalo Bill y los indios (Buffa...

El doctor T y las mujeres (2000)

A lo largo de su carrera, Robert Altman manejó perfectamente repartos corales, así como diversos centros de interés, pero todos ellos apuntan a las relaciones humanas y su imprevisible modo de afectar a sus personajes. Su cine presta atención a hombres y mujeres, a sus encuentros y sus historias, que se cruzan y se afectan entre sí generando comedia, drama, imprevistos y desorden en películas como MASH (1970), California Split (1974), Nashville (1975), El juego de Hollywood (The Player, 1992), Vidas cruzadas (Short Cuts, 1995) o El doctor T y las mujeres (Dr. T and the Women, 2000). Altman tiene claro que nadie es una isla y que sus personajes son intimidades, sentimientos, crisis, todo y parte, ya sea de una familia como la de Sully Travis (Richard Gere) o de una comunidad que exige y no siempre corresponde como la cinematográfica a la que pertenece el productor de El juego de Hollywood . En El doctor T y las mujeres se centra en una clase media alta, complaciente, satisfecha, ...

Vidas cruzadas (1993)

¿Quién asegura que un encuentro inesperado entre desconocidos no influye en las vidas de ambos y de otros? ¿O simplemente que las existencias de estos y aquellos se encuentran conectadas por hilos invisibles en una cercanía conocida y en la distancia ignorada? Partiendo de varias historias de Raymond Carver, Robert Altman se libera de la sombra del autor literario y lo mira de tú a tú, haciendo suyo lo que puede ayudarle a realizar el cruce vital que se observa en su adaptación cinematográfica. La cual, más que una adaptación, es una creación propia del cineasta de Kansas, que reúne en Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993) otro reparto de los que se dice de “lujo” y entrelaza trozos de vida, de existencias comunes y privadas, que se cruzan unas con otras afectando la cotidianidad de cada individuo, sin que ninguno lo perciba o quiera percibirlo. La clase media estadounidense diseccionada por Altman, que venía de radiografiar Hollywood en El juego de Hollywood (The Player, 1992) —y que no...

Vincent y Theo (1990)

Si el precio del arte fuese justo —y aquí se presentaría la cuestión ¿quién establecería los varemos de dicha justicia?—, muchos de los que se han enriquecido serían pobres y los artistas pobres serían ricos o, al menos, no tendrían que mendigar por un techo y un pedazo de pan. En realidad, lo justo sería que el arte no tuviese precio y que el artista pudiese expresar su arte —que vendría a ser su forma personal de interpretar, racional e irracional, su relación con el mundo y consigo mismo—, que nace de las necesidades de la dualidad persona artista de expresar sentimientos, emociones, miedos, y de acercarse a los demás; pero de ser así, en un entorno en extremo mercantil, donde las ventas mandan y a todo se pone precio, entonces los creadores se morirían de hambre o necesitarían mecenas, lo que supondría estar sujetos a sus caprichos y a su humor. Pero el mecenas de Vincent ( Tim Roth ) es su hermano Theo ( Paul Rhys ), cuyo protagonismo se iguala al del pintor en la película de Robe...

M.A.S.H. (1969)

Estrenada en 1970,  M.A.S.H.  (1969) fue el primer gran éxito de un cineasta que había iniciado su carrera profesional como guionista a finales de la década de 1940, para, en la siguiente, debutar en la dirección con Los delincuentes ( The Delinquents , 1955). Durante esa época, también dirigió una serie de documentales y episodios de series de televisión, entre ellas Alfred Hitchcock presenta , Bonanza ,  U. S. Marshall y Peter Gunn , así como The James Dean Story (1956). En la década de 1960 realizaría varias películas, pero fue M.A.S.H. la que le dio el espaldarazo definitivo a su carrera. El éxito fue tal, e inesperado, más de ochenta millones recaudados cuando había costado alrededor de tres y medio, que daría pie a la no menos famosa serie de televisión homónima (en antena desde 1972 a 1983) y confirmaba a Robert Altman dentro del panorama internacional, al recibir la Palma de Oro en Cannes y ser nominado al mejor director en los premios BAFTA, Globos de ...

El juego de Hollywood (1992)

Emulando a Orson Welles en Sed de mal (Touch of Evil, 1958), espléndido film negro del que habla el personaje de Fred Ward mientras abandona el edificio principal del estudio ficticio de El juego de Hollywood (The Player, 1992), Robert Altman se marca un inicio de película en un plano secuencia que dura unos ocho minutos. El cineasta de Kansas los aprovecha para insertar los créditos y, sobre todo, para que su cámara merodee por el exterior de la productora en la que trabaja Griffin Mill (Tim Robbins), el ejecutivo encargado de aprobar y rechazar guiones, el mismo que recibe amenazas anónimas en postales sin sello y también de quien se rumorea que esta a punto de perder su puesto, porque por ahí anda un arribista de la Fox que quiere medrar a su costa o a la de cualquiera.  Pero justo antes de que inicie el recorrido sin cortes, Altman deja claro que lo que se verá a continuación es representación:  una película. Las primeras palabras que se escuchan, previo a la aparición...