jueves, 26 de mayo de 2011

de Almería a Big Whiskey

Cansado de papeles irrelevantes y de su estancamiento en la serie Rawhide, Clint Eastwood se compró un poncho y se fue a Almería a rodar a las órdenes de Sergio Leone Por un puñado de dólares, la primera película de la famosa trilogía del dólar (La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo). Aunque la realidad siempre es más complicada. Eastwood llevaba varios años interpretando personajes sin importancia en films como Tarátula (Jack Arnold, 1955) o La escuadrilla Lafayette (William A.Wellman, 1958), de modo que su carrera artística parecía condenada al fracaso, mientras, al otro lado del Atlántico, el cineasta italiano necesitaba un actor para su primer western. Había pensado en Henry Fonda, luego en James Coburn y en Charles Bronson, pero la contratación de estos no se ajustaba al escaso presupuesto del film (el sueldo de Eastwood fue de 15.000 dólares) y tuvo que conformarse con un joven desconocido que no encajaba en el perfil que buscaba. Sin embargo, la presencia de Eastwood en Por un puñado de dólares fue fundamental para el éxito de la película y de sus posteriores colaboraciones. Entre 1964 y 1967, el actor, director, productor y ocasional compositor musical, deambuló por el desierto almeriense para convertirse en la estrella del subgénero conocido como spaguetti western. Tras El bueno, el feo y el malo regresó a los Estados Unidos, donde gracias a su participación en los westerns de Leone pudo cambiar el rumbo de su carrera profesional, lo que le llevaría a fundar su propia productora, Malpaso. Su fulgurante camino hacia el estrellato había comenzado lejos de Hollywood, pero necesitaba asentarse dentro de la industria californiana, algo que consiguió en sus colaboraciones con el director Donald Siegel en La jungla humana, Dos mulas y una mujer, El seductor y sobre todo en Harry el sucio, thriller que lo confirmó como una de las grandes estrellas masculinas del momento. Otras de sus interpretaciones destacadas de aquellos años de las décadas de 1960 y 1970 fueron Cometieron dos errores, El desafío de las águilas, La leyenda de la ciudad sin nombre, Los violentos de Kelly, Joe Kidd, Un botín de 500.000 dólaresFuga de Alcatraz, su última colaboración con Siegel. Pero este actor de aspecto rudo, aunque sensible e inteligente, no se conformó con la mera actuación, pretendía hablar con las imágenes, dirigir sus propias películas y demostrar cuanto había aprendido al lado de los directores a quienes dedicó Sin Perdón. Pero sus personajes amenazaron con encasillarle: un pistolero anónimo (en las tres películas de Leone), duro, letal, ambicioso, pero poseedor de un peculiar sentido del honor o del dinero, y aquel a quien se identifica con el nombre Harry Callahan, inspector de la policía de San Francisco (también conocido por los sobrenombres de el sucio, el ejecutor o el fuerte y que interpretaría en cinco ocasiones). Sin embargo, su buen criterio le llevó a debutar como realizador en la película Escalofrío en la noche (1971). A partir de este título, su carrera como director le lleva del western (Infierno de cobardesEl fuera de la ley), a la comedia (Bronco Billy o El principiante), pasando por el thriller (Licencia para matar o Ruta suicida), sin olvidar la acción (Firefox) o el bélico (El sargento de hierro). Durante este periplo se encontró con detractores y admiradores, hasta que un buen día es reconocido por la Academia de las Artes Cinematográficas de Hollywood, que le concede el Oscar al mejor director por la crepuscular Sin perdón (1992). Todo el mundo aplaude su magnífico western y a su personaje, William Munny, y cuantos se dan cita en Big Whiskey, pueblo donde se enfrentará a un sádico sheriff y así mismo. Atrás quedaban grandes títulos: la romántica Primavera en Otoño (1973); Infierno de cobardes (1973), western personal y fantasmagórico en el que se aprecia las influencias del cine de Leone; El aventurero de la medianoche (1982), excelente drama y apuesta personal que gira en torno a un cantante de música country; una de sus mejores películas, el western El jinete pálido (1985); Bird (1988), biopic sobre el músico Charlie Parker, que reafirma sus dotes de director o Cazador blanco, corazón negro (1990), que desvela la cara oculta del rodaje de La reina de África de John Huston. Pero, sin duda, fue Sin Perdón la que consiguió que sus detractores se rindieran ante su revólver cargado con balas de talento,  porque, una vez más, Eastwood, había sido el más rápido desenfundando.

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