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el cazador en Hollywood


Si hablamos de ismos cinematográficos no podemos olvidar el mccarthismo, un periodo negro en la historia de los estudios de Hollywood, que se inició hacia la mitad década de 1940, poco después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Dicho nombre se debe a su máximo representante, el senador republicano Joseph McCarthy, que en un afán de protagonismo se lanzó, en compañía de otros políticos, a una cacería carente de sentido, en la que las piezas a cobrar eran supuestos subversivos y conspiradores comunistas que amenazaban la seguridad del país. Una explicación para esta caza de brujas podría ser que el cazador desea un trofeo que le dé notoriedad, y descubre que las piezas más valiosas son los intelectuales o librepensadores que no comulguen con su credo. A ellos les atribuye la rabia roja que podría contagiar a otros individuos, y estos a su vez a otros, y así hasta que el brote se convierte en una epidemia que enferma a la nación de comunismo. Por lo tanto, no es de extrañar que uno de los cotos favoritos de estos cazadores fuera el cine, medio artístico que podría darles la publicidad necesaria para sus fines de limpieza. En 1947, cuarenta y un profesionales del cine fueron citados a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, de los cuales diecinueve se opusieron a la comisión. De estos testigos "inamistosos", diez fueron condenados por desacato a prisión y a pagar una multa económica, además de su despido inmediato y su inclusión en las listas negras en las que se fueron añadiendo nombres, hasta superar los trescientos, entre ellos los guionistas Dalton Trumbo, Michael WilsonRobert Rossen, los directores Joseph LoseyJules Dassin, actores como Zero Mostel, Sterling Hayden, actrices como Ann Revere o escritores de la reputación de Dashiell Hammett. La caza iniciada por el comité provocó dos posturas dentro de la industria cinematográfica. A favor se posicionaron las personalidades más conservadoras, entre quienes se encontraban Gary Cooper, Cecil B.DeMille, Ronald Reagan (mediocre actor y futuro presidente de los Estados Unidos), Robert Taylor (al parecer pidió que enviasen a todos los comunistas del país a la Unión Soviética) o John Wayne. En contra se posicionaron Joseph L.MankiewiczJohn Huston (a quien también le gustaba la caza, pero de otro tipo), Myrna Loy, Philip Dunne, William Wyler, Lauren Bacall, Humphrey Bogart (finalmente abandonó sus protestas), Gregory Peck, Kirk Douglas, Katharine Hepburn u Orson Welles, entre otras destacadas personalidades cinematográficas detractoras de una persecución sin sentido que atentaba contra la presunción de inocencia y la libertad de pensamiento. Sin embargo, varios de los acusados fueron encarcelados o se vieron forzados a salir del país. Algunas piezas soportaron la coacción y la persecución, entre ellos Dalton Trumbo, guionista de Vacaciones en RomaEspartaco o Éxodo, quien, por mantenerse fiel a sus principios, fue enjaulado durante más de diez meses, para luego exiliarse a México, desde donde continuó trabajando bajo nombres falsos (ya que las listas negras circularían por los estudios hasta la década de 1960). Otras presas dieron su brazo a torcer, tras sufrir injusticias como la de dar con sus huesos en la cárcel, uno de ellos fue el director Edward Dmytryk (Encrucijada de odios o Historia de un detective), quien tras negarse a cooperar fue enviado a prisión, terapia que le ayudó a replantearse su postura, pues o delataba o su ritmo de vida y su trabajo se iban al traste. También el gran Charles Chaplin sufrió en sus carnes una persecución que finalizó con su exilio en Suiza. Años después, cuando se reconoció el atropello sufrido, Hollywood le rindió un homenaje a toda su carrera. Otro de los casos que podrían citarse sería el de Jules Dassin, quien, apenas tiempo para nada, salió del país y se instaló en Europa, donde también sufrió las consecuencias de su inclusión en las listas negras. Durante este periodo, muchos fueron quienes testificaron en contra de sus compañeros para salvar el pellejo, famoso también fue el caso de Elia Kazan, quien a partir de ese momento se convirtió en un chivato a los ojos de muchos colegas de profesión. Este director intentaría justificarse mediante la magnífica La ley del silencio (1954), pero algunos nunca olvidaron su delación, ni siquiera cuando se le concedió el Oscar honorífico en 1999. En ese momento, un sector del público asistente mostró su descontento, dejando claro que no habían olvidado su comportamiento. Pero ¿qué habrían hecho en su lugar? Algunos callarían, otros hablarían, pero nadie podría escapar a las amenazantes garras de cazadores dispuestos a acabar con una jauría subversiva inexistente.

Actualmente, existen diferentes libros y películas que abordan el tema, las más populares entre estas últimas son La tapadera (1976), dirigida por Martin Ritt (otro de los directores investigados por el Comité) y la primera en abordar el tema de forma directa y profunda, además fue el primer papel serio para Woody Allen; Julia (Fred Zinnemann, 1977), en la que se aprecia como la cacería afectó al escritor Dashiell Hammett y a la escritora Lillian Hellman, Caza de brujas (Irwin Winkler, 1991), Punto de mira (Karl Francis, 2000), The Majestyc (Frank Daranbont, 2001), Buenas noches y buena suerte (George Clooney, 2005), que se centra en el periodista Edward R.Murrow y su abierta oposición a la cruzada del senador McCarthy, o Trumbo y la lista negra (2007), un documental donde se recoge la experiencia vivida por el guionista.

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