Sabrina fue enviada a París, su padre así lo decidió, convencido de que su pequeña no debía intentar alcanzar la Luna, y de que dos años alejada de la mansión le ayudarían a olvidar. Transcurrido ese tiempo, la soñadora regresó convertida en una hermosa mujer, algo que David advirtió al instante, pues ante él, se presentó la mujer de sus deseos, y así se lo hizo saber. La felicidad colmó a Sabrina, su sueño se había cumplido, esa Luna antaño intocable intentaba alcanzarla, pero (en los cuentos de hadas siempre lo hay) Lainus, trabajador incansable, práctico y, aparentemente, sin más interés que el enorme reino financiero que dirigía, no pudo permitir que el idilio continuase, porque David debía cumplir su compromiso y casarse con la hija de un magnate de la caña de azúcar. Este “malvado” perpetra un plan que pretende perfecto para alejar a Sabrina de su príncipe. ¿Cuál es el plan? Que más da, es un cuento de hadas, lo único que importa es que Sabrina siempre será Sabrina (y por suerte ésta fue Audrey Hepburn).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




El almibar que rezuma no empalaga, la dulzura, en este caso, es todo un placer para nuestro paladar de espectadores.
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