Los beneficios obtenidos por Apache (1954), sesenta veces lo invertido, y el cumplimiento de su plan de rodaje fueron razones más que suficientes para convencer a Burt Lancaster y a su socio Harold Hecht de que Robert Aldrich era el director idóneo para llevar a cabo un proyecto más ambicioso. La elección no pudo ser más acertada, al combinarse en el resultado final calidad, comercialidad y personalidad. Veracruz (Vera Cruz, 1954) deparaba un nuevo éxito de taquilla a la productora Hecht-Lancaster y confirmaba que Aldrich era un cineasta de narrativa contundente, moderna y muy personal, capaz de adelantarse a su tiempo y conceder el protagonismo a personajes violentos y ambiciosos que deambulan por un espacio decadente, e inhabitual en el western de la época, sin más ánimo que el de lucrarse. Esta característica los aleja de planteamientos éticos y los convierte en antecesores de aquellos pistoleros que años después se impondrían en la trilogía del dolar de Sergio Leone. Pero Veracruz también adelanta otro aspecto definitorio del western de la década siguiente al ubicar la trama en México, en este caso durante un conflicto armado que resulta un plato apetecible para aventureros, soldados de fortuna, mercenarios, tipos solitarios o criminales que buscan entre el caos la oportunidad de enriquecerse haciendo lo que saben, sin plantearse ni el bando al que se unen ni las causas por las que luchan. Para este tipo de personaje solo importa su motor existencial: el dinero.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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