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Furtivos (1975)



Existen películas que provocan diversas reacciones o interpretaciones (algunas erróneas) en el momento de su rodaje porque chocan con su época, más si ésta resulta ser el final de una dictadura, que anunciaba el inicio de un periodo de cambio que nadie podría asegurar qué depararía. Furtivos se gestó durante el último aliento de la dictadura franquista, por lo que tuvo que superar las trabas de una censura al borde de la extinción, pero no se trata de un film político, más bien sería una espacie de cuento (metáfora) pesimista de una sociedad que presenta a individuos atrapados dentro de la violencia y de la frustración de sus vidas vacías. La montaña aísla a Martina (Lola Gaos), posesiva y recelosa de su entorno, a quien no le gusta que turben la paz de su reino, donde habita con su hijo, acostumbrado a la soledad del bosque y a las jornadas de caza furtiva que le alejan de todo aquello que no sea su madre. Ángel (Ovidi Montllor) es poco dado a expresar sentimientos o emociones, sin embargo cuando conoce a Milagros (Alicia Sánchez), adolescente que se ha escapado del reformatorio, descubre la promesa de algo nuevo (totalmente opuesto al control abusivo de Martina) para su mundo de furtivos, donde los intrusos como el gobernador civil (José Luis Borau), el cura (Ismael Merlo) o el cuqui (Felipe Solano), representantes de diversos estamentos sociales de la época, se encuentran desorientados. Desde el primer instante Martina siente un rechazo irracional hacia la joven, a quien ve como una amenaza que pretende robarle el amor (incestuoso) y el dominio sobre Ángel. En la escena en la que ambas mujeres se encuentran en el campo recogiendo trufas se observa la intención de Martina, al fijar ésta su atención en Alicia y en el filo del arado que sujeta entre sus manos. La violencia, siempre presente, no se muestra explícita, del mismo modo que Ángel no logra expresarse con palabras, pero sí con su mirada o con sus gestos pausados, rasgos que desvelan que en su vida personal también es un furtivo (que esconde algún secreto inconfesable), pero pretende dejar de serlo mediante su matrimonio con Milagros, aunque el luto que luce Martina en la ceremonia resulta un presagio funesto para la feliz unión entre lo primitivo y lo nuevo. Furtivos muestra un entorno realista y opresivo, que aísla al individuo que en él habita y rechaza (debilita) a hombres como el gobernador (hermano de leche de Ángel) y a sus acompañantes en la partida de caza, seres supuestamente poderosos en sus despachos, pero que se tornan vulnerables dentro de la realidad mística del bosque, porque allí son intrusos carentes de ese poder ficticio que se diluye en el entorno de Ángel, evidenciando su debilidad y sus defectos, lo mismo que le sucede a el cuqui, a quien el furtivo ayuda a escapar de la guardia civil a petición de Milagros, antes de que ésta desaparezca sin dejar rastro. La ausencia de su nuera provoca que Martina recupere la sonrisa, pero ésta será efímera porque su reinado concluye cuando comprueba el rechazo de Ángel, que nace de la ausencia de ese soplo de aire fresco que ha cambiado su percepción del mundo en el que habita.

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