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Airbag (1997)



Frodo Bolsón y sus compañeros de El señor de los anillos no fueron los únicos que tuvieron que vérselas con un anillo único, también Juan José Ortiz de Zárate (Karra Elejalde) y los suyos se vieron envueltos en una búsqueda llena de obstáculos para recuperar una alianza extraviada en el ano de una prostituta (Vicenta Ndongo). Juantxo sería una especie de Frodo que habita en una película de carretera cómica y desfasada, que recorre parte de la península Ibérica de burdel en burdel, burlándose de una sociedad repleta de costumbres que van desde la corrupción política al narcotráfico, pasando por la constante presencia de telenovelas insulsas en televisión o riéndose de la falsa imagen que se tiene de algunos pueblos que conforman la diversidad ibérica: la piel del lendakari vasco pone en duda que se trate de un euskera de pura cepa o la caricatura que representa Pazos (Manuel Manquiña) de la imagen que algunos tienen de los gallegos. Como comedia desfasada presenta a tres amigos que inician su andadura en la comida durante la cual se anuncia la boda de Juantxo y Araceli (Raquel Moroño), la misma en la que Pako (Alberto San Juan) le informa que no se casará sin una despedida de soltero —más movida que la de Tom Hanks en Despedida de soltero (Bachelor Party, Neal Israel, 1984) y más explosiva que la de Resacón en Las Vegas (The Hangover, Todd Phillips, 2009)—, pero sin saber que la juerga les deparará un largo viaje durante el cual serán perseguidos por dos bandas de delincuentes incapaces de atraparles.


<<Treinta años, recién licenciado en Derecho, ¡manda huevos!>>, dice el peculiar padre del novio (
Karlos Arguiñano) refiriéndose a su hijo, cuando se presenta en la sala del convite tras su victoria en un juego suicida conocido como la tortilla rusa. En ese momento Juantxo parece asumir su condición sin protestar, sin plantearse nada más que seguir la tradición familiar y contraer un matrimonio que no desea, y que se convertirá en la misma farsa que se observa en sus padres o los padres de su prometida. A primera vista, el muchacho parece un tipo alienado por la educación recibida y por su aceptación de aquello que se espera de él; lo mismo se podría decir de Konradín (Fernando Guillén Cuervo), cuya primera imagen podría llevar a pensar que se trata de un individuo un tanto extraño, aunque en realidad todos los personajes de Airbag lo son. Pako es el único que no pertenece a la alta sociedad vasca, y evidentemente es rechazado por las madres de sus amigos (porque, entre otras cuestiones, la suya regenta burdeles). Estos tres chavales, que no saben muy bien qué va a ser de sus vidas futuras, deciden pasar una noche de juerga que se convierte en una especie de juego de la oca, persiguiendo de puticlub en puticlub a un tal Villambrosa (Francisco Rabal), quien, además de birlarle la alianza a Juantxo, posee negocios de prostitución, juego y drogas; un tipo de cuidado que está a punto de cerrar un trato con Souza (Luis Cuenca), su homólogo portugués.


Ninguno de estos capos se encargan personalmente de la compra-venta de los 
centollos, eso corre a cargo de sus secuaces: Pazos, profesional del concepto, y Fátima do Espirito Santo (María De Medeiros), la femme fatale, aunque ambos meten la pata al confundir a los tres amiguetes en un local de alterne donde Pazos y Juantxo intiman bebiendo aguardiente, mientras Pako y Konradín continúan dándole al ph y uno de los ayudantes de Fátima se libera de un apretón que borra su imagen de tipo duro. Tras la confusión de identidades el trio de la despedida abandona el local y sube al automóvil, modelo Starky y Hutch, para continuar su periplo, pero sin saber que se han metido en un buen lío; ni siquiera lo sospechan cuando los airbags revientan como consecuencia de la intervención de un guardia civil de muy mala leche que solo sabe pedir ¡los papeles! Y de ese modo el coche se llena de kilos de centollos que no sirven para una mariscada. La película de Juanma Bajo Ulloa se convirtió en una de las más taquilleras del año en España, éxito que encuentra su explicación en el desenfado y en las altas dosis de humor gamberro que pueblan un film repleto de momentos delirantes y de caricaturas grotescas como Pazos y su habilidad comunicativa, la marquesa (Rosa María Sardá) y su superioridad asumida o el candidato Paiño (Santiago Segura) y su total falta de ética y moral, sin olvidar al trío de calaveras que encuentra su camino durante el esperpéntico recorrido por el país de las no maravillas.

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