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El alcalde y la política (1979)


Una astracanada política


Por Antonio Pardines



Durante el franquismo, el cine político era impensable en España, o al menos uno que no fuese adoctrinador a favor del régimen. Cierto que existían pequeñas dosis de política en algunas películas que colaban sus mensajes entre las risas y el llanto, ahí están Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Marco Ferreri, Saura o el cine negro de los años cincuenta y sesenta para introducir de contrabando algunas miserias y realidades de aquellos años. Pero lo que se dice cine político no sería posible hasta la muerte del dictador en 1975. Entonces proliferó ya no por la necesidad que había de exponer y de hablar de lo que había sido y de lo que estaba siendo, sino porque el tema vendía. Y no hay que olvidarlo: el cine es negocio, aparte de propaganda, entretenimiento o arte —en el mejor y menos prolífico de los casos.


Hay un montón de ejemplos de este tipo de películas hechas en la España de la transición, pero quizás las más importantes y reconocidas en la actualidad sean El puente (Juan Antonio Bardem, 1976), La escopeta nacional (Luis García Berlanga, 1978) y la hispanoitaliana Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979). Menos lograda que estas, o que la novela de Miguel Delibes El disputado voto del señor Cayo (1978), sería El alcalde y la política (1979), en la que José María Delgado quiso satirizar el proceso electoral democrático que se estaba viviendo en aquella España que recuperaba la libertad de elección entre los restos del totalitarismo que flotaban en el ambiente y en los despachos. Una muestra de ese pasado sería el alcalde al que da vida Alfredo Landa, pequeño dictador, mujeriego y putero empedernido, que debe adaptar su imagen a la corrección de los nuevos tiempos. Y es que si algo es importante en la política es la imagen, la propaganda, lo que se puede mostrar al público para que este vea el modelo que desea ver —o aquel que le hacen desear ver—. Pero, aunque logra evidenciar el momento político, la sátira propuesta por Delgado no resulta sutil ni esperpéntica. Más bien se desvela como una astracanada de chiste fácil, sin humor ni pegada…


Imagen de cabecera: Cartel / fotograma promocional de El alcalde y la política (Luis María Delgado, 1979), protagonizada por Alfredo Landa. Uso legítimo amparado exclusivamente para fines de crítica cinematográfica e ilustración cultural.

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