lunes, 9 de mayo de 2011

Serie B. La división de plata

Como consecuencia de la profunda crisis que se vivía en la década de 1930 los estudios de Hollywood optaron por crear un tipo de producciones que se conoce como serie B. Esta segunda división dentro de la industria cinematográfica se convirtió en una buena fuente de ingresos y en un campo propicio para desarrollar un cine donde el talento debía superar las trabas impuestas por el escaso presupuesto y el poco tiempo de rodaje, ajustando la narración a poco más de una hora de duración. Otro de los lastres a superar se encontraba en la falta de actores y actrices de primer orden, cuestión que se solventó empleando actores y actrices noveles, secundarios o antiguas estrellas cuyas carreras artísticas se encontraban en decadencia. Desde un punto de vista argumental estas producciones de bajo coste solían sentirse más cómodas dentro del cine negro (Detour, El demonio de las armas), del western (Tras la pista de los asesinosLos cautivos), de la ciencia-ficción (La humanidad en peligroLa invasión de los ladrones de cuerpos) o del terror (Yo anduve con un zombieLadrón de cadáveres), géneros que permitían ceñirse a la filosofía del cine B(arato). La serie B sirvió para que muchos y muy buenos directores se formasen, o incluso realizasen la mayor parte de su carrera, dentro de un sistema que les proporcionaba mayor libertad artística y creativa; entre estos grandes realizadores se encuentran nombres de la talla de Jacques Tourneur, Edgar G.Ulmer, Budd BoetticherJohn BrahmAnthony Mann, Richard Fleischer, André de TothRobert Wise, Donald Siegel, Mark RobsonJoseph H.Lewis y tantos otros.
Los grandes estudios crearon departamentos para este tipo de producciones, aunque también existían otros menores que se dedicaban en exclusiva a este tipo de películas; conscientes de la posibilidad de que invirtiendo pequeñas cantidades podrían obtener cuantiosos beneficios, además de completar la demanda cinematográfica a la sombra de las grandes producciones. Entre estos estudios destaca la RKO, que en la década de 1940 desarrolló un departamento exclusivo para producciones de bajo coste que fue dirigido por Val Lewton, productor que contrató a Jacques Tourneur para el rodaje de la mítica La mujer pantera (1942), film que inicio un magnífico ciclo de cine de terror sugerido y que costó alrededor de 130.000 $, recaudando una cifra treinta veces mayor. Este inesperado éxito posibilitó una mejor distribución comercial, así como un auge en la realización de producciones de escaso desembolso, cuyo encanto y derroche imaginativo las convierten en un referente cultural y social de una época, que concluiría con la aparición de la televisión y sus programas del oeste (de treinta minutos de duración). El final de la serie B dio pie al nacimiento de nuevas productoras y productores, que asumiendo gastos mínimos se dedicaron a rodar el mayor número posible de films al año. Uno de sus máximos exponentes fue Roger Corman en su etapa en la American International Pictures, productora por donde pasaron nombres como los de Richard MathesonFrancis Ford Coppola, Peter Bogdanovich o Martin Scorsese, así como, actores de la talla de Vincent Price, Peter Lorre, Jack Nicholson o Boris Karloff, quienes encontraron el hueco que se les negaba en producciones de mayor envergadura. Este tipo de pequeñas empresas no era exclusividad estadounidense, sino que también surgieron en otros puntos del globo, así pues en Gran Bretaña se fundaron la famosa Hammer y su competidora Amicus, sellos cinematográficos orientados hacia el cine de terror de bajo presupuesto, donde directores como Terence Fisher o Freddie Francis y actores tan conocidos como Peter Cushing o Christoper Lee desarrollaron buena parte de su carrera. En latitudes más meridionales, en Italia, destaca la figura de Mario Bava, un director con un estilo muy reconocible, especializado en películas de terror (Giallo), y en España se podría citar la figura de Jesús Franco, dos buenos ejemplos de como un presupuesto discreto no tiene que estar reñido con el resultado final del producto.
En la actualidad podría decirse que no existe un cine B propiamente dicho, sino una serie de compañías que realizan y distribuyen producciones de bajo coste, con actores venidos a menos o poco conocidos, y con unos directores que tienen como premisa principal sacar el producto adelante, sin pensar en la calidad del mismo, sino al tipo de sector que va dirigido. De partida, estas películas están condenadas a un lanzamiento directo en dvd, blu-ray o al visionado televisivo que a menudo se desarrolla entre ronquidos. Sin embargo ahí quedan grandes títulos, grandes cineastas e historias donde lo más importante no sería la espectacularidad, sino aquello que cuentan y cómo lo cuentan, aunque también quedan producciones de serie B que poco o nada ofrecen al espectador.

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