Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



En una época en que se había perdido la esperanza de recuperar un cierto tipo de comedia cultivada antaño por Hollywood y cuyo ejemplo más cercano a la que nos ocupa sería LOS VIAJES DE SULLIVAN, de Preston Sturges, sorprende agradablemente esta modesta (sólo en presupuesto), imaginativa, inteligente y enloquecida comedia que se disfraza de pesadilla kafkiana para sumergirnos a ritmo frenético en las infernales tripas de una sociedad enferma.
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