Ir al contenido principal

Zelig (1983)


Arriesgada producción de Woody Allen que se salda con un resultado que alcanza una de las cotas más altas y originales del cine de la década de 1980. Se trata de un magnífica película, rodada como (falso) documental en la que se nos muestra a Zelig (Woody Allen), un hombre que se adapta a las características físicas y psíquicas de aquellos que le rodean. En un derroche imaginativo, Allen nos muestra una serie de entrevistas con personajes que han tenido contacto con el camaleón humano, fotos, imágenes de archivo, recortes de periódicos, grabaciones de las sesiones con la doctora que le trata o documentos oficiales que nos van perfilando a un personaje, aparentemente, extraño. Sin embargo, no difiere tanto del resto, este individuo, sólo busca ser aceptado, querido y protegido. Para lograrlo, desarrolla una capacidad que para muchos resulta incomprensible (no dudan de calificarla de enfermedad), por contra, para otros, es un asombroso y curioso trastorno emocional y para su hermanastra un negocio, una atracción de feria, que podría proporcionarle riqueza. Zelig se convierte de la noche a la mañana en un fenómeno social, la hermanastra y su amante le exhiben y venden todo tipo de objetos relacionados con él (camisetas, discos, muñecos, etc., un campaña de merchandising brutal). Pero su única familiar muere, así pues, sin saber qué hacer, el ídolo desaparece. La noticia de su ausencia copa los medios de comunicación, pero el paso del tiempo hace que el interés público vaya desapareciendo. Pero este Zelig, incapaz de pasar desapercibido, reaparece en el Vaticano (al lado del Papa). La doctora Fletcher (Mia Farrow) desea curarle, inicialmente por alcanzar el reconocimiento entre sus colegas de profesión, pero que se transforma en un sentimiento de cariño que, posteriormente, derivará en amor hacia ese camaleón humano (que en realidad busca lo que cualquier otro, sentirse parte de algo y ser querido). La doctora se lo lleva a su casa, allí realizará sesiones de terapia y pruebas que ayudarán al paciente a crear su propia personalidad.
Zelig, reflejo de una sociedad impersonal, se siente protegido dentro de un grupo en el cual todo es igual. En realidad, hay mucho de camaleón en cualquiera de nosotros. Intentar que Zelig posea personalidad propia es como incitar a las personas a pensar por sí mismas, con sus propias ideas, gustos y manías, sin temor a ser juzgados por aquellos con quienes interaccionan. Todos somos un poco Zelig, queremos ser aceptados y sentirnos queridos. Y por ello, realizamos cosas en las que no creemos, que no nos satisfacen, pero que nos permiten estar dentro de ese grupo que se llama sociedad, porque ella, así lo exige. A pesar de su claro mensaje, no se debe olvidar, que Zelig es una comedia, rebosa ironía y es una obra maestra. Verla desde la complicidad de lo que se muestra hace que sea disfrutada de principio a fin, y en ella, también descubriremos, una vez más, los puntos de vista de un autor, que nos presenta a un personaje cargado de dudas, de anhelos y que, al no encontrar respuestas, opta por dejar de ser el mismo e imita a cuantos le rodean. Como dice el narrador: "Al final no está la felicidad en la aceptación de muchos, sino en el amor de una mujer".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y que es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el barroquismo formal de  Snyder , quien parece sentir...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...