Ir al contenido principal

Cayo Largo (1948)


El pequeño y tranquilo hotel que regentan James Temple (Lionel Barrymore) y su nuera Nora (Lauren Bacall) en Cayo Largo se convierte en el escenario del enfrentamiento entre dos hombres marcados por el pasado y por el presente en el que se encuentran. Frank McCloud (Humphrey Bogart) se detiene en esa pequeña localidad del sur de Florida para visitar a la mujer y al padre de un compañero caído en acto de servicio, pero sólo está de paso, y no se imagina que esa cortesía le permitirá reencontrarse consigo mismo. A pesar de que la guerra ha finalizado, este hombre no puede olvidar el desengaño que significó para él, pues ver morir a muchos buenos muchachos resultó un alto costo para una victoria que no ha confirmado su promesa de mejora. El desencanto que habita en Frank le impulsa a escapar de su propia naturaleza, pero la tormenta, interior y exterior, que se desata en el Hotel Largo le enfrentará a sí mismo y a Johnny Rocco (Edward G. Robinson), el mismo individuo que la cámara enfoca para mostrar su tranquilidad, mientras se fuma un habano en la bañera de su habitación, consciente de que controla la situación. Pero en el momento que habla se descubre al desequilibrado dictador que siempre ha sido, un hombre dominado por una vanidad exacerbada y por el recuerdo de una época que pretende recuperar, si zanja el lucrativo negocio que le ha llevado hasta ese pequeño hotel. Los excelentes diálogos que se producen entre los rehenes y los gánsteres de Cayo Largo (Key Largo, 1948) realzan la tensión que encierra una situación de gran intensidad; para lograr el impacto del que carecía la obra teatral en la que se inspira, John Huston contó con un contundente guion escrito por Richard Brooks y con un elenco actoral de primera magnitud, destacando el constante enfrentamiento entre Humphrey Bogart y Edward G.Robinson, magnífico en su papel de criminal sádico, despiadado y brutal, cercano a la locura creada por su enfermiza vanidad y por la época pasada que no puede olvidar. Otro de los aciertos de este hermético film de Huston se encuentra en la presencia de una actor de enorme talento como lo fue Lionel Barrymore, quien asumió un rol fuerte y decidido, a pesar de la imposibilidad que le retiene en la silla de ruedas desde la que dice lo que piensa, e incluso, en un arranque de voluntad, la abandona para intentar agredir a Rocco. La actuación de James Temple remarca la falta de posicionamiento inicial de Frank, de quien se espera una intervención heroica dado su pasado militar; sin embargo, se muestra cauto, porque para él carece de sentido arriesgar la vida por un criminal más o menos; quizá su creencia de que nada cambiaría si actuase sea la que le convence para no disparar cuando Rocco le entrega la pistola y le reta. Pero no se trata de un cobarde como creen los hombres de Rocco, o incluso algunos de sus compañeros de cautiverio, porque, tras las duras palabras que le dirige Nora, no tarda en arriesgar su vida al contrariar al gánster, al menos, en dos ocasiones: cuando proporciona a la alcoholizada, desesperada y humillada Gaye (Claire Trevor) la copa que Rocco le niega o cuando se interpone, a riesgo de su vida, entre el gánster y el anciano. Cayo Largo muestra una violencia verbal y gestual de alto voltaje, que agudiza la constante amenaza creada por la presencia de ese criminal que utiliza y humilla a cuantos se encuentran a su alrededor, un narcisista venido a menos que marca el comportamiento del (anti)héroe que, aunque pretende negar su condición heroica, sabe que no puede evitar la lucha porque su código moral es totalmente contrario al de su 
rival.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...