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Tora! Tora! Tora! (1970)


Me temo que no hemos hecho más que despertar a un gigante dormido y obligarle a tomar un terrible resolución” es la frase que cierra Tora! Tora! Tora! puesta en boca del almirante Yamamoto (Soh Yamamura), comandante en jefe de la flota combinada, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Los hechos que se muestran a lo largo de las más de dos horas de metraje se dividen en dos partes que pretenden explicar las circunstancias que rodearon a ambos bandos durante los meses previos al bombardeo y el instante en el que éste se produjo. El film arranca con el relevo en el mando de la flota japonesa en 1939, momento en el que se descubre que ni el almirante saliente ni el nuevo comandante en jefe están a favor de un ataque contra los Estados Unidos, conscientes de que esa no sería la solución para sus problemas. El afán expansionista en la zona del sureste asiático para obtener las materias primas (como el petróleo) que asegurasen la prosperidad industrial, la firma el triple eje (Alemania, Italia y Japón) o el embargo (económico y estratégico) con el que Estados Unidos y el Reino Unido pretendían ahogar la economía Japonesa para que Japón abandonase el territorio chino que había ocupado, serían algunas de las causas que determinarían una decisión terrible y sin precedentes (aunque se habían producido dos ataques similares con anterioridad a éste, uno por parte de los británicos a la flota italiana en Tarento y otro en la guerra ruso-japonesa de 1905). Tora! Tora! Tora! fue coproducida entre Estados Unidos y Japón, en ella se pretendía plasmar con precisión y de manera creíble los, supuestos, hechos que rodearon al peor ataque bélico sufrido en suelo estadounidense. Para lograr un enfoque más verosímil se dividieron las tareas de dirección entre ambas nacionalidades, estrategia utilizada con anterioridad en El día más largo (The Longest Day, 1962), donde se había repartido la dirección entre tres realizadores de las nacionalidades desde las que se enfocaba el desembarco de Normandia. Así pues, las secuencias japonesas fueron rodadas por Toshio Masuda y Kinji Fukasaku (Akira Kurosawa responsable inicial del film no apareció en los títulos de crédito debido a los numerosos problemas que acarrearon esta producción), siendo el responsable final del film Richard Fleischer, quien rodaría el resto. El acierto de la película reside en la intención de reflejar los acontecimientos desde los dos puntos de vista: el japonés, en el que se descubre la disconformidad del almirante Yamamoto (autor del plan de ataque) y de otros oficiales japoneses, quienes a pesar de sus muchas dudas continúan con los preparativos de un acto bélico que temen y que esperan que no se lleve cabo, gracias a un acuerdo diplomático entre ambos países. Al enfoque político-militar se unen las relaciones diplomáticas previas, completando, a grandes rasgos, un intento por explicar el por qué y el cómo (japonés) de un bombardeo masivo, ejecutado antes de la ruptura de las negociaciones entre ambos estados. La acción americana se centra en dos espacios reconocibles: Pearl Harbor y Washington D.C., donde el coronel Bratton (E.G.Marshall), al mando de las operaciones secretas, sospecha que se está preparando un acto hostil por parte de las fuerzas japonesas, circunstancia que le obliga a presentarse ante el secretario de guerra Henry Stimson (Joseph Cotten) y exponer una hipótesis convincente que pone en alerta a todo el ejército. Sin embargo, las dudas que surgen en una situación tan delicada, las decisiones equivocadas o las negligencias en algún punto de la cadena de mando conllevan que el ataque aéreo se produzca por sorpresa. Tora! Tora! Tora! abandona la intriga y los preparativos para mostrar, mediante unas espectaculares secuencias bélicas, el contundente y violento ataque a Pearl Harbor, en la isla de Oahu; durante el mismo se observa la reacción de implicados como el almirante Kimmel (Martin Balsam), quien no puede creer lo que ven sus ojos, o como el general Short (Jason Robards), cuya decisión de reunir todos los aviones en un mismo lugar para poder vigilarlos y evitar de ese modo un posible sabotaje provoca que éstos sean destrozados con suma facilidad. Pero el ataque que se muestra, a pesar de ser inesperado, violento y mortífero, no supuso el golpe que los japoneses esperaban, porque los objetivos principales: los portaaviones, no se encontraban allí, una afortunada coincidencia (dentro de la desgracia que significa todo acto bélico) que sorprende al almirante Halsey (James Whitmore) cuando regresa con el portaaviones Enterprise a un puerto totalmente destrozado. El ataque sin previo aviso sobre las islas Hawaii significaría la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (aunque aún tardaría varios meses en recuperarse) y marcaría el fin de la hegemonía japonesa en el Pacífico y un giro radical en el frente europeo, hechos que confirmarían la supuesta frase del almirante Yamamoto.

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