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Parque Jurásico (1993)


A medida que la ciencia responde cuestiones plantea otras que pueden escapar del ámbito científico para adquirir tintes éticos o morales, que a menudo enfrentan diferentes posicionamientos a la hora del desarrollo de unos avances que suelen permitir la mejora, pero que también podrían esconder una cara oculta que se descubriría en una incorrecta aplicación de los mismos; porque si bien utilizados sirven para una mejora social, un mal empleo puede crear situaciones como las que amenazan a los visitantes de un parque tan especial como peligroso. John Hammond (
Richard Attenborough) ha jugado a ser una especie de dios, sin prever las posibles consecuencias que ello implica, por ese motivo se muestra eufórico y completamente convencido de la grandiosidad de su empresa, en la que ha contribuido desde un punto únicamente empresarial. Sin embargo, la grandiosidad de su espectáculo supera lo imaginado, convirtiéndose en un atentado contra el orden-desorden establecido por la naturaleza como apunta el matemático Ian Malcolm (Jeff Goldblum), quien asegura que no se puede controlar ni la naturaleza ni los hechos que se derivan de las acciones de los hombres. Mal comienzo para superar el último obstáculo que separa el sueño del visionario para que se convierta en realidad, pues se le exige el aval de varios expertos, inconveniente que espera resolver con la llegada de los doctores Grant (Sam Neill), Ellie Sattler (Laura Dern) e Ian Malcolm, quienes se han trasladado a la misteriosa isla donde, en secreto, se han desarrollado los experimentos que han devuelto a la vida a los dinosaurios, tras más de sesenta y cinco años extintos, circunstancia que nada tiene de natural y que ha podido desarrollarse gracias al descubrimiento y estudio del ADN y de la clonación. Sin embargo, no es un proyecto altruista que proporcione soluciones o mejoras a los problemas inherentes a la especie humana, como sí lo fueron el descubrimiento de la penicilina o el desarrollo de la teoría de la gravedad; el proyecto de Hammond y asociados simplemente es un deseo de satisfacción egoísta para el primero y de enriquecimiento para los segundos, aquellos que han puesto su dinero al servicio de un hombre que no ha reparado en gastos, pero sí en su percepción de las consecuencias reales de sus actos. Así pues, Jurasic Park sufrirá dos inconvenientes con los que suelen enfrentarse hipotéticos proyectos de este calibre: la codicia humana y el dominio de la naturaleza sobre los actos de aquellos que pretenden alterarla. No obstante, en un primer momento, el descubrimiento permite a los expertos y al público subjetivo: Tim (Joseph Mazello) y Lex (Ariana Richards), compartir el mismo espacio con criaturas que no habían pisado la faz de la tierra durante millones de años, hecho que disgusta a Malcolm, quien se opone sin disimulo por las muchas dudas que le plantea la alteración del orden natural, que se confirman cuando uno de los empleados de Jurasic Park adultera el sistema informático para poder acceder a las muestras de ADN que pretende vender a una empresa rival. Este acto, basado en la codicia, es el detonante para que la tormenta se desate, sin embargo, sólo la ha acelerado, pues ese falso control del que presumían los científicos que desarrollaron el proyecto acabaría por convertirse igualmente en caos. Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) hizo posible esa peligrosa convivencia entre humanos y dinosaurios, aunque con anterioridad se habían realizado propuestas cinematográficas que ya los habían unido, pero sin la excelente tecnología informática que permitió a Steven Spielberg crear y mostrar de modo real a los seres que aparecían en las páginas del súper ventas de Michael Crichton, autor que también escribió el guión en colaboración con David Koepp. Así pues, en manos de un director como Steven Spielberg la novela del creador de La amenaza de Andrómeda o Congo no podría enfocarse desde otro punto de vista que no fuese el de un espectáculo perfectamente estructurado que se aleja de cuestiones científicas o éticas inherentes al experimento que se desarrolla en el parque, decidiéndose por un rumbo en el que la aventura y la emoción ganan la partida a la reflexión que ha desaparecido de los héroes, porque la amenaza que significa compartir territorio con unos animales que hacen lo que su naturaleza les dicta se ha convertido en realidad, así pues, ya no queda tiempo para discusiones morales o para razonar con dinosaurios, simplemente es tiempo de correr y aceptar que han perdido el control de una ilusión que nunca habían tenido controlada.

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