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El fantasma invisible (1941)


Se puede definir 
El Fantasma invisible (Invisible Ghost, 1941) como un producto típico de la serie B de los años cuarenta (rodada en pocos días, con escaso presupuesto y con protagonistas en el ocaso de sus carreras), pero también como la primera película a destacar dentro de la filmografía de Joseph H.Lewis, responsable de estupendas producciones de cine negro: Relato criminal (The Undercover Man, 1949), El demonio de las armas (Gun Crazy,1950) o Agente especial (The Big Combo, 1955) y de sólidos westerns como: El séptimo de caballería (7th Cavalry, 1956) o Terror en una ciudad de Texas (Terror in a Texas Town, 1958). Lewis arrancó esta intriga con el retrato de la señora Kesleer (Betty Compton), que se ha convertido en la obsesión de Charles Kesleer (Bela Lugosi), a quien se observa cenando en una espaciosa mesa donde comparte su soledad con el asiento vacío que tiempo atrás era ocupado por su mujer. Este arranque delata la influencia que la literatura de Edgar Allan Poe tiene en el film y confirma a la señora Kesleer como el primer espectro que asoma en la película, aunque el verdadero fantasma, aquel al que hace referencia el título, se esconde en la mente de ese hombre atormentado por la desaparición de su mujer años atrás. Sin embargo, ella ni ha muerto ni se ha ido con otro (como él siempre ha creído), se encuentra oculta, enferma, incapaz de recordar quién es y bajo los cuidados del jardinero de la mansión. Este fantasma femenino, que se pasea por la nocturnidad y las sombras del jardín, se presenta ante Charles a través del cristal de un ventanal, como si formase parte de un sueño o de una pesadilla. En estos instantes dominados por la oscuridad y las tinieblas, el personaje encarnado por Lugosi entra en trance, apoderándose de él la incontrolable necesidad de matar, como si con ello acabase con la vida de quien lo abandonó y causó el dolor y el odio que habita en su subconsciente. El inicio de El fantasma invisible es una excelente muestra de economía narrativa y un primer aviso de la capacidad de Lewis para ofrecer, en pocos minutos, la información precisa para comprender a sus personajes y los hechos que, en este caso, se desarrollan en su práctica totalidad en el hogar de los Kesleer, un espacio por donde deambulan fantasmas que no se encuentran alrededor del personaje principal, sino en su interior, pues los espectros nacen de su subjetividad y de pensamientos que desea mantener enterrados en lo más recóndito de su cerebro, pero que salen a la luz de modo inconsciente para trastornarlo y convertirlo en víctima de una obsesión que lo impulsa a cometer una serie de asesinatos que no recuerda haber cometido.

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