Entre otras tradiciones, la cristiana concede a Eva el rol de ser la primera mujer (y madre de la humanidad), pero también parece otorgarle una condición fatal que podría ponerse en duda si se plantea que fue la primera en ser sometida al sexo opuesto y a las normas que, leyendo entre líneas, tendrían como fin el delimitar sus acciones y sus elecciones, también las de su pareja. De hecho, podría decirse que la inconsciencia de Eva al dejarse engañar por la serpiente implicó su conciencia de ser y, por tanto, la de asumir decisiones, acertadas o equivocadas, o dicho de otra manera, dio el paso de sujeto paciente a individuo activo dentro del orden establecido. Desde aquella primera femme fatale que mordió la manzana y, para bien o para mal, descubrió su desnudez y el libre albedrío, otras muchas la imitaron en su capacidad de elegir para liberarse del yugo social que les negaba el acceso a ámbitos de exclusividad masculina. El cine negro se encuentra plagado de mujeres que se dej...