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Las tres noches de Susana (1954)



Fantasioso colorismo


Por Antonio Pardines


Se me hace extraño ver una fotografía de Nicholas Musuraca en Technicolor, lejos de sus míticos claroscuros para el cine negro RKO y la serie B de Val Lewton y su equipo de directores: Jacques Tourneur, Robert Wise y Mark Robson. Pero tal rareza solo es la de alguien ajeno, que mira el resultado y el nombre en los créditos. La mirada de Musuraca era más compleja, mejor desarrollada para comprender las sombras, los tonos apagados y vivos, la plasticidad, la iluminación... Sin duda, conocía a los Caravaggio, Greco, Velázquez, Goya… y también a los impresionistas. Era un profesional, un maestro en constante aprendizaje, un creador de atmósferas que rozaba la genialidad. Musuraca fue (y es) de los más grandes operadores del cine hollywoodiense de su época, de cualquier época, y en Las tres noches de Susana (Susan Slept Here, 1954) puso su pericia y su profesionalidad al servicio de la comedia romántica, de cine dentro de cine, de un Frank Tashlin que todavía no era el revolucionario y revolucionado artista que se topó con Jerry Lewis.


Los caminos del cómico y del cineasta se cruzaron para dar un nuevo brío a la comedia, buscando en el slapstick mudo y en el cine animado, aunque en esta comedia al servicio de Powell —a quien solo sentí ligero y rebosante de comicidad a las órdenes de Preston Sturges— y Reynolds todavía encontramos a un Tashlin más comedido. Se desataría tras aquel encuentro feliz, artísticamente hablando, que deparó media docena de comedias entre las que se encuentran las mejores de las suyas. Pero en Las tres noches de Susana no solo se limitó a dar imagen y sonido al guion de Alex Gottlieb, basado en la obra que este había escrito junto Steve Fisher —cuyo apellido coincide con el de Eddie, el cantante que fuera marido de Debbie Reynolds y padre de Carrie—, sino que ya se le veían intenciones y la capacidad para generar la sensación de movimiento y fantasía animada —que en este film cobra forma onírica y musical en el sueño de Susan—, así como un humor que apunta su salirse de la norma.


El Oscar al mejor guion original nos ofrece unas pinceladas de su familia, pero lo interesante de la estatuilla no es su valor mediático, es que nos introduce la historia de Mark (Dick Powell), de quien dice que al convivir con él descubrió que tenía dos problemas: Isabella (Anne Francis) y su trabajo, el cual, tras obtener el premio, cayó en lo previsible y repetitivo; según declara el propio Oscar, que es quien mejor le conoce. Pero a esos dos quebraderos se une un tercero: Susan (Debbie Reynolds), una joven delincuente que ha de servirle de inspiración para su nuevo guion…

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