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Malcolm X. Vida y voz de un hombre negro

A Malcolm X no le tocó nacer en el país de la libertad, de las oportunidades y del sueño americano. A él y a los miembros de su comunidad les tocó nacer en la pesadilla americana, la vivió desde su infancia, la recordaba en sus memorias cuando habló de aquella época en la que su padre fue asesinado por el Klan y su madre encerrada en un centro de salud mental. Malcolm vivió el odio y el racismo, los sintió en la escuela y fuera de ella. En el reformatorio y en la cárcel, en las calles, en los tribunales y allí donde exista segregación. Los sintió también dentro de sí. Los vivió desde su infancia, solo que de niño y adolescente su modo de luchar contra esa lacra era infantil, estéril, posicionándose fuera de la ley. Nunca ocultó su paso por los correccionales de su infancia y de su juventud, pues los comprendió como parte de su camino hacia el hombre en quien se convirtió. Fue en uno de sus encierros cuando comprendió su situación y la de tantos a quienes representaría poco después, sobre todo hacia finales de la década de 1950 y la primera mitad de la siguiente; no pudo ir más allá porque la muerte se lo impidió. El 21 de febrero de 1965, tres hombres dispararon sobre él, cuando iba a pronunciar su discurso en el Audubon Ballroom de Harlem. Así apagaron la voz de quien M. S. Handler dijo que <<nadie ha engendrado nunca como él el odio y el miedo en el hombre blanco. Ya que el hombre blanco sabia que Malcolm X no se dejaba vender.>>* Era la imagen opuesta de líderes como Martin Luther King, opuesta porque no se plegaba ante nadie ni ante nada. Abogaba por el golpe por golpe y acusaba a muchos de los líderes de su comunidad de ser como el tío Tom, el esclavo que defiende los intereses del amo. Hacia final de su vida, tras su viaje a Tierra Santa —en su religiosidad, La Meca—, cambió su discurso por uno más complejo y completo en el que la violencia que había preconizado se había mitigado —<<soy partidario de la violencia, si la no-violencia solo nos conduce a alargar indefinidamente la solución del problema negro, bajo pretexto de evitar la violencia>>— y el racismo, el suyo hacia los blancos, había desaparecido.

El actor Ossie Davis expresó que <<Malcolm X era un hombre libre. Los que le conocieron antes y después de su peregrinación a La Meca saben que había dejado atrás toda clase de racismo, de separatismo, de odio. Pero había conservado su gusto por las fórmulas explosivas, por la constante agitación en favor de la libertad inmediata, no solo de los negros, sino de todos los americanos.>> En todo caso, desde que dio el paso hacia la libertad, fue una figura incómoda para las autoridades, incluso para los “líderes responsables” de su comunidad. Malcolm no callaba y no se cansaba de señalar la situación que vivían los suyos en un país que les negaba la igualdad y, por tanto, la libertad. Era un hombre en lucha, con la que pretendía poner fin a la pesadilla, que su comunidad pudiese despertar de ella y vivir ya no en un sueño, sino en un lugar donde blancos y negros conviviesen en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes, con las mismas oportunidades y con las mismas leyes. No era un rebelde sin causa, era una persona empujada a alzar su voz, incluso si sus palabras le convertían en sospechoso para el sistema que, como todo orden, actuaba contra sus disidentes, silenciándolos o haciendo de ellos enemigos públicos. Pero Malcolm no callaba y sus palabras eran escuchadas por muchos; y en sus discursos señalaba, sin medias tintas, el problema racial y la situación de segregación…

<<Sin embargo no es el americano blanco el racista. Es la atmósfera política, social y económica la que fomenta el racismo. El hombre blanco no es congénitamente malo, es la sociedad americana racista la que impulsa a cometer crímenes diabólicos. Esta sociedad produce y fomenta un estado de ánimo que favorece la expansión de los instintos más bajos, más viles.>> Para Malcolm X era evidente que la ley, la sociedad y el gobierno no cumplían sus promesas, que el Estado de derecho solo lo era para la mayoría anglosajona y que eso tenía que cambiar para que la nación avanzase hacia el cumplimiento de aquella promesa dictada cuando se produjo el nacimiento del país de la gran promesa de felicidad, una promesa que inicialmente no contemplaba a la comunidad negra. El país se construía para el hombre blanco y anglosajón; aunque fuesen los negros y otras minorías los que religasen el trabajo pesado. Eran mano de obra esclava, mas, supuestamente, el final de la esclavitud para los negros llegó cuando Lincoln la abolió, aunque tal abolición solo fue un gesto de cara la galería, tal vez una excusa para legitimar una guerra que implicaba intereses de otro tipo… Claro que Malcolm X siempre lo supo, me refiero a comprender que la esclavitud no había desaparecido; lo que le llevó a reconocerse contra el sistema y a saber que moriría joven; no podía ser de otro modo, así lo creía: <<Todo lo que hago en este momento lo considero urgente. El hombre dispone de muy poco tiempo para hacer lo que ha de hacer. Yo especulo sobre mi muerte sin gran emoción. Nunca he creído que llegaré a viejo. Lo sé, lo he sabido siempre, que moriré de muerte violenta. Viene de familia. Pensad en las cosas que creo, pensad en mi temperamento, añadid el hecho de que me entrego con cuerpo y alma a la causa que defiendo; con todos estos ingredientes ¿cómo queréis que muera en la cama?>>…

*Entrecomillados extraídos de Malcolm X. Vida y voz de un hombre negro. Autobiografía y discursos. Txalaparta, Nafarroa (Navarra), 1992.

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