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Suso de Toro, Parado na tormenta

En Parado na tormenta , Suso de Toro non se explica, senón que se expresa, xa sexa en forma de gustos literarios ou de ideas sobre a escritura, a literatura galega, o ser galego e escritor, incluso sobre si mesmo ou, mellor, quizais, sobre o persoaxe de si mesmo, que é ao que tende quen escribe e, dende logo, el o fai. Ademáis, coido que ningún escritor precisa explicación, nin se pode explicar máis alá do evidente e do que un intérprete, pois sempre haberá algo que se lle escape a quen o busque, pois atopará unha ducia de imaxes ou de reflexos na súa obra que velan ou despistan; algo semellante ao que lle acontece a Charles Chaplin no Circo ( The Circus , 1927) ou a Orson Welles na Dama de Shanghai ( The Lady from Shanghai , 1947). Cal escoller? Son todos ou ningún? É imposible coñecer a totalidade da persoa, polo tanto, tampouco pódese abarcar a do artista, entendido este como quen crea un mundo de máscaras no que inclúe parte de si. Cal é o verdadeiro Welles? O do espello ou o das...

Impresión, simplificar textos

Impresión, simplificar textos Por Antonio Pardines “Impresión, sol naciente” (1872), el título de esta famosa obra pictórica de Claude Monet dará nombre al movimiento impresionista. Es uno de los cuadros de Monet que más me llaman e invitan a pensar, también a soñar más allá de las impresiones que el pintor traza en la obra. Me invita a hacerlo mío, a pensar en mi propio amanecer…    Hablando de impresión, a la luz del sol naciente, en la publicidad que me saltó por la mañana, en una red social en la que, como en esta u otra, comparto alguna cosa sin importancia, como puedan serlo algunos de mis pensamientos y de mis trabajos, leí un anuncio sobre una Inteligencia Artificial, no recuerdo cuál ni tengo interés en saberlo, porque lo que me impresionó e interesó fue que la empresa de turno animaba al consumidor a simplificar sus textos, ofreciendo a su potencial usuario un servicio gratuito, adjetivo este que, de no estar arropado por mi aceptación de que apenas somos dueños de n...

Yo, tú, él, ella (1974)

  En cine, dudo que haya habido mejor exhibicionista y mirón que Alfred Hitchcock, que era capaz de atrapar al público en la intimidad de personajes también atrapados en excepcionalidades que les liberan de la tediosa y represiva prisión de rutina que apunta en la pantalla o la insinúa, que todavía funciona mejor, pero de las que los saca para divertirse y divertirnos, aunque su idea de diversión sea la de hacer sufrir a sus héroes y heroínas y jugar con nosotros, y así llevarlos y llevarnos al límite. Para Hitchcock, todos somos mirones que niegan serlo, pero que se sientan en la sala, miran la pantalla, cual ventana indiscreta al mundo de otros, y observan vidas ajenas porque las suyas son más aburridas o les falta algo. ¿Quién no ha querido ser el heroico e inexistente George Kaplan o uno de los pájaros que se rebelan sin necesidad de un por qué ni un para qué? En ambos casos, ¿no se liberan?… Una prisión similar, pero más forzadamente pretenciosa, pedante y aburrida, que asume ...

Operación Plus Ultra (1966)

Si forzosamente tuviese que elegir algo destacado de Operación Plus Ultra (1966), que no lo encuentro, sería el “hacer” de José Luis López Vázquez dando vida a Rodríguez, el reportero encargado de cubrir la excursión que da pie al film; por su desparpajo, por su indudable capacidad para transmitir naturalidad a sus recreaciones. La presencia del periodista constata lo que se sabía desde el arranque, con el No-Do informando de un concurso que, sin decirlo, obedece a intereses y finalidad propagandísticas. Pero sin tanta propaganda y sin el abuso de tópicos y sensiblería, con  un tercio de metraje menos y un cuádruple de humor más, Operación Plus Ultra  podría haber sido algo así como un episodio de Historias de la radio ( José Luis Sáenz de Heredia , 1955), pero la película de Pedro Lazaga carece de la gracia, de José Isbert y del atractivo del film de Sáenz de Heredia . La historia que Lazaga  cuenta se inspira en la real del concurso que le da título, un programa qu...

Almanzor, gracias por su visita

La leyenda dice muchas cosas, la historia también. A menudo, ocultan y se confunden, cuando ya una quiere ser la otra, y la otra se convierte en qué. ¿En anécdota? ¿En exaltación? ¿En olvido? Se escucha que un caballo abreva en la pila de la catedral de Santiago o que un anciano ora y ante quien la mano del temible jinete y caudillo andalusí se muestra piadosa en ese santuario prerrománico. Era el segundo, el erigido en tiempos de Alfonso III el Magno, dicen que el más esplendoroso de la Hispania cristiana de la época, aunque pequeño, como sus campanas, que solo podemos imaginar tocar y la fantasía de verlas arrastrar. ¿Quién salva el sepulcro? ¿Quienes reconstruyen la ciudad? ¿Os acordáis de los sin nombre para la historia que lo construyeron? ¿Y de cuál era la realidad de entonces? Qué no os cuenten milongas, fantaseadlas y acudid a los libros, que, en ambos casos, resulta más entretenido y creativo que el tañido ensordecedor, el rayo cegador y las voces de ¡Al arma! Pongamos que, na...

Cuando Almanzor perdió el tambor (1984)

Durante el franquismo, sobre todo entre la segunda mitad de la década de 1940 y los primeros años de la siguiente, hubo una eclosión del llamado cine histórico, aquel del que era tan asiduo Juan de Orduña y aquel de cartón piedra que Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem caricaturizan en Esa pareja feliz (1951), su primer largometraje y un soplo de aire fresco para la pantalla española. En ese tipo de cine que bebe de la historia, salvo excepciones, concedía su protagonismo a personajes relacionados con las coronas de Castilla y de Aragón, es decir, con el periodo que se consideraba el esplendor castellano aragonés, aquel que comprende desde los reyes católicos hasta los primeros Austrias (Carlos y su hijo Felipe), que, aunque lograron construir el mayor imperio, también plantaron las semillas de la lenta agonía que los Borbones apuraron cuando accedieron al trono español. Sin embargo, eran biografías en las que la realidad histórica quedaba supeditada a la propaganda del régim...

Mi tierra, de Rosalía de Castro

Mi tierra, de Rosalía de Castro     A un tiempo, cual sueño que halaga y asombra, de los robles las hojas caían, del saúco brotaban las hojas.    Primavera y otoño sin tregua turnan siempre templando la atmósfera, sin dejar que no hiele el invierno, ni agote el estío las ramas frondosas.    ¡Y así siempre! en la tierra risueña, fecunda y hermosa, surcada de arroyos, henchida de aromas;    que es del mundo en el vasto horizonte la hermosa, la buena, la dulce y la sola; donde cuantos he amado nacieron, donde han muerto mi dicha y mis glorias.    De vuelta está la joven primavera; mas ¡qué aprisa esta vez y cuán temprano! ¡Y qué hermosos están prados y bosques desde que ella ha tornado!    Ha vuelto ya la primavera hermosa; siempre vuelve la joven y hechicera; mas ¿en dónde, decidme, se han quedado los que partieron cuando partió ella? Esos no tornan nunca, ¡nunca!, si es que nos dejan.    De sonrosada nieve, salpic...