Ir al contenido principal

Carlos Velo, un cine de raíces


Carlos Velo: un cine de raíces


Por Antonio Pardines


Pudo ser de los más grande documentalista de su tierra, pero la Guerra Civil precipitó que Carlos Velo fuese uno de los más destacados cineastas del cine mexicano, no en cuanto a la cantidad, sino por su contribución experimental y renovadora en noticiarios, documentales y en ficciones cinematográficas como Pedro Páramo (1966); así como en sus colaboraciones con directores tan dispares como Roberto Gavaldón, Fernando de Fuentes, Benito Alazraki, Luis Buñuel, Juan José Gurrola o Juan Ibáñez. Nacido en Cartelle (provincia de Ourense) en 1909, Velo tomó contacto con la fotografía y el cine en la ciudad de Ourense, filmando películas aficionadas junto al también futuro cineasta Antonio Román. Pero esta relación juvenil no influiría a ninguno de ellos, como corroboran dos filmografías muy diferentes.


El contacto serio de Velo con el cine se inicia durante su estancia en Madrid, a donde su padre le envía a cursar medicina y donde él decide estudiar biología. Allí, dirige un cineclub y, emulando a sus admirados Robert Flaherty y Joris Ivens, se inicia en el cine como documentalista en La ciudad y el campo (1934). Del periodo previo al conflicto bélico, todavía se puede disfrutar su maestría documental en films como Almadrabas (1935) y Galicia (1936), que realizó junto Fernando G. Mantilla, crítico de cine y su pareja profesional en siete cortometrajes rodados entre 1934 y 1936.



La derrota republicana en la guerra civil precipitó la salida del cineasta a un campo de refugiados francés y, posteriormente, pudo llegar a México, uno de los países de acogida de los exiliados españoles. Allí también llegaron Luis Alcoriza, José Miguel García Ascot o Luis Buñuel, con quien Velo colaboraría en Nazarín (1958) y a quien había enviado las hormigas que salen en Un perro andaluz (1929), entre otros exiliados que de algún modo contribuyeron a engrandecer una extraordinaria cinematografía como la mexicana.


Velo inició su periplo mexicano con noticieros para varias productoras, actividad que desarrolló entre 1946 y 1957. En 1947, regresaba al cine documental con Un día en la radio (1947); al que siguieron otros. Al contrario de Buñuel, que no creo escuela, debido a que su cine no puede tenerla al ser exclusivo de la mente del aragonés, Velo y su labor al lado del productor Manuel Barbechano Ponce fueron fundamentales en el cine del país norteamericano. Su asociación con Barbechano se inicia en 1953, y ya desde entonces destaca por su intención de renovar el noticiario. Al igual que los de Velo, los intereses de este productor independiente le guiaban hacia la realización de films arriesgados y de calidad —entre otras, produjo El gallo de oro (1964), a Roberto Gavaldón, Nazarín (1958), a Buñuel, las obras clave de Velo o los films de Jaime Humberto Hermosillo, María de mi corazón (1979) y Doña Herlinda y su hijo (1985).


Artísticamente y experimentalmente, la colaboración de Barbechano y Velo deparó un cine antropológico de calidad, nuevas posibilidades y, en el caso del productor, lanzarse a la coproducción en títulos como Los clarines del miedo (Antonio Román, 1958) y Sonatas (Juan Antonio Bardem, 1959), en las que Velo participó como consejero de producción. Producidas por Barbechano, Raíces (Benito Alazraki, 1953) —en esta película no aparece acreditado como director, solo el debutante Alazraki, aunque sí como supervisor de producción y guionista—, Torero! (1956) y Pedro Páramo (1966) son pruebas cinematográficas de la impronta del cineasta ourensano en el cine mexicano. Son tres films que van del realismo documental de los dos primeros al mágico, del tercero. Pero no se trata de una evolución sorprende o que surge espontánea, sino de la amistad y el contacto de Velo con los escritores Carlos Fuentes, García Márquez y Juan Rulfo, y que las tres películas citadas encajan en su intención de realizar un tipo de cine etnográfico, atento a las raíces y la cultura popular.




Comentarios

  1. Diría que vi "Torero" cuando estudiaba en la universidad y me pareció una gran película. Tengo pendiente revisar la filmografía de exiliados como Carlos Velo o Luis Alcoriza.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. “Torero” me gustó mucho; y “Almadrabas”, “Pedro Páramo” y “Raíces” me sorprendieron gratamente. De Alcoriza, tengo comentadas algunas películas suyas en el blog. “Mecánica nacional” me divirtió mucho y guardo buen recuerdo de “Tiburoneros” y “Tlayucan”.

      Saludos.

      Eliminar
  2. He oído hablar de Velo. Pero aún no vi nada suyo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...