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Now! (1965)


La Declaración de Independencia estadounidense señala “que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, pero ese “todos los hombres” en la práctica se interpretó de manera excluyente; o lo que sería lo mismo: no se incluía a las personas que continuarían sufriendo la esclavitud y la desigualdad en la nación recién nacida. En teoría, esta esclavitud llegaba a su fin con la Proclamación de Emancipación pronunciada por Abraham Lincoln en 1863 y la posterior ratificación de la Decimotercera Enmienda en 1865 —el último estado en ratificarla fue Misisipí, en 1995–, que se pronunció contra cualquier tipo de esclavitud en territorio estadounidense, pero la igualdad todavía no había llegado una centuria después. El 21 de febrero de 1965, Malcolm X moría asesinado, tres años más tarde, el 4 de abril de 1968, un disparo sonaba en el cielo de Memphis y Martín Luther King corría la misma suerte. Aunque sus discursos diferían, eran dos de los grandes líderes y referentes históricos y políticos del movimiento por la igualdad de Derechos Civiles de la comunidad afroestadounidense, una igualdad que tardaba en llegar, a pesar de su promesa centenaria.



En el cortometraje Now! (1965), uno de los documentales más famosos producidos en el ICAIC, el cineasta cubano Santiago Alvárez aborda el racismo institucionalizado en Estados Unidos. Lo hace en apenas seis minutos, el tiempo que dura la canción, interpretada por Lena Horne, cantante, actriz y activista por los derechos civiles. Alvárez emplea la voz de la cantante y la letra de la canción, que habla de que es el momento de que se cumpla la promesa de igualdad escrita en la constitución, como hilo conductor de fotogramas montados para ritmar con la música y formar el montaje que vemos y escuchamos en la pantalla, y que aboga por la igualdad racial al tiempo que expone en sus imágenes el enfrentamiento entre el sistema (y su fuerza policial) y los activistas que protestan en busca del cumplimiento de esa promesa que, poco a poco, empezaba a ser una realidad posible; algo que cien, cincuenta o diez años antes parecía un imposible. Pero si su mensaje político ha perdido vigencia, ya que la situación de la década de 1960 difiere de la actual, aunque todavía no se haya hecho realidad el sueño proclamado por Martin Luther King en algunos de sus discursos, las formas del film mantienen su atractivo en la agilidad del montaje sonoro-visual que combina la música y las imágenes, adelantándose en más de una década a los videos musicales que revolucionaron el audiovisual a finales de los años setenta y primeros de los ochenta (del siglo XX).




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