Carezco de plan promocional o de algo por el estilo, ni pretendo tener nada similar ni poseo las condiciones necesarias para llevarlo a cabo. Podría pasarme el día dando explicaciones que solo acumularían palabras y palabras, palabrería que reduzco a que no me gusta que me atosiguen con compra esto y aquello ni que deba hacerse un evento o una presentación, de lo que sea, en tal o cual lugar. Puesto que ya se publicita todo, incluso la privacidad, terreno fértil para las relaciones, el pensamiento, los sentimientos y las emociones, intentar promocionar una obra o a uno mismo significa casi nada; sobre todo para quien se autopublica siendo mínimamente consciente del mundo en el que vive. Entonces, para qué hacerlo, si no es por una cuestión de promoción, es decir, de ego y de la engañosa promesa de ventas. Lo primero lo tengo desde que me acepté como quien acepta cada día y lo segundo es un imposible para quien escribe en plena libertad y sin un respaldo editorial que incluya una promoc...