<<En mi inocencia no tenia la menor idea de lo que era Pathé Brothers. La única película que había visto era Asalto y robo de un tren en un cine de cinco centavos antes de morir ni madre, en 1903. Supe que el estudio Pathé se encontraba junto al río Hudson, en Union Hill, Jersey, y que tenía que coger un transbordador. Cuando llegué me entrevistaron y dijeron que me presentase a las ocho de la mañana del día siguiente…>>
Raoul Walsh: El cine en sus manos (traducción de Francisco Delgado). Ediciones JC Clementine, Madrid, 1998.
De hacer caso a las memorias de Raoul Walsh (El cine en sus manos, Each Man in His Time, 1974), a inicios del siglo XX este neoyorquino de origen irlandés se lanzó en busca de su lugar en el mundo. Primero ejerciendo de marinero en el barco de su tío y posteriormente como cowboy en suelo mexicano, donde aprendió a usar el lazo y a domar caballos, además de convertirse en un excelente jinete. Como consecuencia, Raoul Walsh condujo cabezas de ganado desde Veracruz hasta Texas, donde encontró trabajo como vaquero en un rancho que no tardó en abandonar para trasladar caballos a Montana, estado en el que desempeñó diversos oficios antes de regresar a Texas y dedicarse a la compra de monturas para el gobierno. Por casualidad, poco después, alguien le ofreció interpretar a un jinete en un espectáculo teatral basado en El hombre del clan —décadas después, Peter Bogdanovich emplearía esta anécdota para dar forma a una de las escenas de Así empezó Hollywood (Nickelodeon, 1976), película en la que Walsh y Allan Dwan participaron como asesores. De vuelta a su ciudad natal, el futuro responsable de Al rojo vivo (White Heat, 1949) no tardó en ser contratado por la Pathé Brothers, productora que buscaba gente que supiese montar a caballo y en eso, como llegaría a serlo en la dirección cinematográfica, Walsh era un maestro. Pero sus primeras interpretaciones fueron insuficientes para contentar a su inquieta personalidad, lo que, según él, le llevó a plantearse abandonar el mundo del cine, aunque, por fortuna para quienes disfrutamos con sus películas, David Wark Griffith le hizo cambiar de opinión, al contar con él para que formase parte de su aventura californiana. Walsh y otros pioneros se trasladaron allí y se encontraron en un espacio semidesértico donde apenas se sabía del nuevo medio visual, pero donde, gracias a los aventureros del celuloide como él, nació la que se convertiría en la mayor industria cinematográfica mundial.
Durante la filmación de su primer proyecto sonoro, también el primero rodado en exteriores naturales, Walsh sufrió el accidente automovilístico que casi le cuesta la vida y se cobró su ojo derecho, por lo que En el viejo Arizona (In the Old Arizona, 1929) tuvo que ser concluida por Irving Cummings. Este desafortunado incidente no impidió que continuase con su carrera artística, así pues, recuperado y resignado, se encargó de otro western exterior, de mayores dimensiones que el anterior, con el que sentó algunas de las bases del western de itinerario. Sin embargo La gran jornada (The Big Trail, 1930) tuvo una fría acogida y como consecuencia, durante la década que siguió, Walsh se mantuvo alejado de un género que La diligencia (John Ford, 1939) logró revivir y madurar, provocando un punto de inflexión dentro del mismo. En 1940 Walsh volvió a filmar una película del oeste: Mando siniestro (Dark Command, 1940), su segunda y última colaboración con el actor John Wayne, en ella se plantea una relación amorosa a tres bandas en tiempos de la Guerra de la Secesión, pero se trata de un film que dista de los grandes westerns que rodaría a continuación: Murieron con las botas puestas (They Died with Teir Boots On, 1941), protagonizada por su amigo Errol Flynn, narra desde una perspectiva aventurera la vida del general Custer; Perseguido (Pursued, 1947), western psicológico interpretado por Robert Mitchum y Teresa Wright; Río de Plata (Silver River,1948), de nuevo con Flynn como protagonista, o Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), revisión en clave de western de El último refugio (High Sierra, 1940) (otra de sus grandes aportaciones al cine negro). Los años cincuenta trajeron más películas del género, que le permitieron trabajar con actores como Gary Cooper en Tambores lejanos (Distant Drums, 1951), Kirk Douglas en Camino de la horca (Along the Great Divide, 1951), Rock Hudson en Historia de un condenado (The Lawless Breed, 1953) y Fiebre de venganza (Gun Fury, 1953), Alan Ladd en Rebelión en el fuerte (Saskatchewan, 1954) o su amigo Clark Gable, en Los implacables (The Tall Men, 1955) y Un rey para cuatro reinas (A King and Four Queens, 1956). Como consecuencia del sistema de estudios imperante durante aquellos años, muchos de sus westerns fueron realizados exclusivamente por cuestiones contractuales, pero la mayoría se caracterizan por presentar personajes condicionados por pasiones, emociones o ambiciones, siempre vistos desde la sencillez, el dinamismo y el talento narrativo de este grande de aquel Hollywood ya desaparecido que tuvo su último contacto con el género en la novela La ira de los justos.
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